Ampollas en Ciudadanos y Vox

Las dos formaciones desautorizan a sus agrupaciones locales en la elaboración de las candidaturas para Marbella

José María Esquerro, coordinador local de Vox/Josele-Lanza
José María Esquerro, coordinador local de Vox / Josele-Lanza
Héctor Barbotta
HÉCTOR BARBOTTAMarbella

Crisis de crecimiento, expectativas no cumplidas o simple desautorización a las agrupaciones locales. La presentación de las listas para las próximas elecciones municipales ha levantado algo más que ampollas en las agrupaciones locales de Ciudadanos y Vox, que vivieron durante la tarde del pasado lunes historias paralelas con varios elementos comunes.

Los resultados obtenidos por ambas formaciones durante las últimas elecciones celebradas, las autonómicas del pasado diciembre, han levantado interesantes perspectivas de cara a los comicios municipales, al situarse en la tercera y cuarta posición, respectivamente, como partidos más votados. Como suele suceder en las formaciones que súbitamente reciben un aluvión de personas interesadas en participar, y en algunos casos con expectativas de que la nueva marca permita acceder a un cargo público, las direcciones nacionales mantienen un estricto control a la hora de la elaboración de las listas. Algo similar ya se vivió en Podemos hace cuatro años. La formación morada, entonces en la cresta de la ola, decidió no acudir a las elecciones municipales ante la imposibilidad de controlar lo que sucediera en todos los municipios españoles.

En aquella ocasión, las municipales de 2015, Ciudadanos adoptó la misma decisión para Marbella. Ante los desajustes con la dirección local de entonces también optó por no acudir a las urnas. Aquello supuso la disolución de la agrupación local y la conformación del nuevo equipo, que ha estado encabezado hasta ahora por Francisco Gómez Palma. En esta ocasión, sin embargo, la situación era bien distinta y no presentarse en una plaza como Marbella no suponía para Ciudadanos un escenario a tener en cuenta.

Tanto para el partido naranja como para la formación de extrema derecha, partidos que nacieron con vocación de tener un papel decisivo en política nacional, la política municipal es de momento un ámbito de interés secundario. Así lo sugiere el escaso interés mostrado por la vida y la actividad de sus agrupaciones locales y la supeditación de toda la estrategia partidaria a las elecciones generales. Por ese motivo, el hecho de que el plazo para la presentación de candidaturas municipales concluyera seis días antes de las elecciones a Cortes y en plena recta final de la campaña supuso un serio contratiempo para la hoja de ruta trazada. Se sabía que habría caras largas y que era deseable evitar que el conflicto saliera a la luz.

Conscientes de que la imposición de candidatos por parte de ambas direcciones nacionales iba a levantar ampollas, los nombres de los aspirantes se mantuvieron en el más estricto secreto hasta última hora. Posiblemente, alguna decisión también fuese adoptada en una carrera contra el reloj.

En Ciudadanos hace ya meses que no se contaba con su coordinador general, Francisco Gómez Palma, y de hecho los responsables autonómicos de la organización llevaban tiempo buscando un otra cara para encabezar la candidatura. El nombramiento final de María García Ruiz, sin embargo, estuvo fuera de todo pronóstico y sólo comenzó a sonar el mismo lunes por la mañana tras descartarse otras posibilidades y no prosperar gestiones con otros posibles aspirantes. La decisión se tomó en Madrid y causó un grave disgusto a Gómez Palma, que mantuvo esperanzas hasta último momento, y a algunos de sus colaboradores.

También en Vox, una formación hermética, las listas llegaron confeccionadas desde Madrid y provocaron desazón en el coordinador local, José María Esquerro, que no se resignó ni aún después de que la noticia con la designación de Rosa Calvente Gil saliera en la edición digital de este periódico ya a última hora del lunes.

Ambos partidos se enfrentan ahora al escenario que querían evitar: el de graves desavenencias internas sacadas a la luz a cinco días de la cita con las urnas. No se descarta que el malestar se traduzca en los próximos días en declaraciones públicas o incluso impugnaciones ante la Junta Electoral. Quedan cinco días y los esfuerzos se centrarán ahora en evitar escándalos públicos..