Abuelas y maestras

La abuela María supervisa la masa de los roscos. :: charo márquez/
La abuela María supervisa la masa de los roscos. :: charo márquez

La Escuela de Hostelería de Estepona convierte a las abuelas en profesoras de pasteles típicos de Semana Santa

CHARO MÁRQUEZ ESTEPONA.

Están acostumbrados a la bollería industrial y la mayoría desconoce lo que es un pestiño o una torrija. Pero si alguien sabe cómo endulzar a un niño, esas son las abuelas. En la Escuela de Hostelería de la Costa del Sol de Estepona han organizado un taller para que los pequeños conozcan cómo se elaboran algunos dulces típicos de la Semana Santa y para ello han contado con las expertas en la materia, las abuelas.

María (74 años) y Pura (76) están acostumbradas a hacer estas recetas en casa, en silencio. Pero hoy están rodeadas de una treintena de niños que no paran de preguntar qué deben hacer con los ingredientes que les han dejado.

Los alumnos han aprendido a hacer tres dulces típicos de Cuaresma y Semana Santa: las torrijas, los pestiños y los rosquillos. Y el primer paso es elaborar la masa. Sin duda ha sido el momento más divertido. En pequeños grupos han comenzado a amasar. «Esto es como un 'slime' comestible» comenta Laura mientras su amiga María lanza una bola por el aire. «Con las cosas de comer no se juega», le regaña Pura. Mientras su colega, la abuela María, advierte a los alumnos que «no se puede comer la masa cruda porque os va a doler la barriga».

Los niños elaboraron más de 400 pestiños, 400 roscos y 150 torrijas

Los roscos son fáciles de hacer. Basta con extender un trozo de masa como un rulo, a modo de plastilina, y unir los extremos «Tened cuidado con que las puntas queden bien pegadas porque si no, se abrirán al echarlos al aceite y quedarán como un cuerno más que como un rosco», anuncia María, doctora en esta materia.

La abuela María se extraña de que los niños desconozcan ingredientes esenciales y básicos o que no sepan manejarse en la cocina. «Yo desde pequeña hacía estos dulces y el pan en el horno de leña», recuerda con nostalgia.

La cosa se complica con los pestiños. Pura es en este caso la maestra. «Hay que hacer una bola, aplastarla y extenderla a modo de torta y luego cerrar dos extremos para conseguir la forma típica de este dulce», explica con paciencia. «¿Y que vamos a hacer con estos dulces? ¿Nos los vamos a comer?» pregunta un alumno hambriento.

Para terminar, trabajo en cadena en la elaboración de torrijas. Unos las mojan en leche y otros en huevo. Mientras tanto, las sartenes en la cocina no dan abasto a tanto producto.

Más de 400 roscos, otros tantos pestiños y 150 torrijas ha dado como resultado este taller. Eso sí con mil formas y tamaños distintos. Repartidos en 30 bandejas que los participantes se llevarán a casa para presumir de reposteros, y sobre todo, para comérselos con la familia.

Cristina Matos, directora de la escuela, explica que el objetivo del taller es «mantener la tradición de la gastronomía típica de la Semana Santa y dar protagonismo a la sabiduría de nuestros mayores». Desde la dirección anuncian que organizarán un taller similar para adultos, pues han sido muchos los que se han interesado por asistir como alumnos.