Turco, un seguro de vida para Tato

Tato y el adiestrador Sergio Moya, en Nagüeles, junto a Turco. /
Tato y el adiestrador Sergio Moya, en Nagüeles, junto a Turco.

Adiestran a un perro para avisar de las subidas y bajadas de azúcar de un niño con diabetes

NIEVES CASTROMarbella

El páncreas de Tato dejó de producir insulina hace cuatro años y medio sin que los pediatras del Hospital Costa del Sol fuesen capaces de explicar la causa a sus padres. Al niño, que el pasado mes de diciembre cumplió 8 años, le fue diagnosticada una diabetes tipo 1. En aquel momento todo cambió para esta familia de Marbella, desde entonces siempre pendiente de los niveles de azúcar del pequeño. La calidad de vida de este hogar ha empezado a ganar enteros desde que hace apenas unas semanas adoptaran a Turco, un perro de agua que está siendo adiestrado para detectar y avisar de las subidas y bajadas de azúcar que sufra Tato a lo largo de los años.

La iniciativa se circunscribe a un programa piloto desarrollado por Marbella Canina, concretamente por el presidente de la asociación, Sergio Moya, adiestrador profesional que integra operativos de búsqueda de personas y que de forma totalmente altruista está educando a la mascota para el pequeño Tato, que se convierte así en el primer propietario de un perro de alerta médica en Marbella

En España no existe un registro oficial del número de canes entrenados para detectar mediante el olfato cambios químicos en las personas a las que acompañan y avisan. Concretamente, hay animales adiestrados para la detección de determinados tipos de cáncer, diabetes o epilepsia. No obstante, el presidente de Marbella Canina explica que, según la información que intercambian las distintas asociaciones, en el país sólo se contabilizan una treintena de perros de alerta médica.

Las noches son los momentos más críticos en la vida de Tato porque las descompensaciones son más difíciles de reconocer. Así que desde que le diagnosticaron la diabetes sus padres pasan buena parte de las noches velando el sueño del menor, vigilando que una bajada de azúcar no comprometa la salud del pequeño. «Tengo unas ganas locas de que el perrillo empiece a marcarnos cuando el niño esté bajo. No coger a tiempo una hipoglucemia puede acarrear problemas muy importantes, incluso inducir un coma», asegura Torcuato Germán Pérez, Tato padre, que es, además, vocal de la Asociación de Diabéticos de la Costa del Sol (ADISOL).

El adiestrador confía que en seis meses el perro empezará a marcar de manera fiable las bajadas y subidas de azúcar del niño «como en cualquier otro entrenamiento basado en el olfato». Avisará ladrando. ¿Qué gana Tato con este marcaje activo? Tiempo. El niño o sus padres cuentan con margen de reacción para medir los niveles de azúcar y tomar las decisiones necesarias: regular los niveles mediante la administración de insulina o ingiriendo un simple zumo. De esta manera el chivato de Turco evitará que su dueño sufra picos extremos. «Hay que entender que es un perro y puede fallar, pero en cierta manera su presencia va a normalizar la vida de mi hijo», explica el progenitor. Se estima que un perro es capaz de marcar tanto hipoglucemias como hiperglucemias, es decir, bajadas o subidas de azúcar, con una antelación de 20 minutos.

Asociaciones caninas piden que la ley regule esta figura

Asociaciones caninas de España están batallando en todos los niveles de la administración (nacional, autonómica y local) para que las leyes regulen la figura de los perros de alerta médica. Así lo confirma el adiestrador y presidente de Marbella Canina, Sergio Moya, que se queja de las trabas que encuentran los dueños de estos tipos de canes, que no gozan del mismo amparo legislativo ni consideración que los perros lazarillo. «Desde Marbella Canina estamos luchando para que se modifique la ordenanza municipal que impide que el perro de alerta de diabetes que estamos adiestrando para Tato entre en un parque, en un autobús o en una zona de juego infantil», explica Moya. A nivel autonómico la normativa no es mucho más generosa, al regular sólo la presencia de perros en lugares públicos para personas invidentes.

Turco es ya la sombra de cuatro patas de Tato. Bajo la supervisión de Moya el perro ha comenzado un programa de entrenamiento ad hoc y diario en el que se le dan a oler muestras de sudor y saliva del niño para enseñarle a marcar cuando los niveles de azúcar lleguen a determinados valores. «Al perro le enseñamos a que tenga una respuesta ante un olor determinado. En realidad él no sabe si es una subida o una bajada. Simplemente ese olor de referencia que nosotros hemos creado en el perro es el que va a hacer que active el marcaje que le hemos dicho que tiene que hacer», indica Moya.

El aprendizaje se realiza a través del juego y el refuerzo positivo, con ejercicios cortos y consecutivos que se desarrollan en la calle pero también de forma muy importante en la vivienda del niño para que el perro aprenda a asociar y desasociar olores, por ejemplo, la combinación de colonia y sudor de su amo, y que así no haya errores. El entrenamiento se perpetuará durante toda la vida del animal con sesiones cada vez más distanciadas en el tiempo.

Los entrenamientos de alerta médica no son servicios baratos. Los educadores cobran 6.000 euros o incluso más por este tipo de programas. En el caso de Turco el adiestramiento está siendo gratuito después de que Moya presentara el proyecto como un piloto a ADISOL.

Tato padre reconoce que su hijo lleva dándole «la brasa» años con tener un perro, pero no fue hasta hace tres cuando una amiga le habló de estos perros especialmente entrenados para detectar la diabetes. Un asunto al que empezó a darle vueltas y que finalmente Moya está llevando a puerto. «Tuvimos suerte de que Sergio contactara con nosotros. Nos desplazamos con él a un criadero en Ubrique (Cádiz) donde seleccionó a Turco de una camada de cuatro cachorros. Y tuvimos la suerte también de que, además, nos regalaran el perro al enterarse de que iba a ser entrenado para alerta médica», relata Tato padre.

El entrenador de Turco explica que los perros de alerta para diabetes tienen que ser adiestrados de forma específica para cada persona. No se puede entrenar un perro genérico, pero en teoría cualquier raza si valdría para ello. Moya cuenta que seleccionó a Turco por ser un cachorro juguetón, por su alto nivel de concentración y capacidad olfativa. Tres cualidades que convierten a esta mascota en un seguro de vida peludo para el pequeño Tato.