La crisis en Rusia frena el crecimiento del mercado de mayor potencial en la Costa del Sol

Profesionales rusas en la feria turística de Moscú este año /
Profesionales rusas en la feria turística de Moscú este año

La depreciación del rublo frente al euro paraliza inversiones, crea problemas a los residentes y abre un periodo de incertidumbre en el turismo

HÉCTOR BARBOTTAMarbella

Inversiones paralizadas en el sector inmobiliario, problemas para las familias que viven de las remesas que llegan desde su país de origen, incertidumbre en los hoteles de cara al próximo verano. La neumonía que sufre la economía rusa amenaza con provocar algo más que un serio catarro en la Costa del Sol. En los últimos años el litoral de la provincia de Málaga ha sido un espejo en el que reflejaba todo su brillo la fortaleza con la que crecía la economía en el joven capitalismo ruso. En Marbella y su entorno, ruso podía utilizarse casi como sinónimo de 'rico', pero el sueño de la irrupción de un mercado de extraordinario poder adquisitivo y de un potencial de crecimiento que parecía difícil de predecir en toda su dimensión amenaza con interrumpirse abruptamente.

La semana pasada la cotización del rublo frente al euro y el dólar sufrió una depreciación tan grande que obligó al Ministerio de Finanzas ruso a vender divisas para defender a su moneda, y aunque al final de la semana hubo un repunte, la moneda rusa amenaza con acabar 2014 con la mitad del valor que tenía al inicio del año. Las consecuencias ya se están dejando sentir en la Costa del Sol.

Desembarco

El desembarco ruso en el litoral español, y especialmente en la provincia de Málaga, fue explosivo en el último lustro, y abarcó diversos segmentos de la economía de la provincia. El peso del país más extenso del mundo no sólo se notó en el turismo convencional, con oleadas de visitantes especialmente en temporada alta y sobre todo en hoteles de gama alta, sino también en inversiones inmobiliarias y en familias, generalmente de alto poder adquisitivo, que elegían la Costa del Sol para establecerse. Por eso, la crisis que atraviesa la economía rusa resulta una amenaza más allá del turismo. Y es algo más que una posibilidad. El presidente Putin ya anunció el pasado viernes que el país entrará en recesión durante 2015.

En los hoteles es donde la incertidumbre es más acusada. Ya a comienzos de este año, cuando el conflicto de Crimea desencadenó una crisis diplomática entre Rusia y Estados Unidos en la que la Unión Europea se alineó con el país norteamericano, el crecimiento exponencial que venía experimentando el mercado ruso experimentó un frenazo en seco. Frente al crecimiento que había exhibido durante 2013, de más del 20 por ciento en algunos hoteles de Marbella, ofreció descensos situados en torno al 10 por ciento.

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Ya por entonces, desde algunos sectores empresariales ligados al turismo se advirtió de que las sanciones comerciales con las que Europa y Rusia se atacaron mutuamente podría ocasionar daños colaterales en la Costa del Sol. Ahora, la perspectiva es aún más pesimista, ya que no se trata sólo de un conflicto diplomático con probables consecuencias en torno a la concesión de visados o a las dificultades para sacar dinero del país, sino a una depreciación del rublo que hunde la capacidad adquisitiva de un turista con bien ganada fama de generoso a la hora de gastar y de inversores con reputación de buenos pagadores.

María Antúnez, del grupo Fuerte Hoteles y responsable de Aehcos en Marbella, explica que aunque aún es pronto para vaticinar cómo va a afectar el desarrollo de la crisis, ya que el mercado turístico ruso es esencialmente de temporada alta, es seguro que tendrá repercusiones que no serán positivas.

Primavera

También desde el hotel Don Carlos, un establecimiento que trabaja en el segmento de lujo, advierten de que hasta la primavera no se podrá hacer una previsión certera acerca de las consecuencias de la crisis, aunque también reconocen que los augurios no son buenos.

En los últimos años, el turismo ruso dio un baño de optimismo a la Costa del Sol. Al comienzo, porque pese a tratarse de un mercado minoritario se nutría de un tipo de cliente con gran capacidad de gasto, que no se recataba a la hora de consumir tanto dentro como fuera de los establecimientos. Y posteriormente, porque dejó de ser un país emisor de escaso número de visitantes para transformarse en uno de los fundamentales, especialmente en el segmento de alta gama. En algunos hoteles de gran lujo de Marbella, los rusos constituyen ya el segundo mercado en importancia, sólo por detrás de los británicos, lo que ofrece una muestra de la importancia cuantitativa y cualitativa que ha alcanzado. Además, al tratarse de un país con más de 140 millones de habitantes, su potencial crecimiento como mercado podría acercarla en un plazo no muy largo a la importancia de los dos grandes gigantes europeos emisores de turistas: el Reino Unido y Alemania.

Toda esta potencialidad se ve ahora frenada por la crisis originada en la caída del precio del petróleo en un país que ha basado todo su crecimiento en el presente siglo en el monocultivo de la explotación de sus recursos energéticos.

En ello incide Fernando Al-Farkh, director del hotel Los Monteros, quien resalta que el crecimiento exponencial que ha tenido el mercado ruso en los últimos años lo sitúa esencialmente como un mercado de futuro. Al-Farkh señala que aunque de momento no se notan las posibles repercusiones habrá que esperar a abril o mayo, época en la que comienzan a realizarse las reservas la mayor amenaza reside sobre todo en la caída del rublo, ya que muchos operadores ya han cobrado a sus clientes en esa moneda, pero deberán pagar a los hoteles españoles en euros. Y tendrán grandes dificultadas para hacerlo si la depreciación de la divisa rusa continúa. «El ruso es un buen cliente -explica-, gasta mucho y paga sin problemas, hay que cuidarlo». Por eso, advierte de que más allá de las cuestiones geopolíticas y de su pertenencia a la Unión Europea, España no debe perder de vista cuáles son sus intereses comerciales.

No se trata sólo del turismo. El abogado Ricardo Bocanegra, presidente de la Asociación de Residentes Extranjeros en la Costa del Sol, especializado en temas de extranjería y recientemente condecorado por el gobierno de Putin por su contribución a las buenas relaciones entre ambos países y por su trabajo de asesoramiento a los ciudadanos rusos que se instalan a vivir en la provincia de Málaga, resalta que la repercusión de la crisis no se dejará notar sólo en la probable bajada del número de turistas, sino también en las dificultades para los ciudadanos rusos que residen sobre todo en Marbella y su entorno.

Dificultades

El perfil de muchos de estos residentes es el de mujeres que se instalan en la costa de Málaga con sus hijos mientras los maridos, la gran mayoría empresarios, continúan con sus negocios en Rusia, viajan esporádicamente y envían remesas de dinero a sus familias. Se trata, por lo general, de usuarios de los colegios internacionales que se reparten en el litoral de la provincia y que cuentan también con seguros médicos privados. La depreciación del rublo, sumada a las restricciones a la hora de sacar dinero de su país para remitirlo a España -muchos bancos rusos aducen desde el inicio de la crisis que no disponen de euros- empiezan a poner a estas familias en una situación de dificultad. Ya hay quienes comienzan a tener problemas a la hora de renovar sus permisos de residencia por esas dificultades económicas.

Y existe también una tercera amenaza relacionada con la anterior. La comunidad rusa ha sobresalido en los últimos años por su contribución al repunte del sctor inmobiliario. Sin embargo, en este aspecto Bocanegra subraya que en los segmentos más altos las dificultades que atraviesa Rusia se pueden traducir en una oportunidad para la Costa del Sol. «Hay muchos rusos que quieren asegurarse el futuro, y si advierten dificultades en su país, Marbella es un lugar seguro para invertir. Desde ese punto de vista se puede dar un mensaje de optimismo».

En relación al sector inmobiliario, el director general de La Zagaleta, Jacobo Cestino, explica que desde hace seis meses se ha notado un ligero descenso en la demanda por parte de inversores rusos debido a la restricción de salida de capitales.

En relación a la caída del rublo, Cestino afirma que es muy pronto para extraer conclusiones. No obstante, las previsiones son que las inversiones inmobiliarias de alta gama no se vean afectadas. «Quien invierte en un vivienda de diez millones de euros en La Zagaleta, es porque suele poseer un patrimonio diez veces superior». Esta crisis, como todas, no afectará a todos por igual.