Un malagueño, con la selección camboyana de natación

Un malagueño, con la selección camboyana de natación

Alvaro Banderas, que reside en el país, entrena cada día con el equipo nacional

SUR.ESMÁLAGA

Álvaro Banderas, un malagueño que se gana la vida en Camboya con clases de inglés en un instituto y de español para los empleados de una agencia de viajes, es también un experto nadador. Es un espíritu inquieto y no sabe cuánto tiempo más permanecerá en el país. Pero mientras esto llega, no quiere perder la oportunidad de compartir experiencias con sus nuevos vecinos y disfrutar del deporte, otra de las cosas que le apasiona. Por ello, solicitó entrenar con el equipo, le hicieron una prueba y ahí está. Esta es su historia en primera persona:

Entrenar cada día con la selección nacional de natación de Camboya es una más de las extraordinarias experiencias que estoy teniendo la oportunidad de vivir aquí en el Sudeste Asiático. Mi periplo con la élite del deporte camboyano comenzó hace un par de meses. Se me ocurrió la idea y a pesar de que hubo amigos extranjeros que me decían que eso era imposible, yo decidí, como siempre, guiarme por mi intuición y no por las opiniones de los demás. Y acerté.

Tras hablar con los responsables del equipo y contarles mi currículum deportivo, me invitaron a probar con ellos. Una vez que comprobaron que daba el nivel, me dijeron que estarían encantados de que fuera todos los días, y yo, sin pensármelo dos veces, acepté el reto.

Soy el único extranjero que entrena con ellos y a mis 38 años doblo en edad a la mayoría de los integrantes, pero me han acogido como si fuese uno más y yo participo de los entrenamientos con la misma ilusión que cuando era adolescente. Son personas maravillosas y muy accesibles, y eso que son estrellas mediáticas en su país, no en vano algunos de mis compañeros nadadores son de los pocos atletas olímpicos en la historia de Camboya, aunque hablando y compartiendo vestuario con ellos nadie lo diría pues rebosan humildad y simpatía por los cuatro costados.

Además, los entrenadores me ofrecieron que me encargase de llevar a los chavales más jóvenes y eso llevo haciendo desde hace un mes, poniéndoles planes de entrenamiento y enseñándoles distintos ejercicios de técnica. Y lo que más me satisface es que, además de natación, estoy voluntariamente transmitiéndoles valores de compañerismo, disciplina, les animo a que sigan por la senda de la buena alimentación, vida sana, desarrollo intelectual, etc., y ellos absorben esa información como esponjas, prueba de ello es que incluso han venido algunos padres a darme las gracias en persona. Para mí no hay mayor satisfacción que estar teniendo un impacto positivo, por muy pequeño que sea, en la vida de estos chavales.

Camboya me ha aportado muchísimo pero este regalo de estar sintiéndome un integrante más de la selección nacional de natación y aportar mi granito de arena al desarrollo de los jóvenes es la guinda.

Entrenamos una hora y media diaria, entre 3.500 y 4.000 metros por sesión y combinando todos los estilos aunque predominan el crol y la mariposa. Lo hacemos en el emblemático estadio olímpico de Phnom Penh, el mismo que desde 1975 a 1979 fue utilizado por Pol Pot y los jemeres rojos como lugar de reuniones y de paradas militares. Durante aquellos fatídicos años se ordenó un éxodo masivo de las ciudades al campo, convirtiendo Phnom Penh en una ciudad fantasmagórica. Solo el mencionado estadio olímpico, la prisión de Tuol Sleng y unos pocos edificios oficiales más estaban habitados.

Anécdota

Respecto a la cultura del país, os cuento una anécdota que refleja grosso modo como de tradicionales son las mujeres camboyanas:

En los entrenos me sorprendía que los estiramientos los hiciesen siempre al principio. En ese momento todavía no hay nadie en las gradas de la piscina pues es al cabo de un rato cuando los asientos se van poblando y no exagero si digo que cada tarde vienen a vernos unas cien personas. Pues bien, una de mis propuestas fue que los estiramientos se hiciesen al final, después de nadar, pero noté que las nadadoras se mostraban reacias. Una de ellas me reconoció entre risas que les daba vergüenza que el público las viese en bañador, además de que en la cultura Khmer no estaba bien visto que una chica luzca palmito con tan atrevido atuendo. Pero ante la importancia de estirar después de nadar, decidieron ponerse una toalla como pareo atada a la cintura y de este modo hacer los estiramientos sin pudor.

Alvaro Bandera relata historias como esta en el blog que escribe en SUR, titulado 'Pensamiento indendiente'

 

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