KERMIT, más allá del litoral

El grupo malagueño presenta “Litoral”, un viaje melancólico lleno de poesía, luz y belleza

JAVIER ACEDOMÁLAGA
El grupo presentó su segundo disco. :: J. Acedo/
El grupo presentó su segundo disco. :: J. Acedo

La noche era propia para vestirse de gala porque la velada prometía. KERMIT, uno de los grupos con mayor proyección musical de Málaga, presentaba Litoral, su segundo disco, una obra conceptual dedicada a la famosa revista malagueña de literatura y poesía de igual nombre.

El sitio también tenía su importancia, el auditorio Edgar Neville, otro elemento más que daba cierto empaque al evento y que, a primera vista, podría poner las espadas en alto al grupo ante el hecho de jugar en casa, dado que, para los buenos artistas, la autoexigencia por hacer las cosas bien hechas aumenta al tener delante a los de tu tierra.

Pero KERMIT afrontó el reto y nos proponía un concierto memorable, de los que dejan sonidos para el recuerdo sin ninguna duda.

Comenzaron a modo de precalentamiento con un repaso a varios temas de su primer disco y debut, Autoficción. La triada Man samhita, Cocaine y Sea green formaba un bloque sonoro compacto, con un sonido de guitarras expansivo lleno de pinceladas jazz, post-rock y arrebatos de psicodelia de tintes oscuros, avanzadilla de lo que vendría después.

Partiendo de una introducción a modo de spoken word de la mano del poeta malagueño Raúl Díaz Rosales, autor de varias letras del disco, KERMIT iba desgranando una a una las distintas canciones que forman Litoral.

Comenzando con 1926 y su sonido post-rock ambiental y contundente a la vez, se sucedieron Samhain, con su esencia al Morricone más cinemático y jazzístico junto a la voz sampleada de Allen Ginsberg, la anarquía ordenada del free jazz gracias a una inmensa batería en Circumpolares y We tripantu e Ingeborg y su psicodélico teclado arabesco aportando la nota andaluza a su música.

Ya en el tramo final, apareció Magnitizdat, tema que, para el que suscribe, es la gran joya del disco y que, desde ya, se puede colocar en puesto de honor dentro del cancionero del grupo. Todo un viaje hipnótico que comienza a ritmo de krautrock y que se expande a múltiples caminos que van desde el post-rock hasta el free jazz de John Coltrane.

Y todo ello para culminar con 1927, tema en el que los distintos miembros del grupo demuestran su carácter multiinstrumentista, donde uno de los guitarras se traslada a la batería y dejando al batería tocar el saxo, cerrando así un círculo musical perfecto a ritmo de evocador jazz melancólico, nocturno y urbano, acompañado de las palabras del escritor chileno Roberto Bolaño.

La noche ya se había convertido en perfecta. KERMIT había superado la prueba con un sobresaliente muy alto a la hora de llevar al directo su disco. El público, que al principio estaba un poco frío, quizás por el lugar del evento un auditorio siempre ha tenido su cierta seriedad -, acabó disfrutando al 100% de la propuesta musical de KERMIT.

Y el grupo nos lo agradeció con efusividad y contundencia en un bis donde rescató dos temas de su debut, Karate y Aicnelav, ejecutados de forma abrasiva, demostrando que todavía les quedaba energía para más y rubricando una noche donde post-rock, jazz y poesía se unen a través de KERMIT en un viaje sonoro con el objetivo de, como rezaba uno de los versos de 1926, trascender el sentido y la belleza para seguir viajando más allá del litoral.

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