Palodú toca el cielo de la alta gastronomía: «La estrella no va a cambiar nada, sólo hará que trabajemos con más ganas»
Cristina Cánovas y Diego Aguilar se muestran agradecidos y abrumados tras recibir su primera estrella Michelin once años después de iniciar su proyecto empresarial
Fueron prácticamente los últimos en abandonar la gala del pasado martes. Se marcharon tan tarde que hasta se quedaron sin la estatuilla del Bibendum con ... la que Michelin obsequió a todos los asistentes. Pero la ocasión lo merecía: conseguir la primera estrella obligaba a celebrarlo por todo lo alto. Cristina y Diego, Diego y Cristina, los creadores de la cocina dual de Palodú, han ascendido a la élite de la alta gastronomía al conseguir el único reconocimiento que este año ha sumado la provincia. Gracias a su trabajo y talento, Málaga ha sumado un nuevo galardón y ya alcanza las doce estrellas (cuatro de ellas en la capital).
Horas después de terminar la gala y la fiesta posterior, con cara de sueño y felicidad a partes iguales, atienden a SUR en su restaurante ubicado en pleno Centro Histórico antes de brindar con quienes le han aupado al estrellato: su equipo, familia, amigos y clientes. Aún no han bajado de la nube y reconocen que se encuentran un poco de los nervios. «Todavía estamos que no sabemos ni lo que ha pasado». También se sienten abrumados por todo el cariño que han recibido desde que Jesús Vázquez (el presentador) dijera sus nombres en el auditorio. «En ese momento sólo escuchamos Palodú y nada más; y después hemos visto vídeos de que se levantó todo el mundo. Es una emoción muy grande», explica Cristina Cánovas.
Por eso, de entre todas las cosas buenas que están viviendo, se quedan con el cariño recibido, por la cantidad de mensajes, llamadas, besos y abrazos que les han dado. «Nos han dicho que disfrutemos del momento y que lo pasemos bien porque algo así sólo ocurre una vez», añade la chef. «Estamos intentando contestar a todos porque es una locura, es una locura. Imposible, vamos», puntualiza Diego Aguilar.
Málaga cuenta con doce estrellas Michelin tras el galardón de Palodú
En el capítulo de agradecimientos se acuerdan especialmente de la escuela de hostelería de La Cónsula (»gracias a ellos estamos aquí») y de todos los compañeros de profesión que les han animado y acompañado en este camino. En especial lo hacen de Marcos Granda, propietario de Skina (2*) y Nintai (1*), al que consideran su maestro. «Ha estado siempre con nosotros; yo le he preguntado 20.000 millones de cosas y nos ha ayudado muchísimo», resume Cristina.
Ya aterrizando en el futuro inmediato, esta pareja de jóvenes cocineros se muestra muy ilusionada porque «una estrella te pone en el foco, hace que la gente te quiera conocer y venir a ver qué es lo que hacemos». En su caso no son simples palabras, ya que antes incluso de que se bajaran del escenario empezaron a llegar las primeras reservas. «Yo no quería ni mirar el teléfono, pero mi hermana, que estaba con nosotros, me decía 'no paran de entrar reservas'. Es increíble», añade la talentosa chef.
Creen que la estrella «te pone en el foco, hace que la gente te quiera conocer»
¿Y a partir de ahora, qué? Ambos aseguran que no van a cambiar nada. «Nos han dado una estrella con lo que tenemos y vamos a seguir manteniendo lo que tenemos», dice Cristina. «No va a cambiar nada, sólo va a hacer que queramos trabajar con más ganas y hacerlo cada vez mejor», completa Diego. Como mucho seguirán incorporando platos nuevos por el cambio de temporada, tal y como venían haciendo de forma habitual.
Los niños de La Cónsula
Como anteriormente comentaban, ambos son niños de La Cónsula, escuela de hostelería en la que se han formado y que les ha ayudado a sentar las bases de lo que hoy son. Cristina se apuntó por su gran pasión por la cocina, heredada de su madre y su abuela, y Diego casi por tradición familiar, ya que su padre tenía un restaurante en Campillos y prácticamente se había criado en él.
Cristina y Diego se acuerdan de La Cónsula y de los compañeros
Ambos se conocieron y empezaron a unir sus destinos en el restaurante marbellí El Lago, que por aquel entonces contaba con una estrella Michelin. Allí comenzó a hacer prácticas Cristina y, casualidades de la vida, Diego era su responsable. Desde entonces no se han separado.
Tras pasar por diferentes cocinas, como las de Tragabuches (Ronda), Mugaritz (Guipúzcoa) o Tickets (Barcelona), decidieron volver a casa y emprender en solitario. En 2014 crearon Palodú, un restaurante de cocina tradicional con una visión de alta cocina. Se establecieron inicialmente en Teatinos, donde comenzaron a acaparar las primeras miradas y recibieron una merecida distinción como restaurante recomendado por Michelin.
«Nos han dado una estrella con lo que tenemos y vamos a mantenerlo»
Pero ellos querían más. El modesto local en el que estaban en la calle Carril del Capitán se les había quedado pequeño y decidieron dar el salto al Centro Histórico a finales de 2023, donde montaron el restaurante de sus sueños. Les surgió la oportunidad de un local de 200 metros cuadrados en la calle Sebastián Souvirón y comenzaron a soñar a lo grande. Y a lo alto. Tanto que ahora acaban de tocar el cielo de la alta gastronomía.
Dos menús degustación con respeto máximo al producto
La de Palodú es una cocina de mercado con máximo respeto al producto. El nuevo restaurante con estrella Michelin es un lugar en el que disfrutar de una comida andaluza reinterpretada bajo la calidad creativa y culinaria de Cristina Cánovas y Diego Aguilar.
La pareja de chefs ofrece en su restaurante dos menús degustación que van cambiando según temporada y mercado. El corto, llamado Alcazul, tiene un precio de 110 euros (con opción de maridaje por 65), e incluye una secuencia de aperitivos compuesta por gazpacho verde con yuzu kosho (condimento japonés a base de yuzu y pimiento chile), cristal de maíz con pollo y miso negro, y taco de hierbas con pargo, nori (alga marina) y tobiko (hueva de pez volador). En los pases principales: jurel con ajoblanco y codium, lengua de vaca con tártara de kéfir, gamba blanca con pollo y limón fermentado, pimiento asado con caramelo y cebolleta, tempura con yema y papada, cordero con apiobola y salmonete con gazpachuelo, un clásico que les acompaña desde hace años. Como postre, tomate con queso de cabra y bizcocho con yuzu, miso y palodú.
Por su parte, el menú largo, denominado Palodú, tiene un precio de 130 euros (con maridaje por 75) y repite los mismos platos de Alcazul, añadiendo dos más entre los principales: puerro, miel y ceniza, y merluza con naranja y aceituna aloreña, otro plato que apela a las raíces malagueñas. En la parte dulce, también cuenta con una elaboración adicional: chocolate, azafrán y sal de naranja.
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