El fin a siete años de un Málaga al filo del alambre con Al-Thani

Desde que en 2012 el jeque dio el paso atrás, el club se había sostenido con los ingresos de la Champions y las ventas. En cuanto él empezó a gestionar, llegó el desastre

El fin a siete años de un Málaga al filo del alambre con Al-Thani
Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS

La bochornosa jornada vivida ayer por el Málaga y, sobre todo, el grave deterioro de su imagen por el fiasco con Okazaki (especialmente) y José Rodríguez no son más que el fin a siete años vividos al filo del alambre. Exactamente desde que en junio de 2012 su presidente, Abdullah Al-Thani (jeque de nacimiento, como todos sus hijos, por su vínculo familiar al emir de Catar), dio el paso atrás y dejó a la entidad clasificada para la previa de la Champions, pero a los pies de los caballos, con fichas inasumibles y una deuda desbocada. Desde entonces, durante estos siete años, el club se ha sostenido gracias a los ingresos de la Champions y a los numerosos traspasos (desde Cazorla a Ontiveros), pero, sin duda, desde que el propietario comenzó a ejercer de gestor con mando a distancia y a golpe de 'tuit' llegó el desastre.

Porque en 2012, después de que el Málaga consiguiera por méritos deportivos la cuarta plaza en la Liga y por las gestiones de Fernando Hierro la deseada 'licencia UEFA', el club estuvo a punto de ser regalado al primero que pasó por delante. Al-Thani se desentendió y mandó a un 'liquidador', Moayad Shatat (así lo reconoció este posteriormente). El paso al frente de Manuel Pellegrini y varios jugadores evitó un aluvión de denuncias ante la AFE y un probable descenso a los infiernos, y posteriormente valió para llegar a la fase de grupos y encadenar éxito tras éxito e ingresos tras ingresos. Yello, aderezado con los traspasos a toda prisa de Cazorla, Rondón y Monreal (este, en el último día del mercado invernal), sirvió para capear el temporal.

A partir de ahì la historia es sobradamente conocida, con una gestión marcada por la austeridad y apoyada en la venta de jugadores como Isco, Toulalan o Caballero. Posteriormente, la irrupción de jugadores de la cantera (Sergi Darder, Juanmi y los Samus) permitió tener de nuevo activos para ir tirando. Ni aun así el Málaga pudo ser autosuficiente y tuvo que recurrir a un fondo de inversión en una gestión de Shatat que tenía el beneplácito del jeque vía correo electrónico (así lo asegura el ex consejero delegado) y después a BlueBay.

De los Al-Thani hubo poco rastro hasta que el equipo empezó a funcionar con Javi Gracia y ya se atisbaba que los ingresos por televisión se iban a disparar con el nuevo reparto y, sobre todo, con las gestiones de LaLiga para la venta de los derechos internacionales. Entonces irrumpieron con fuerza sus hijos. Primero tomó el mando Nasser; luego, Nayef, y finalmente, Hamyan. Los movimientos internos se sucedieron, aunque desde la destitución de Vicente Casado (la persona que había gestionado la entidad bajo la supervisión de Javier Tebas y el Consejo Superior de Deportes) ya no hubo director general. Al-Thani quería el control.

Los caprichos de los Al-Thani (del padre y sus hijos) comenzaron a pasar factura y acabaron por provocar las salidas de Carlos López, Carlos Pérez y, finalmente, el director financiero, Roberto Cano. Mientras el presidente fantaseaba con repescar a Isco o fichar a Casillas, la realidad del Málaga era otra. El jeque padre pasó a ser el gestor en la sombra, primero como director general y luego como director deportivo, cuando perdió la confianza en Francesc Arnau, que pagó precios fuera de mercado por Ricca, Santos y Keko, y dejó la herencia de contratos con absurdas cláusulas liberatorias y fichas desproporcionadas que ahora han pasado factura.

Pero el descalabro comenzó hace dos veranos, con la salida de Pablo Fornals (porque Al-Thani no aprobó el nuevo contrato del futbolista), con el frenazo a distintas gestiones y con la injerencia con Rolón cuando ya estaba apalabrado Javi García. Aquello acabó en descenso. Desde entonces hasta ahora, el presidente no ha entendido la realidad mientras cumple siete años sin invertir y ya, como sus hijos, con sueldo y préstamos del Málaga. El jeque sigue soñando con un equipo de Champions, ha frenado traspasos y gestiones que habrían evitado un verano disparatado, ha cambiado de asesores externos como de camisa, ha echado por tierra todo el trabajo interno y, en definitiva, sólo le ha visto las orejas al lobo el último día. El problema es que el deterioro de la imagen es para el Málaga, no para él, que carece de crédito desde hace mucho tiempo.