Recio quiere ser más que un parche
El canterano entró en el once el domingo por las bajas de Murillo y Montero, mostrándose más seguro atrás que Galilea pese a su escasa experiencia en la élite
El último partido del Málaga, en el que recibió al Mirandés, estuvo lleno de alicientes, principalmente por ser el primero después de Pellicer y el ... primero de la era Funes, con todo lo que ello conlleva. La expectación por conocer cuál sería el primer once del entrenador de Loja estuvo condicionada por las bajas que el equipo presentó, de forma obligada, en el centro de la zaga. Las ausencias por sanción de Montero (vio su quinta amarilla en León) y Murillo (expulsado en el descuento del Cultural Leonesa-Málaga) obligó a Funes a alinear una pareja de centrales inédita en lo que va de temporada: Galilea y Recio.
El último de ellos, el penúltimo canterano en debutar con la blanquiazul (el último fue Rafita), fue una de las grandes sensaciones del partido. El gran nombre propio fue Niño, autor de un doblete y gran artífice de un triunfo sufrido, pero el central fuengiroleño de 22 años cargó con la mayor parte del trabajo defensivo. En un encuentro donde Galilea fue una montaña rusa (salió en la foto de los dos goles del Mirandés, pero marcó el tanto de la victoria en el descuento), Recio puso la estabilidad atrás, en la primera línea.
En el que fue su segundo partido en la élite y su primero en La Rosaleda, el capitán del Atlético Malagueño cumplió de una forma muy notable con lo que se le pidió. Así lo hizo en un contexto hostil y complicado: con el ambiente enrarecido tras la salida de Pellicer y la controvertida decisión de poner a Funes al frente del primer equipo malaguista, con la afición enfurecida y ante un rival que pelea por salvar la categoría. Demasiada presión, lejos del contexto ideal para tratar de adaptarse a la realidad del fútbol profesional, pero ese fue el que le tocó. Y cumplió con creces.
Estuvo seguro con balón y le imprimió criterio a la salida desde atrás del equipo. Pudo hacer algo más en el 2-2, pero no cometió errores importantes y mostró maneras de central de talla. Se erigió como un zaguero dominante por aire y sufrió bastante menos que Galilea en líneas generales. Con margen de mejora, evidentemente, por su corta experiencia en la élite, dejó un buen sabor de boca entre la afición. En Valladolid, el sábado, estarán de vuelta Murillo y Montero, por lo que el aliciente por conocer cuál será la pareja de centrales por la que apostará Funes con todos sanos está más que servido.
El defensor ya debutó en Huesca, a mediados de septiembre, y desde entonces ha formado parte de la convocatoria del primer equipo en cinco ocasiones. Ha ido alternado entre el filial, equipo en el que milita desde hace cuatro años, del que es capitán y que necesita de talento para salir de una complicada situación en Segunda RFEF, categoría en la que es colista, y el primer equipo en esta campaña. Funes, que había sido su entrenador en el Malagueño estos años atrás, lo conoce bien, y ahora trabajan juntos, codo con codo, en el fútbol profesional.
En El Alcoraz su oportunidad llegó tras la lesión de Puga. Pellicer, entonces, pasó a Murillo al lateral y se decantó por Recio por encima de Galilea. Ahora, en el último partido, su oportunidad llegó por las bajas de los teóricos titulares, aunque habrá que ver quienes son los favoritos del nuevo técnico, con un Javi Montero que pese a su jerarquía genera dudas entre la afición y un Murillo cada vez más habituado al fútbol profesional, que ha aprovechado el hueco que ha dejado el lesionado Pastor para sumar más y más minutos en Segunda.
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