¿A qué juega Víctor?

Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS

Se suele decir que el que la lleva la entiende; es decir, hay que suponer que cuando un entrenador toma ciertas decisiones lo hace en función de aspectos que él conoce mejor que nadie y que, a priori, están lejos del alcance del resto. Pero ayer no sé qué fue peor, si la alineación o ese último cambio en el minuto 62, con media hora por delante, y la entrada de Juan Carlos en una decisión de triple riesgo; a saber, incurrir en alineación indebida (al quedarse con siete profesionales), jugar con otro futbolista menos (en caso de lesión) y quedarse sin el madrileño para la cita con el Cádiz (de haber visto la amarilla). Y tanto arremeter en su día con el tema de los 'transfer' de Benkhemassa y Lorenzo y ayer, cuando hubo rotaciones, estaban en la grada... Demasiadas cuestiones inexplicables.

Porque ya basta de coartadas, excusas y argumentos peregrinos. La gestión de Al-Thani (y sus asesores externos, que también se han cubierto de gloria) ha sido calamitosa en verano, con su torpedeo permanente y sus frivolidades en la planificación. Pero eso no puede ocultar que la plantilla del Málaga tiene nivel para estar en la mitad de la tabla. De momento el equipo sigue cuesta abajo (la actuación de Zaragoza fue un espejismo) y acumula nueve jornadas sin ganar cuando sólo se llevan diez. El entrenador y los jugadores tienen que dar muchísimo más.

«En el contexto que está el equipo no podemos pedir más a los jugadores». Víctor pronunció esa frase en la víspera del partido con el Sporting y también ha empleado otras similares desde que empezó la temporada. Semejante argumento no puede salir jamás de la boca de un entrenador. Blindar a los futbolistas es el peor camino porque así el listón de la exigencia baja paulatinamente hasta quedar por los suelos. Ni Víctor ni la plantilla pueden tener patente de corso.

Poco que decir del partido, porque el Málaga debió de quedarse en Sabiñánigo. El equipo no compitió desde el primer minuto, consecuencia directa de una alineación perdedora. Las concesiones y la mala ubicación en las jugadas a balón parado en el tramo inicial fueron el fiel reflejo de un grupo que sencillamente ya salió del vestuario con los brazos bajados y con la bandera blanca a modo de rendición. Repetir con Juanpi en la izquierda, mantener a Lombán, recurrir de nuevo a Boulahroud, prescindir de Sadiku... Cuando Víctor reaccionó, el Huesca andaba sobrado en todos los aspectos y encima Adrián olvidó su rol de capitán. Desde ese minuto 56 el Huesca levantó el pie.

Menos fotos, menos regalar camisetas y más apretar los dientes. Los jugadores están en la obligación de dar el máximo nivel. El club es hoy por hoy un desastre pero ellos cobran religiosamente sus muy buenos emolumentos (Juan Carlos, el del Huesca, percibía menos que algún filial malaguista la pasada temporada). Claro que si Víctor es el primero que los excusa...