Un Málaga previsible y sin acierto ante el Albacete

Un Málaga previsible y sin acierto ante el Albacete
AGENCIA LOF

Cae y encadena seis partidos sin ganar en un partido con juego lento y varias ocasiones a balón parado

Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS
1 ALBACETE

0 MÁLAGA

Árbitro
Trujillo Suárez (tinerfeño). Mostró la tarjeta amarilla a Renato, Manaj, Álvaro Jiménez y Luis
Gol
1-0, minuto 66: Susaeta controla el balón cerca del banderín de córner a la derecha de Munir. El capitán local cede atrás a Fran García, que recibe con comodidad y opta por un pase interior a Manu Fuster. El medio punta se gira, avanza y centra raso al área pequeña, donde Manaj se anticipa a Diego González y bate al portero malaguista

Los problemas instituciones del Málaga están ahí, es cierto, pero también ocultan semana tras semana el bajo rendimiento de un equipo con nombres para ofrecer más, mucho más. Demasiado previsible en su juego, cayó en Albacete y encadenó seis partidos sin vencer (cuando se llevan siete) en un partido que perdió por un descuido defensivo. Tuvo más ocasiones que su rival, pero casi todas llegaron en acciones a balón parado, un detalle demasiado significativo que retrata carencias en todos los aspectos.

Esta vez la alineación confeccionada por Víctor ofrecía tres variaciones, especialmente el retorno del malagueño Luis, el 'guadiana' del equipo. Titular (y de lo poco potable) en el campo del Mirandés, cedió su puesto a Lombán ante el Rayo y esta vez reapareció en el once... como medio centro. El técnico blanquiazul recuperó el sistema habitual con él cuando opta por la base de un cuarteto defensivo, el 4-1-4-1, aunque con Keidi más adelantado, a la altura de Juanpi, Adrián y Renato. Junto a Lombán también fueron sacrificados Diego González, que cedió el puesto a Mikel, y Benkhemassa. Aunque la gran sorpresa fue la ausencia de Zozulia en el conjunto manchego.

La primera parte fue una sucesión de errores e imprecisiones por parte y parte hasta el punto de que apenas se registraron ocasiones; eso sí, las únicas fueron para el Málaga. Y no es que se mostrara superior a su rival, porque fueron más habituales las apariciones del Albacete en el área contraria. Pero el cuadro manchego, que movió con más ritmo la pelota, hizo de la precipitación su mayor defecto cuando oteó el marco de Munir.

En el Málaga la lentitud fue desesperante (casi tanto como las interminables conducciones de Renato antes de regalar la pelota) y lógicamente esas transiciones tan telegrafiadas y previsibles hicieron casi inviable sorprender al adversario. Pero cuando hubo algo de chispa el rival exhibió su flaqueza. Sucedió al poco del comienzo en una aparición de Juanpi frente al guardameta Tomeu Nadal (tras buen movimiento de espaldas de Sadiku), en la que le faltó al venezolano un punto de velocidad, y más tarde, superada la media hora, en un error en la salida del balón por parte de la zaga albaceteña al que estuvo al quite Luis. El medio centro no tardó en buscar a Sadiku con un pase al hueco, pero al albanés se le echó encima Tomeu Nadal. Con todo, la mejor oportunidad llegó a balón parado, con un disparo de Renato que se estrelló en el larguero tras la intervención del cancerbero.

Esta vez el Málaga se mostró más equilibrado por dentro porque Luis estuvo siempre concentrado y apenas cometió errores (nada que ver con Rolón frente a Las Palmas) . Es más, sólo optó por sacar la pelota cuando era cómoda y, además, nunca de espaldas al contrario. En realidad el equipo sólo sufrió por el costado izquierdo, donde Renato se durmió en los laureles continuamente con el lateral Benito y también Juan Carlos volvió a mostrar la fragilidad habitual. Su sustitución por lesión llevó a Víctor a variar la estructura defensiva, porque Diego González se incorporó al eje de la zaga y el venezolano se situó como lateral.

En la reanudación el Albacete salió más incisivo, pero pronto fue neutralizado por un Málaga que se rehizo y que al fin encontró más profundidad por el flanco izquierdo (Mikel estuvo participativo) y también una marcha más. El conjunto local, experto en aguantar el chaparrón, se cerró bien, en ocasiones hasta con siete hombres en el área. Y como tampoco el desborde es una virtud en los jugadores malaguistas sólo se produjo otro disparo de Renato desde la frontal a la que respondió el guardameta. Víctor buscó pronto el revulsivo del recién llegado Antoñín (al que se ha aferrado tras sólo tres entrenamientos) y prescindió de Juanpi, empeñado en recibir el balón al pie y además muy lejos del área. Ramis respondió con otra pieza más fresca en la medular (Barri) y volvió el equilibrio de fuerzas.

El partido se decantó en la única acción de peligro del Albacete, eso sí plagada de errores de colocación (Renato y Keidi) y de concentración (Diego González). Manaj sólo tuvo que empujar el servicio de Manu Fuster dentro del área. Víctor optó por la última bala, Lorenzo, más combativo que profundo. El Málaga trató de recuperar terreno, pero es tan previsible que al conjunto local le bastó con cierto orden para no pasar apuros. No es casualidad que sus tres opciones para empatar llegaran a balón parado, una falta lateral de Lorenzo y dos remates de cabeza de Sadiku en sendos córners que no fueron entre los palos.

Los problemas instituciones del Málaga están ahí, pero ni Víctor ni sus jugadores pueden escudarse en ellos. El listón de la exigencia debe estar alto para no verse abocado a una situación preocupante también en el capítulo deportivo.