Vidas tras la sombra del maltrato: «No quería ser una muerta más de las que aparecen en televisión»
SUR reúne a tres víctimas de violencia de género que han roto su silencio tras denunciar a sus parejas. Sus testimonios relatan agresiones físicas y psíquicas de las que todavía hoy intentan recomponerse
Andan cabizbajas y tratan de esconderse bajo el pelo. Se rompen y se abrazan y entrelazan sus manos sosteniéndose como solo ellas pueden hacerlo. Cargan miedo, vergüenza y culpa, y por eso deciden no poner su rostro. Pero han dado el paso de romper el silencio que las ha acompañado (en algún caso, durante décadas) bajo la idea de un amor que les impedía percibir la violencia de género. Levantan la voz por sus hijos, por otras mujeres y, sobre todo, por ellas mismas; por no convertirse en un número más en la lista de víctimas mortales, que registra cinco en la provincia de Málaga a solo un mes de terminar el 2025, misma cifra contabilizada el ejercicio anterior y que se consolida, por segundo año consecutivo, como la más alta a nivel regional. Las grietas de un sistema por el que el machismo termina colándose no les puso fácil identificarse como mujeres maltratadas y seguir hacia adelante. Sin embargo, coinciden en que siempre hay una mano y un motivo que ayuda a salir y encontrar la luz al final del túnel.
Las historias de tres víctimas de maltrato físico y psíquico de sus parejas que ha reunido SUR con motivo del Día de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres comienzan con «pequeños» gestos, detalles y palabras, que no detectaron como señales de riesgo en su momento, y las tres terminan con líneas rojas, en forma de golpes y hasta un intento envenenamiento, que les hicieron abrir los ojos y buscar ayuda para sobrevivir.
María 30 años
Su pareja la culpó de que su cuñado la violara
La más joven tiene 30 años, es madre de dos hijas, natural de Colombia y la llamaremos María -nombre ficticio para preservar su identidad-. Su calvario empezó cuando, siendo solo una adolescente, se enamoró de su presunto agresor, que entonces tenía 33. Las «palabras feas» no tardaron en llegar, pero en su entorno «era normal». Y aguantó. A los 22 tuvo a su primera hija: «Me decía puta, gonorrea, mal parida, que sin él no iba a ser capaz…». También fue la primera vez que la agarró del cuello durante una discusión. A pesar de que él se fue a vivir a Brasil varios años, la relación continuó y con ella el hostigamiento, relata.
«Me prometió mil cosas: 'Mi amor quiero que estés con nosotros, quiero estar contigo y con la niña, seguir nuestra familia, seguir nuestro hogar'. Y yo por no dañar a mi niña, para que tuviera ese reencuentro con su padre, volví». Su cuñado les había hablado de las oportunidades de España y en 2022 aterrizaron en la provincia malagueña, concretamente en el Valle del Guadalhorce con la esperanza de un nueva vida. Pero, en noviembre de ese mismo año, el hombre que les había animado a venir la agredió sexualmente, explica María con lágrimas de rabia y dolor. Ella denunció y se lo contó a su marido. Pero, lejos de mostrarse arrepentido, el supuesto agresor sexual le mandó un audio a su hermano proponiéndole «hacerla desaparecer».
«Todos los días me machacaba y me machacaba, que yo tenía la culpa, que yo era la que me había insinuado por mi forma de vestir»
«Al principio él me ayudaba, luego me di cuenta que solamente fue una careta. Todos los días me machacaba y me machacaba, que yo tenía la culpa, que yo era la que me había insinuado por mi forma de vestir». Tanto calaron sus ataques en María que se lo terminó creyendo, tuvieron a su segundo hijo y las agresiones no cesaron. La última acaeció la semana pasada, 17 de noviembre. Era por la noche cuando comenzaron a discutir y él, supuestamente, volvió a proferirle insultos, le levantó la mano y la amenazó de muerte, siempre según el testimonio de ella: «Me dijo que le tenía que haber hecho caso a su hermano cuando le dijo de hacerme desaparecer». Su cabeza hizo 'clic' y, a la mañana siguiente, acudió al cuartel de la Guardia Civil para denunciarlo.
La valoración policial catalogó su caso de «riesgo medio» y la autoridad judicial decretó contra su supuesto agresor una orden de alejamiento que, reclama, ya ha quebrantado: «Me dice que quiere recuperar su hogar, que hace lo que sea, pero esas palabras ya me las conozco. Ya muchas veces me las ha dicho y he caído en su juego y nunca pasa nada». Por si todo ello fuera poco, el sospechoso está siendo investido también por su presunta responsabilidad en un delito de tenencia de pornografía infantil, ha explicado a este periódico el abogado de María, Andrés Pérez Plaza, especializado en asuntos de violencia de género y que además dirige junto a su mujer la plataforma 'Mujeres Sin Miedo Málaga'.
Nace 'Mujeres Sin Miedo Málaga'
Hace tan solo unos meses que Carmen Cobos González puso en marcha la asociación 'Mujeres Sin Miedo Málaga' junto a su marido, Andrés Pérez Plaza, abogado especializado en cuestiones de género. Carmen explica que fue víctima de malos tratos psíquicos por parte de su expareja, lo que le impulsó a «ayudar a otras mujeres» para que puedan «recuperar su confianza». Con este propósito, fundó la plataforma, que brinda tanto protección como asistencia jurídica. A la espera de tener una sede, las víctimas les contactan mayoritariamente por Facebook. «Queremos que todas sepan que siempre hay caminos para recuperar la tranquilidad y el bienestar», defienden.
Lorena 45 años
Escapó descalza tras una brutal paliza de su pareja
Lorena (identidad ficticia) huyó de la casa de su pareja, en Vélez-Málaga, descalza, con la camiseta del pijama y de madrugada. Cuando se miró en el espejo aquella noche, no se reconoció; cuando su hermana fue a recogerla, tampoco. El amigo con el que empezó una relación, que se ponía celoso de su expareja y que la apartó de su familia, le desfiguró el rostro tras propinarle una paliza. «Mi madre no quería que estuviese con esa persona, pero yo estaba ciega por él y pensaba que podía cambiarla», relata -con las manos temblorosas aún- nueve meses después de la agresión que casi le arrebata la vida.
Su agresor, que permanece en prisión desde entonces, tenía una pulsera antimaltrato por una supuesta «denuncia falsa» -le contó- y un juicio horas más tarde de que la apaleara. «Me despertó porque quería sacar dinero, así que cogí el coche y fuimos al banco». Comenzó a darle voces y tuvieron que regresar andando porque le rompió alguna pieza del vehículo que le impidió volver a arrancar. Nada más poner un pie en la vivienda, Lorena describe la tortura: «Empezó a pegarme en el sofá y yo empecé a defenderme. El primer puñetazo fue a los ojos. Me agarró. Me hincó un destornillador aquí (se señala la cabeza)«.
«Cuando llegaron los enfermeros les pedí que me diesen un abrazo, necesitaba el abrazo de alguien»
Para impedir que pidiera ayuda le colocó un palo en la boca y la subió a la planta de arriba, donde supuestamente la amenazó con quemarla. También cerró la puerta y escondió la llave. Lorena aprovechó que su agresor se quedó dormido para escapar. «Fui al ambulatorio, conté que mi pareja me había maltratado y me metieron rápido en la habitación. Cuando llegaron los enfermeros les pedí que me diesen un abrazo, necesitaba el abrazo de alguien». Fue trasladada al Hospital de Vélez-Málaga y después a la comisaría de Policía Nacional. Sola. «No quería que llamaran a nadie, sentía mucha vergüenza porque qué tonta fui, me lo advirtieron y no lo vi».
Solo cuando interpuso la denuncia, descolgó el teléfono y llamó a sus padres. No pudo recoger entonces sus pertenencias del inmueble de su agresor. Se atrincheró y advirtió de sus intenciones de incendiar la casa mientras esgrimía varios cuchillos de grandes dimensiones. Aunque intentaron calmarlo para que se entregara, no atendió a razones y la Policía tuvo que evacuar a los vecinos de las viviendas colindantes. Tras la autorización del juzgado, agentes uniformados, con cascos y escudos de protección accedieron a la casa, irrumpieron en la vivienda y detuvieron al sospechoso, al que intervinieron dos garrafas de gasolinas y las armas blancas.
Ya a salvo, Lorena recuerda que su mayor deseo era comer su plato favorita, gazpachuelo, junto a su familia. Estos meses, cuenta, los ha dedicado a cuidar de su padre y de sí misma asistiendo a terapias grupales en el Instituto Andaluz de la Mujer (IAM). Físicamente, una sola cicatriz es lo único que le rememora ya aquel día. Psicológicamente, unas cuantas más: «Hoy es el primer día que he vuelto a coger el coche sola». Romper su silencio para denunciar públicamente es una manera de curarlas, reconoce: «Muchas personas no pueden y yo tengo que darle voz a esto, que todavía hay muchos hijos de puta sueltos».
Noelia 47 años
Hasta 5 denuncias y la sospecha de que lleva años intentando envenenarla
La primera vez que Noelia, de 47 años, denunció a su expareja fue hace 25 años. Desde entonces, lo ha denunciado hasta en cinco ocasiones, aunque por temporadas han retomado la relación sentimental. El 29 de junio de este mismo año la mujer volvió a acudir a una comisaría para denunciar los insultos y vejaciones que le dedicaba: «El maltrato suyo es muy sutil y tiene dos caras, pero siempre tenía el juego de manipularme con las finanzas, por eso no quería que yo trabajara».
Tan solo dos meses después de aquello, Noelia se desplazó a una comisaría para dejar constancia de que había encontrado la «prueba» que explicaría el malestar físico que llevaba arrastrando años y del que culpa a su presunto maltratador. «Tenía dolor en el pecho, bronquitis, crisis de ansiedad y muchas cosas más. Había días que incluso tenía la tensión muy alta cuando yo la suelo tener baja, ataques al corazón, dolores musculares, infección de orina…». Los médicos no daban con la tecla. Hasta que un día le dijeron que tenía «mucho metal pesado en el cuerpo» y observó que cada vez que pasaba temporadas fuera de casa se encontraba mejor.
La mañana del 21 de agosto, después de pasar toda la noche enferma, Noelia cogió un bote de lejía para poner una lavadora y se percató de que contenía una «sustancia marrón bastante extraña» que pudiera ser líquido desengrasante. Fue entonces cuando recordó que en otras ocasiones vio a su marido añadiendo viagra en su comida, por lo que sospecha que estuviera intentando envenenarla. Sin embargo, de momento, no hay ninguna prueba concluyente y la mujer, de origen brasileño, batalla para que al menos dicten una orden de alejamiento contra él.
«Dentro del maltrato hay muchas más cosas, como la parte sexual, te pide cosas de psicópata y es muy vergonzoso. Por más que la ley esté no llega para amparar tanto sufrimiento». Noelia manifiesta que su hija mayor no quiere saber nada de ella, pues, con el fin de protegerla, no ha sido capaz de exponerle el tormento que atraviesa: «Tienes que estar haciéndote la dura para no destruir la familia porque las mujeres maltratadas queremos mantenernos firmes y fuertes para que la sociedad no nos vea como tal».
Aún con vergüenza y culpa, y el miedo en el cuerpo, las tres coinciden en la importancia de una red de apoyo que las proteja y no las abandone, tanto en lo personal como en lo institucional. Lorena critica que, a pesar de que reside en la capital malagueña, la Seguridad Social le mandó a otro municipio. «Yo creo que ya es bastante trauma contarle a una persona que tú no conoces lo que te ha pasado encima tener que desplazarte y, ¿si nos tienes medios para hacerlo? Es muy injusto». También piden penas más duras contra los agresores y una mayor reparación del daño a las víctimas: «Le han condenado a tres años de cárcel y a mí me han dado 3.400 euros. Mi vida vale más que eso», reivindica la malagueña.
«Le han condenado a tres años de cárcel y a mí me han dado 3.400 euros. Mi vida vale más que eso»
¿Qué le dirías a las mujeres que os lean y escuchen y estén en la situación que habéis atravesado? «Que salgan, que abran los ojos, que sean fuertes, que luchen por lo suyo». Noelia además comenta que no se fijen en quienes juzgan: «No quería ser una muerta más de las que aparecen en televisión».
El teléfono 016 atiende casos de violencia machista las 24 horas del día y en 52 idiomas diferentes. La llamada es gratuita y no deja rastro en la factura. También se puede dar parte, ya sea la propia perjudicada, familiares o testigos, a través del correo 016-online@igualdad.gob.es. De igual modo, se puede contactar con este servicio por WhatsApp, en el número 600000016. En una situación de emergencia, se puede llamar al 112 o a los teléfonos de la Policía Nacional (091), de la Policía Local (092) o la Guardia Civil (062). En caso de ser imposible realizar una llamada, se puede recurrir a la aplicación ALERTCOPS, desde la que se envía una señal de alerta a la Policía con geolocalización.
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