«No sabía que era el joven al que perseguía la policía, yo solo impedí que se subiera a mi taxi»

Cristóbal López muestra el lugar contra el que chocó el coche patrulla que perseguía al fugitivo. /SUR
Cristóbal López muestra el lugar contra el que chocó el coche patrulla que perseguía al fugitivo. / SUR

La pericia de un taxista de Fuengirola acabó con la fuga del conductor al que una decena de patrullas venían siguiendo desde Benalmádena

JUAN CANO y ALVARO FRÍASMálaga

En el momento, actuó más por instinto que por osadía. Pero después, cuando lo pensó con frialdad y cayó en la cuenta de que el sujeto podía ir armado, le temblaron «un poco» las piernas. Cristóbal es taxista, tiene 49 años y vive en Fuengirola. Su reacción, unida a su pericia al volante, contribuyó a que la policía detuviera al joven que protagonizó una persecución por la Costa que acabó con nueve agentes heridos.

Esa madrugada, la del jueves, Cristóbal estaba en la parada con otro taxista y empezaron a escuchar «un montón» de sirenas. «Conté 12 o 13», precisa a continuación. «Le dije a mi compañero: 'Métete en el coche, que algo gordo ha pasado'». Nada más subirse, a Cristóbal le entró un servicio. Metió primera y... «Miré por el retrovisor y vi a un chico corriendo hacia mí. Parecía una gacela, venía rapidísimo. Abrió la puerta trasera del lado derecho y trató de subirse, pero yo di un acelerón y tuvo que soltarla».

En aquel momento, no pensó que ese hombre fuese el motivo por el que sonaban las sirenas de policía. Ni se le pasó por la cabeza que su intento de subirse al taxi formara parte de un plan de fuga kamikaze desde Benalmádena hasta Fuengirola, pasando por Mijas, rebasando semáforos en rojo, recorriendo calles en dirección prohibida... Siete coches patrulla y dos de particulares resultaron dañados en la persecución.

Aunque no sospechó que aquel chico fuese un fugitivo, dice Cristóbal que «algo lo iluminó» y le hizo reaccionar. «No sé, quizá porque trabajé como vigilante hace muchos años y, claro, algo se queda. Pero solo impedí que se subiera a mi taxi, aquí todo el mérito es de la policía», insiste el chófer.

Aquel no sería el único intento. «Cuando me había alejado unos 50 metros, frené para que se cerrara la puerta y miré por el retrovisor. Vi que intentaba entrar en un local de kebab, pero no pudo, así que corrió de nuevo hacia mi taxi». El joven se encaramó entonces al maletero del vehículo de Cristóbal, que ya había reanudado la marcha. «Yo creo que él pensó que su salvación era meterse en el coche, fuese como fuese», recuerda el taxista, quien, de nuevo, reaccionó demostrando gran pericia. En lugar de acelerar, esta vez, frenó en seco. «Con la inercia, casi se cae, pero lo que ocurrió fue que se golpeó con la luneta trasera», recuerda. Ante el frenazo brusco de Cristóbal, un coche patrulla que participaba en la persecución se estrelló contra la parte trasera del taxi, aunque sin ocasionarle daños importantes. «Entonces, los policías que venían a pie lo cogieron y le pusieron las esposas», añade.

En el momento de la detención, Cristóbal escuchó que uno de los agentes gritaba: «¡Cuidado, que puede ir armado!». Fue entonces cuando tomó conciencia del riesgo que había asumido. «Ahí piensas de todo. ¿Y si le hubiera dado por coger un rehén en el kebab? ¿O si me saca a mí una pistola?». El joven, el mismo que el pasado enero empotró un coche contra la comisaría, iba desarmado, aunque se resistió a su detención.