«Ser reservista voluntario es un honor que recomiendo a todo el mundo»
Reportaje. ·
Quince civiles malagueños se han incorporado este año por su «vocación de servicio al país» a la estructura militar para reforzar las capacidades operativas de las Fuerzas ArmadasLa creciente escalada belicista en la que el mundo está embarcado ha abierto el debate sobre la instauración del servicio militar obligatorio en algunos países ... europeos ante la amenaza que representan países como Rusia y el desarrollo de la llamada guerra híbrida. En España, ante la profesionalización de las Fuerzas Armadas, el reclutamiento forzoso se suprimió en 2001 tras dos siglos en vigor. Desde entonces, han sido minoritarias las voces que han reclamado la vuelta de la 'mili'. Sin embargo, en 2003 se creó una figura, la del reservista voluntario, «para hacer posible la incorporación de ciudadanos al esfuerzo de defensa con la finalidad de reforzar las capacidades y suplir las carencias de determinadas especialidades en las unidades» del Ejército.
En este 2025 tras el concurso convocado por el Ministerio de Defensa y después del exigente proceso selectivo, un total de quince malagueños se han incorporado como reservistas voluntarios a las diferentes unidades de los Ejércitos y de la Unidad Militar de Emergencia (UME). En total en la provincia hay 154 reservistas, lo que sitúa a Málaga como la quinta provincia española con un mayor número tras Madrid Sevilla, Granada y Cádiz (en todo el país son unos 3.000), según los datos aportados por el subdelegado de Defensa en la provincia, coronel Eduardo Llorente, durante el acto castrense con el que esta semana se conmemoró el trigésimo aniversario de la creación de la Subdelegación de Defensa en Málaga.
En ese acto, cuatro de esas nuevas incorporaciones, los alféreces Víctor Manzanares, Enrique García, Rebeca García-Miña y Marta González Coca, recibieron un diploma acreditativo, al igual que la teniente María Dolores Moreno y el sargento Leocadio Mariño, que han pasado, al cumplir la edad reglamentaria, a ser reservistas voluntarios honoríficos. Quienes se incorporan, con un compromiso inicial de tres años renovables, deciden cuánto tiempo al año desean estar activados y su predisposición a participar en misiones.
«Para mí ha sido lo más grande, me da mucha pena que se haya terminado esta etapa de mi vida profesional»
María Dolores Moreno
Teniente psicóloga
«Para mí ser reservista del Ejército y estar dispuesta a servir al pueblo español ha sido un honor, un orgullo y un privilegio. Recomiendo a todo el mundo que si quiere y le apetece viva esta experiencia», relata Moreno, quien el pasado agosto pasó a ser reservista voluntaria honorífico tras haber prestado sus servicios como teniente psicóloga en los Cuerpos Comunes del Cuerpo Militar de Sanidad. «Para mí ha sido lo más grande, me da mucha pena que haya terminado esta etapa de mi vida profesional», añade visiblemente emocionada.
A sus 35 años Víctor Manzanares, empresario con una consultoría ambiental y concejal del PP en Alhaurín el Grande, se ha convertido en reservista al ingresar en las Fuerzas Armadas, donde su hermano mayor ya fue militar. «Llevo pensando el tema bastante tiempo y este año me decidí a entrar en el Ejército. Espero aportar mi experiencia profesional en el ámbito civil en el campo medioambiental y cumplir con mi vocación de servicio público y aportar al bien común de España», afirma.
La unidad de adscripción de Manzanares es la Cuarta Subinspección del Ejército de Tierra en la USBA General Morillo, con sede en Pontevedra, donde anualmente se activará así como en el acuartelamiento de La Legión en Ronda y sus funciones están relacionadas con el medio ambiente, auditorías e inspecciones reglamentarias en instalaciones del Ejército de Tierra.
«Espero aportar mi experiencia profesional en el ámbito civil y cumplir con mi vocación de servicio público»
Víctor Manzanares
Álferez
«Para mí entrar en el Ejército ha sido todo un reto porque es un proceso complicado, pero una vez dentro es maravilloso. Todo son buenas vibraciones, trabajan de una manera muy profesional y se lo recomiendo a todo el mundo», dice Marta González Coca, una arquitecta de profesión que prestará sus servicios en la UME dentro del departamento de infraestructuras y medio ambiente en el Cuartel General del Ejército trabajando en proyectos de obras, rehabilitación y reformas.
Fue una amiga la que hace unos años relató a González Coca la existencia de la figura del reservista voluntario pero sus obligaciones profesionales le impidieron enrolarse hasta ahora en el Ejército. Aunque en su familia no hay tradición militar, explica que su padre fue inspector de Educación y ayudó a La Legión a poner en marcha un centro de formación profesional, una colaboración tras la que le hicieron Legionario de Honor. «Él siempre me dijo que si podía ayudar, desde mi labor profesional ayudase y por eso he querido hacerlo como reservista», añade.
«Para mí entrar en el Ejército ha sido todo un reto porque es un proceso complicado, pero una vez dentro es maravilloso»
Marta González Coca
Alférez
A diferencia de Manzanares y Coca que acaban de estrenarse, Pedro Antonio Pinazo, biólogo malagueño de 51 años, ya atesora experiencia como reservista voluntario, donde se incorporó en 2011 aunque no fue hasta 2020 cuando empezó a activarse de forma más continua. Atiende a este periódico por teléfono desde su puesto en el Estado Mayor de la Defensa en Madrid, donde realiza funciones de gestor medioambiental y operador logístico.
«Me siento muy acogido e integrado. Animo a los interesados a probar como reservistas porque es una gran experiencia»
Pedro Antonio Pinazo
Sargento primero
«Me enrolé en el Ejército porque tengo vocación de servicio y quería servir a los españoles, a la nación y a España. Me siento muy acogido e integrado», sostiene este suboficial en cuya familia no había tradición militar y que ahora, como señalan sus correligionarios consultados, coincide en recomendar a aquellos interesados a que «prueben a ser reservistas porque es una gran experiencia».
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