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La clase de primero de Bachillerato del IES Jacaranda que se reunió con SUR para hablar de violencia de género. Marilú Báez

El primer golpe de la violencia machista: «Me pidió la contraseña de Instagram»

SUR habla con estudiantes de Bachillerato del IES Jacaranda, premiado por el Ayuntamiento por su compromiso con la igualdad: les preocupa el control a través de los móviles, que las redes actúen de altavoz del machismo y la imagen de la mujer que transmiten la música y la televisión

Martes, 25 de noviembre 2025, 00:29

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Al principio hay nervios. Pero pronto se abren y cuentan hasta experiencias personales de violencia, como la chica que empieza a hablar de una amiga, pasa a la primera persona porque quizás la amiga es ella misma (y no, no es un chiste, es un drama) y pide a SUR que no revele ni su nombre ni su rostro. La cuestión les toca de lleno. Son adolescentes y comienzan a enfrentarse a la vida real con todas sus asperezas. Y con algo que marca la diferencia respecto a generaciones anteriores, como se encargan de remarcar: todos llevan un móvil en el bolsillo, un instrumento con el que ellos controlan y ellas son controladas, un medio que además actúa de altavoz de mensajes misóginos y machistas que antes poca gente se atrevía a decir en alto y ahora consiguen audiencias enormes (también ésta es una de sus reflexiones: ahí es donde sitúan el origen del resurgir del negacionismo de la violencia de género).

Éste es el corazón de la conversación con un grupo de estudiantes de Bachillerato en vísperas del 25 de noviembre, el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. El lenguaje que emplean, las experiencias que relatan y la identificación de los problemas que realizan delatan que estudian en un lugar especial, pero también que la enfermedad social de la violencia machista está muy lejos de atajarse. Muchas de sus palabras son una enmienda a la totalidad de la leyenda en construcción del paso atrás que está dando la juventud en materia de igualdad. Aunque toda aula es diversa, un microcosmos que contiene un mundo, así que ésta en la que irrumpe SUR se convierte en una síntesis todas las opiniones: desde el chico que dice «sí, yo soy feminista» hasta la muchacha que da coba al mito de las «denuncias falsas».

Hall del IES Jacaranda, en una imagen tomada hace unos días. Marilú Báez

El IES Jacaranda, situado en el distrito de Churriana, ha sido galardonado por el Ayuntamiento este año por su fomento de la igualdad de género entre su alumnado y en el resto de la comunidad educativa

Estudian en un instituto de premio y eso incluso se ve desde la misma entrada, antes de entablar conversación con estos chicos y chicas de 16 años. Aún falta casi una semana para el 25N, y ya cuelgan carteles en el hall recordando la fecha, llamando a que nadie calle a las mujeres y convocando a una carrera por esta causa que han organizado para el día 26. Aunque el galardón que el IES Jacaranda ha recibido del Ayuntamiento de la capital no reconoce sólo este hito, la reivindicativa celebración de las fechas más relevantes del movimiento feminista, este 25N o el 8M, sino lo que ya es una constante: la implicación de toda la comunidad educativa en el fomento de la igualdad de género. Porque el instituto tiene su escalinata y su rinconcito violeta por donde el estudiantado pasa todos los días y también su escalera 'diverxa', pintada con el arcoíris del movimiento LGTBIQ+, otra iniciativa en pro de la no discriminación por razón de ningún tipo que hay en el centro.

Inmaculada Sáenz, coordinadora del plan de igualdad, en el rincón violeta del IES Jacaranda. Marilú Báez

«Ayudamos a los estudiantes a que detecten e identifiquen cosas que se han normalizado y que constituyen violencia. Tienen que ser conscientes de que también existe la violencia verbal. Ahora estamos trabajando con la que se muestra en la Isla de las Tentaciones»

Inmaculada Sáenz es la coordinadora del plan de igualdad del centro y explica a SUR que éste se desarrolla de manera transversal en todo el currículum, que se celebran talleres y actividades durante todo el año –como cuando analizaron la forma en que Pablo Picasso trató a las mujeres que pasaron por su vida– y que usan las horas de tutoría para concienciar contra la violencia de género: «Ayudamos a los estudiantes a que detecten e identifiquen cosas que se han normalizado y que constituyen violencia. Tienen que ser conscientes de que también existe la violencia verbal. Ahora, por ejemplo, estamos trabajando con la que se muestra en la Isla de las Tentaciones y también queremos hablar con la AMPA para hacer algún taller con las familias, que a veces están un poco perdidas», explica. Reconoce que no todo el mundo en el colegio está feliz con sus iniciativas, pero insiste en que es bueno abrir debates: un muchacho, por ejemplo, se opone a subir por la escalera arcoíris. Pero también da ejemplos del poder transformador de la educación: los chicos que un año negaban lo que a las claras era la manifestación de una agresión sexual en una película al siguiente se vistieron de mujer y protagonizaron una 'performance' para denunciar cómo muchas escritoras a lo largo de la historia, para poder publicar, tuvieron que firmar con el nombre de un hombre.

«Una chica, si sufre violencia de género, pues se queda callada por temor a las consecuencias que pueda tener después. Tal vez la han amenazado. O le frena la vergüenza que pasará cuando vaya de boca en boca»

Rania el Khamlichi, de 16 años, da la primera puntada con hilo grueso que pincha y duele: «Éste es un tema al que darle visibilidad. No puede seguir así. Tenemos que hacer algo. Hay personas que han visto casos muy cerca y no han reaccionado. Por miedo o por lo que sea. Una chica, si sufre violencia de género, calla por temor a las consecuencias. Tal vez la han amenazado. O le frena la vergüenza que va a pasar después cuando vaya de boca en boca». Y, sí, comprobaremos poco después ese sentimiento de las chicas tras haber sido víctimas de violencia machista: son ellas las que sienten vergüenza por el maltrato que han sufrido. Cuentan su testimonio porque saben que es útil, pero ocultan su cara y su nombre.

Darío Arrabal, en primer plano. Marilú Báez

¿Los chicos, los hombres, no sienten miedo ni vergüenza cuando han tratado mal a una chica, a una mujer? «El hombre, a no ser que la mujer que lo haya sufrido lo denuncie, nunca llegaría a tener miedo. Si la mujer no denuncia, el hombre nunca se llegará a preocupar», contesta Darío Arrabal. Aflora en la conversación otra cuestión: si a los niños y a las niñas se les sigue educando diferente, si a las chicas se les sigue advirtiendo con los «ten cuidado» y a los chicos no se les dice que tienen que tratar bien a las muchachas. «Siempre tienes que tratar bien a las chicas… pero es que todo depende del entorno que tengamos: si tu padre trata mal a tu madre, piensas que igual eso es normal. También las películas o la música provocan que la gente tenga normalizada la violencia. Igual son pequeñas cosas, pequeños comentarios, pero aún así siguen siendo violencia de género», continúa Darío.

«Ha llegado un punto en el que las películas o la música provocan que la gente lo tenga normalizado. Igual son pequeñas cosas, pequeños comentarios, pero aún así siguen siendo violencia de género»

Como Darío Arrabal, Irene Gámez es consciente del entorno cultural en el que están creciendo y se están haciendo adultos: de qué programan en la televisión y de qué música escuchan cuando salen. «Algunas canciones de reguetón tienen frases a las que no se da importancia, pero que normalizan la imagen de la mujer como un objeto. Podemos pensar que es una simple canción, pero también lo vemos como un insulto a nosotras, y eso mucha gente no lo ve», comenta Irene Gámez. ¿Y cómo es posible que personas de apenas 16 años hayan aprendido a identificar todo esto? «Hay un momento en el que te dices: pues me voy a parar a analizar la letra, voy a pensar y a ser consciente de lo que estoy viendo y de lo que estoy oyendo. Mucha gente ve y escucha, pero realmente no se para a analizar; considera que no son importantes estos mensajes cuando en realidad sí lo son», continúa Irene.

Irene Gámez exponiendo su punto de vista mientras sus compañeras la escuchan. Marilú Báez

A esta generación se le recrimina estar dando pasos atrás en la consecución de la igualdad: encuestas recientes dicen que la cuarta parte de los chicos jóvenes consideran que la violencia de género es un invento y que crece la proporción de sus compañeras que piensa lo mismo. Irene Gámez tiene un diagnóstico de la situación, aunque más tarde habría oportunidad de asistir a un caso práctico: «Ahora se ve el efecto ese masa de que como mi amigo piensa esto, pues yo también, aunque no se pare a analizarlo. Antes también había mucho machismo, pero no se manifestaba tanto: ahora, con un vídeo, se llega a mucha más gente y más rápidamente. Las personas machistas nunca van a desaparecer, pero lo que sí podemos intentar evitar es que esto vaya a más. Porque al fin y al cabo de lo que se trata es de que la sociedad avance y no vaya para atrás».

«Antes también había mucho machismo, pero no se manifestaba tanto: ahora, con un vídeo, se llega a muchas más personas y más rápidamente. Las personas machistas nunca van a desaparecer, pero lo que sí podemos intentar evitar es que esto vaya a más»

Para cortar la cadena de transmisión del machismo es necesario que alguien lo haga. ¿Lo hacen estos muchachos y estas muchachas? Toma la palabra una chica que pasa de hablar en tercera persona a hacerlo en primera y a pedirnos que no revelemos su identidad. «A veces sí le he dicho a una amiga que tuviera cuidado porque no me daba buenas vibras el niño con el que tenía una relación. Y, bueno también me lo han dicho a mí. Porque hay cosas que a lo mejor dentro de una relación no te das cuenta, pero tus amigas te están viendo desde fuera, y te dicen, cuidado porque ese niño a lo mejor no es tan buena persona como parece. Y a mí me ha tocado», comienza a relatar la muchacha. «A lo mejor no te trata bien, quizás no te quiere ver con otra gente, no te junta con sus grupos de amigos, no te habla como te tiene que hablar. Sientes que te está usando», continúa. Aunque la cuestión clave, donde parece que está el quid de la cuestión entre los adolescentes, es en el móvil: «Él tenía que saber mi contraseña. Me decía que él también me la daba a mí. Pero es que yo no quería saber la suya. Él insistía e insistía. Me pidió la contraseña de bloqueo, luego la de Instagram, después la de TikTok. Quería control total de mi móvil. Yo nunca le daba ninguna porque yo soy muy de 'hasta aquí, ¿eh?'».

Un instituto diverso. Marilú Báez
Imagen principal - Un instituto diverso.
Imagen secundaria 1 - Un instituto diverso.
Imagen secundaria 2 - Un instituto diverso.

«A lo mejor no te trata bien, quizás no te quiere ver con otra gente, no te junta con sus grupos de amigos, no te habla como te tiene que hablar. Sientes que te está usando»

SUR hace otra pregunta al aire: «¿Alguien conoce a un chico al que le hayan controlado el móvil?». Y contesta Fran García: «Sí, yo». «¿A un chico que le hayan controlado el móvil?», insistimos. «No, bueno, a una chica. Conozco un caso de una chica que pasó violencia de género. Y cuando me enteré… es que todo lo que engloba lo vivió ella: lo de revisarle el móvil, las contraseñas, y en relación con el sexo, pues todo lo que él quería ella lo tenía que hacer. Y un día llegó a agredirla. Yo me enteré. Y una cosa es que bueno, te pida las contraseñas, porque es verdad que en esta sociedad está bastante normalizado, pero que te llegue a pegar y que lo dejes pasar… es imperdonable. Muchas veces la veía llorar, hasta que le dije que sabía por qué y que no podía seguir así. Entre varios amigos le abrimos la mente sobre lo que estaba viviendo y que no era normal».

Fran García Marilú Báez

¿Está normalizado exigir las claves del móvil y de las redes sociales? «Sí, sabemos casos de parejas que a los dos días ya tienen las claves de Instagram», agrega García, que abunda en que esa red en particular es ahora mismo la vía a través de la que más se pueden comunicar un chico y una chica. «Instagram es el lugar donde los novios quieren tener más control. Ahí, además de con quién se habla, también se controla qué historias se suben y con quién», describe García.

Los celos siguen siendo un problema, que se manifiesta por ambas partes, masculina y femenina, resalta Darío Arrabal: «El tema de las contraseñas del móvil ocurre por las dos partes: hay mucho control. Pero lo que pasa es que el hombre llega a puntos más extremos, a una violencia de género fuerte».

«A una amiga el novio le pedía la contraseña del móvil. Y no le dejaba salir con sus amigas. Se tuvo que alejar de algunas de ellas porque al novio no le caían bien. A mí me daba mucha rabia cuando me lo contaba. No tiene sentido que tu pareja te haga sentir mal»

Mientras habla Darío Arrabal, dos chicas discuten entre murmullos. Una quiere contar la historia de la otra. Dice que es relevante. Al final acuerdan hablar. Pero de manera anónima. «Yo tengo una amiga que tenía un novio. Ya no están juntos. Pero ella lo pasaba la verdad que muy mal, demasiado mal. El novio le pedía la contraseña del móvil. Y no le dejaba salir con sus amigas. Se tuvo que alejar de algunas de ellas porque al novio no le caían bien. A mí me daba mucha rabia cuando me lo contaba. Y él siempre tenía algún motivo para discutir. Ella parecía que le quería más al novio que a sí misma. No tiene sentido que tu pareja te haga sentir mal», rememora.

Enrique Orellana dice que él sí es feminista Marilú Baéz

«Sí, sí, yo soy feminista. El feminismo de lo que trata es de intentar conseguir la igualdad entre los hombres y las mujeres. Creo que se ha ido progresando. No diría que se ha mejorado muchísimo, pero algo sí»

Todos escuchan en silencio. Rompemos el momento dramático quizás de manera demasiado abrupta con otra incógnita: ¿Qué opinan de la etiqueta «feminista»?, ¿se identifican como tales? «¿Sois feministas?», lanzamos, y espontáneo, un chico, Enrique Orellana, responde: «Sí, sí, yo soy feminista». «¿Y por qué te identificas como feminista?, ¿cómo defines el feminismo?», le insistimos. «El feminismo de lo que trata es de intentar conseguir la igualdad entre los hombres y las mujeres, no de ser ni superior ni inferior. Yo creo que se ha ido progresando. No diría que se ha mejorado muchísimo, pero algo sí: ahora las mujeres tienen muchos más derechos». También le planteamos a Orellana otra cuestión que dicen las encuestas: un estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) reveló que la mitad de los varones de entre 16 y 24 años siente que se ha llegado tan lejos en la promoción de la igualdad de las mujeres que ahora a los que se discrimina es a ellos. «Yo no lo veo así, sino que lo que pasa es que les están quitando los privilegios que siempre han tenido», diagnostica Orellana.

Estos chicos y estas chicas muestran gran clarividencia a la hora de identificar lo que le sucede a su generación. Y atribuyen el mérito en gran medida al instituto donde estudian: «Se valora mucho la igualdad, sobre todo por los profesores que tenemos, que hacen muchísimo trabajo reivindicando el nombre de la mujer, que no es un objeto, que es una persona, y merecemos ir juntos».

Marilú Báez

«Ahora no hay tanto machismo como había antes. Pero, con la política que hay actualmente, muchas mujeres ven al hombre como un machista de por sí»

Pero el instituto es diverso, un microcosmos de la realidad social. Ninguno de los muchachos que están en esa clase niegan la violencia de género ni la existencia del machismo. Pero sí es verdad que uno de los alumnos, Manuel López, expresa una opinión que actúa de contrapunto: «Ahora no hay tanto machismo como había antes. Pero, con la política que hay actualmente, muchas mujeres ven al hombre como un machista de por sí. Creo en la igualdad y en que una mujer tiene que tener la facilidad para denunciar, pero que si le pillan con una denuncia falsa, también se le castigue. Porque hay casos en que ha habido una denuncia falsa y yo no tengo conocimiento de que a esa mujer se le haya penado». [Según datos del Consejo General del Poder Judicial, el promedio de denuncias falsas entre los años 2009 y 2023 es del 0,0084%: el indicador hace referencia a los hombres que, tras ser denunciados por violencia de género, han emprendido acciones legales contra sus parejas o exparejas por falsedad y han ganado el juicio; en el año 2024, sólo quince de las 48 víctimas mortales de la violencia machista habían presentando denuncia]. «Yo quiero la igualdad. Y si hay violencia, me da igual quién mate», continúa, y le apoya una chica, Mireya Botella: «Hay mujeres que por cómo está la ley que permite que al hombre por cualquier cosa que haga o diga lo metan preso pues se aprovechan y ponen denuncias falsas. A lo mejor simplemente porque el hombre le haya dicho un insulto o lo que sea, ya ponen denuncia, van a un médico, le hacen un parte… A día de hoy hay casos así».

Inmaculada Sáenz, la coordinadora de igualdad del centro, interrumpe esta deriva de la conversación y recuerda otra tendencia que se está observando: el juntarse los chicos en manada para agredir a una mujer. Quizás animados por otro de los males que asedian a la juventud: la pornografía y su educación sexual a través de esta sola vía. Al final, Sáenz confía al equipo de SUR: «Me ha gustado que estos últimos chicos se hayan atrevido a hablar para que tengáis una visión fiel de la realidad».

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