Un monasterio malagueño, pionero en sinodalidad
El convento de Carmelitas de la Antigua Observancia de Cañete la Real es el único de la diócesis de Málaga que participa, actualmente, en la Red Intermonástica de España
ANA MEDINA
mÁLAGa.
Domingo, 23 de noviembre 2025, 01:00
El Monasterio del Santísimo Sacramento de Cañete la Real cuenta con doce hermanas, entre ellas, María Susana Wausi. Como ella misma explica: «Nuestra misión principal ... es orar por el mundo. También elaboramos dulces artesanos que se pueden comprar en el torno de nuestro monasterio, en el convento de las carmelitas descalzas de Ronda o también encargando por medio del teléfono, correo electrónico o en la página web, carmelitascañete.es, para que sean enviados por una agencia de transporte. Sois todos bienvenidos, ya sea para pedirnos oración por las necesidades que sea o para comprar nuestros dulces».
En apariencia, este monasterio no parece ser tan diferente del resto, pero María Susana ha supuesto para él una semilla de cambio. Por invitación de su federación, y junto a otras monjas de Andalucía, ha comenzado a formarse en sinodalidad y trabajo en red en un proceso denominado Acompañamiento y Discernimiento Intermonástico (ADI). El programa ADI abraza un modelo de liderazgo inspirado en la espiritualidad cristiana y en el horizonte sinodal impulsado por el Papa Francisco, y se inserta en un proyecto más amplio denominado Vida Contemplativa en Sinodalidad (VCenS), impulsado por monjes y monjas contemplativos de toda España, con el apoyo de la Fundación Porticus y la coordinación de fray Roberto de la Iglesia y la madre Pilar Germán (OCSO).
Decenas de monasterios y congregaciones han decidido sumarse y vivir así el camino de la sinodalidad, mediante el discernimiento espiritual comunitario, el liderazgo y la gestión del cambio.
Durante meses, esta monja que vive su entrega a Dios y a la Iglesia en el monasterio de Cañete la Real, estuvo acudiendo a una formación presencial en Ávila, una formación que ahora continúa de modo 'online', y por la que ya alcanza el quinto curso. «Es curioso que con distintos carismas y hábitos, acabamos siempre concluyendo que tenemos los mismos retos. Es un diálogo y un compartir muy rico para todos», cuenta.
Lo que lleva aprendido, cuenta, «ha sido muy innovador para nosotras, porque nuestra formación suele ir por la espiritualidad, y no tanto dirigida a proyectos y resolución de problemas. Es una metodología que ya estamos aplicando: saber escuchar, saber analizar los problemas para afrontarlos y resolverlos. Aprendes a dialogar, a trabajar en red, a ver cómo podemos caminar en la comunidad, a analizar cómo te acercas más a las hermanas, porque a veces resulta que, aunque parezca que no, pues cuando hay un problema, nos distanciamos, cuando lo que hay que hacer es acogernos, entendernos, hablarlo...».
Más de un centenar de monjas y monjes ya están participando en esta iniciativa y el diálogo está abierto a quienes aún no se hayan unido. Más allá de la oferta formativa, han propiciado la existencia de grupos de escucha y discernimiento interinstitucionales en ámbitos educativos o conventuales, espacios que están haciendo posible la creación de iniciativas sinodales inéditas en España, como ya ocurre en otros países.
María Susana, cuando comparte lo que les está aportando, comienza por ella misma: «A mí, personalmente, que dentro de mi pequeñez, pobreza y torpeza, Dios me ha escogido como un puntito de luz en medio de la noche para que, en la medida de lo posible, vaya iluminando a las hermanas en mi comunidad y vayamos juntas aprendiendo que es posible resolver los problemas y desafíos, dialogar desde una actitud de escucha mutua, que la fraternidad es posible también en mi comunidad, porque procedemos de distintos países (España, Perú, Madagascar y Kenia) porque Cristo nos une y, en esa diversidad, nos consagramos en la Verdad 'para que todos los hombres crean'».
Ella ha comprobado que la sinodalidad, de la que se habla sin parar en todos los ámbitos eclesiales desde que el Papa Francisco la propusiera como tema central, es posible incluso en un pequeño monasterio en un pueblo de la provincia de Málaga, lo que anima a todas las comunidades a crecer en este modo nuevo de ser Iglesia. «La sinodalidad es posible en la Iglesia porque Dios nos llama desde el Amor a ser hermanos en Él, nuestro único Padre, para que unidos caminemos juntos hacia la salvación», apostilla.
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