Mariela Checa, decana del Colegio de Psicólogos de Andalucía Oriental
«Es un auténtico drama que tu salud mental dependa del poder adquisitivo»«En todas las familias existe una persona con sintomatología psicológica y emocional», afirma Checa
A muchas personas les resulta más fácil hablar de su salud mental. Prestan más atención a su bienestar interior, reconocen las señales de alerta y ... buscan ayuda de psicólogos, psicoterapeutas o psiquiatras. Esta nueva apertura y desestigmatización representan un gran avance. Para saber si esta introducción está en lo cierto o es una mirada a través de unas gafas de color arcoíris, resulta útil entrevistar a Mariela Checa (Málaga, 1973), una de las personas con más experiencia sobre el terreno en la provincia.
–¿Psicología es la vocación de querer ayudar a los demás?
–Diría que la psicología es una profesión de servicio. Ayudamos a las personas que tienen problemas a intentar encontrar solución para sus problemas.
–¿Envidia a veces a los traumatólogos? Una radiografía y ya tienen el diagnóstico.
–En la psicología hay aspectos más subjetivos porque el síntoma te lo describe el propio paciente. El psicólogo, con su formación, da orden y sentido. Tenemos herramientas para identificar un trastorno o una patología. O bien, cuando no los hay, dar con el tipo de síntoma que cuadra con algunos problemas y sabemos como resolver.
–¿Qué diferencia a un psicólogo de un coach?
–Los psicólogos no damos consejos. Hacemos intervención psicológica y tratamiento psicológico. Somos una profesión sanitaria. La palabra de psicólogo se utiliza con mucha vulgaridad. El abogado dice que ejerce de psicólogo, el peluquero… Ese tipo de comparaciones desvirtualiza la profesión.
–Si usted padeciera una enfermedad psíquica, ¿se lo contaría a sus compañeros de trabajo?
–Lo haría, claro. Yo tengo un proceso terapéutico hecho. Conozco los beneficios que tiene a nivel personal. Todos hemos tenido algún momento en nuestra vida en el que hemos necesitado una orientación y una ayuda.
–¿Digiere bien trabajar a diario con el sufrimiento?
–Hacemos sesiones clínicas entre los propios compañeros. Nos damos apoyo terapéutico entre nosotros. Los que cuidamos a los demás también tenemos que cuidarnos.
–¿Diría que en todas las familias hay alguien con problemas de salud mental?
–Diría que en todas las familias existen personas con sintomatología psicológica y emocional. No necesariamente un trastorno pero sí con sintomatología. Que hayan sufrido ansiedad en algún momento, que hayan tenido momentos de etapas difíciles, que hayan tenido un pico de estrés…
–Desde la pandemia, la salud mental se convirtió en un tema central en el debate público. ¿Cree que mantiene esa vigencia?
–Lo que ha visto desde la pandemia ha sido un gran desajuste entre lo que demanda la población a nivel de salud mental y lo que proporcionan las administraciones e instituciones. La gente pide cada vez más ayuda. Sobre todo, las generaciones más jóvenes. Eso me parece un punto muy importante.
–¿Cómo describiría el estado actual de la sociedad en relación a la salud mental?
–Creo que estamos en un momento social en el que se han intensificado muchos problemas psicológicos y emocionales. Vemos problemas en edades cada vez más tempranas. Hace 20 años no había tanta problemática psicológica y emocional. Tiene mucho que ver con el cambio que ha dado la sociedad, con el cambio de estilos educativos, con el cambio de los sistemas de familia y en los sistemas de refuerzo.
–¿Enfermamos más o ahora hay menos reparos en hablar del tema?
–Las dos cosas. Ahora tenemos menos reparos en hablar pero también hay una mayor predisposición a ciertos problemas emocionales y psicológicos. Las generaciones más jóvenes tienen una gran disposición a hablar. También es verdad que hemos hecho una generación muy vulnerable. Los jóvenes toleran muy mal el fracaso y la frustración. Tienen grandes dificultades para resolver problemas y esto tiene mucho que ver con el sistema de sobreprotección que se ha generado desde hace prácticamente diez años para este momento.
–¿Cómo influyen las redes sociales en nuestra salud mental?
–Las redes sociales proporcionan una sobreestimulación constante. Estamos sometidos a vídeos de una manera permanente. Han aumentado los problemas de sueño, que es algo realmente preocupante. La falta de sueño es uno de principales factores de riesgo. Si no descansamos bien vamos a tener algún tipo de problema. La ansiedad y el estrés están relacionados con la falta de sueño.
–¿Le cuesta hablar más a los hombres que a las mujeres?
–Todavía les cuesta más, sí. Aunque esa diferencia de género se iguala cada vez más. Los pacientes que más vienen a pedir ayuda siguen siendo femeninos. Aún persisten los antiguos estereotipos del hombre protector. Somos el resultado del aprendizaje adquirido. Cuando hablo de mis emociones me muestro vulnerable. A las mujeres nos han enseñado a hablar de nuestras emociones desde pequeñitas. A los hombres, sin embargo, no.
«La falta de sueño es uno de los principales factores de riesgo; aumenta la probabilidad de sentir ansiedad»
–Conceptos de la psicología tienen mientras tanto un sitio fijo en las redes sociales. «Trauma, ansiedad, masculinidad tóxica, relaciones tóxicas…». ¿Esto no banaliza las enfermedades psíquicas?
–Claramente, sí. El sobreuso de conceptos nos lleva al riesgo de normalizar situaciones que no lo son. Pasa claramente con el tema de la ansiedad.
–«Tengo ansiedad» puede ser una de las frases más pronunciadas en el día a día...
–Hemos normalizado tener un nivel medio o alto de ansiedad. Como es algo que escuchamos en todos lados, pues no pasa nada. Entonces, es muy fácil que, en algún momento, te veas desbordado. Vas almacenando y almacenando, pero no tienes recursos para regular esa ansiedad.
–¿Qué es realmente la ansiedad?
–La ansiedad es una respuesta adaptativa. No es negativa en sí misma. Lo que nos perjudica es cuando no sabemos afrontarla y regularla. Acumulamos tensión y es algo que puede ser muy limitante, hasta el punto de afectar a nuestras actividades más cotidianas.
–¿La salud mental es un lujo que depende del poder adquisitivo?
–Absolutamente. Esto es una reivindicación permanente desde que me puse al frente del Colegio. Con la última consejera de Salud, que ha salido ahora, era imposible la comunicación y el trato que se le ha dado a la salud mental. Nuestro mayor apoyo a las mujeres con el tema del cribado, pero me da un poco de envidia la capacidad de poner el asunto en el foco y de la concienciación social. Que algo tan importante como la salud mental dependa de tu poder adquisitivo es un drama absoluto. Faltan profesionales de psicología clínica en el sistema sanitario. En Málaga, en el sistema público, tenemos a 3,8 por cada 100.000 habitantes. A nivel nacional está en seis y a nivel europea en dieciocho.
–En los últimos años se han caído redes de apoyo que antaño podían ayudar en determinadas crisis existenciales. Pienso en la iglesia o en esa casa en la que convivían varias generaciones bajo un mismo techo.
–En muchos casos, hemos perdido estos factores de protección, claro. Cuando alguien iba a confesarse, por ejemplo, también, buscaba alivio. Incluso, podría ser que obtuviera cierta orientación. El sistema de estructuras familiares ha cambiado. No digo ni que a mejor o a peor, pero hay redes que se han perdido.
–¿Cree que la palabra depresión se está utilizando con demasiada ligereza?
–Pienso que sí. Una depresión es un estado de desesperanza significativo que te limita la posibilidad de disfrutar de las cosas agradables que tienes en la vida. Es una desgana generalizada que afecta a todos los ámbitos de tu vida. A la familia, al trabajo… Es un estado de sufrimiento que se puede alargar durante muchísimo tiempo. Es un trastorno bastante complejo para que llamemos depresión a cualquier bajada anímica.
«La palabra psicólogo se utiliza con mucha vulgaridad; nosotros no damos consejos, intervenimos»
–¿El estigma de la persona que padece una enfermedad mental persiste?
–Todavía existe, claro. La prueba está en las dificultades para encontrar trabajo que tienen las personas que han padecido un trastorno mental. Es muy complicado. No sé si el propio sistema debería ser más cuidadoso con ciertos diagnósticos. Lo que sí está claro es que tiene que estar mejor preparado para ayudar a estas personas.
–Es curioso cómo se percibe un diagnóstico de una manera u otra según las palabras que se emplean. Si decimos que alguien tiene aguante para beber nos parece alguien fuerte. Ahora, si decimos que es un alcohólico transmite debilidad.
–Fíjate, es algo que ocurre mucho. Por ejemplo, cuando hablas de bullying es llamativo como se hermetiza todo el sistema. Sin embargo, puedes hablar sin problema de que hay chavales que son menos habilidosos.
–¿Los centros educativos deberían contar con un psicólogo?
–Esa es nuestra utopía y también la de los maestros. Los docentes están muy desatendidos. Ellos tienen que saber de lengua, de matemáticas, de historia… pero no tienen que saber de psicología. El sistema debería garantizar que en los centros educativos se pueda brindar ayuda realmente efectiva.
–¿Cómo está afectando la irrupción de la IA en el campo de la psicología?
–La IA supone un riesgo muy grande. Mucha gente piensa que puede sustituir al psicólogo por la inteligencia artificial. Nada más lejos de la realidad. Un proceso terapéutico no se puede realizar por una máquina.
–¿Cuáles son las principales adicciones que padecen ahora los malagueños?
–El alcohol sigue siendo la principal adicción. Ha disminuido el consumo de cannabis. Y, obviamente, vemos como han irrumpido las adicciones relacionadas con las nuevas tecnologías.
–Usted lleva cuatro años como decana del Colegio de Psicólogos. ¿Qué balance hace?
–Creo que le hemos dado una vuelta de 360 grados. Se ha convertido en un colegio innovador, cercano y abierto. El Colegio necesitaba un cambio porque llevaba mucho tiempo atascado, poco transparente. El cambio ha sido drástico. Nuestra lucha contra el intrusismo ha sido muy insistente.
–¿Va a volver a presentarse a las próximas elecciones?
–Sí, me voy a presentar otra vez. Quedan cosas por hacer. Quiero que la psicología esté más presente en otros ámbitos. Por otro lado, tenemos que arreglar el tema de los psicólogos sanitarios. Hay un cuello de botella en el tema del máster. No todo el mundo se puede costear un máster privado.
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