Diario de un viaje único: del Materno a Santiago

La expedición de pequeños peregrinos que han pasado por la planta de oncología infantil del Materno, organizada por AVOI

ANGEL IDIGORAS

Final Vuelta a Málaga

Llegamos. Por los pelos porque llegamos a la estación de Atocha casi cuando arrancaba el AVE. Hasta Madrid, en autobuses. Con las mochilas cargadas de momentos mágicos. Los adultos han seguido cantando y haciendo el ganso hasta la Estación María Zambrano. Los peques, más cansados, hablaban de sus cosas o dormían. Este viaje ha hecho a los niños ser más mayores y a los mayores no olvidar su infancia. Alguien decía que las edades no se sustituyen, sino que se acumulan, de forma que un anciano sería también un niño, un adolescente, un joven, un adulto... Parece que tenía razón.

Todo es alegría en el tren, el viaje de estos Marco Polo del Materno llega a Málaga. Algunos de estos niños han podido llegar a Santiago porque alguien, en cualquier parte del mundo, dio el paso de hacerse donante de médula. Es muy fácil, sólo un pinchazo y unas pocas horas de espera en el centro. Yo quise hacerlo, pero estuve más pachucho de la cuenta y no me dejaron. Todo este viaje de nuestros niños ha merecido la pena por ellos, por sentirse irreductibles, pero si gracias a ellos una persona dona médula y se salva una vida en Pakistán, en

Guatemala o en Campanillas, será el viaje perfecto.

Gracias a Pachi por haber hecho las viñetas de mi sección, y gracias al equipo médico y a todos los voluntarios, a los de AVOI: Juan, Desirée, Belén, Paula, Magda, Dani, Edu, Maricarmen, Jeets, lvon, Jesús, Borja, Susana, María, Adalid, Marifrancis, Suham, Manolo, Paco, José Luis, Sandra y Antonio; a los de la Asociación Jacobea de Málaga: Santiago, Chancho y Antonio; a los de la Fundación La Caixa: Sandra, Manolo, Paco Paula, Antonio y José Luis ; y a los que han ido por libre: Sergio, María, Sonia,Chiqui, etc.A las familias por el ejemplo y él humor y, sobre todo, a sus hijos. A sus hijas. Hemos aprendido mucho y ha sido para mí un privilegio contarlo.

Etapa VII Monte do Gozo-Santiago

Tras siete días de largas caminatas, los aventureros de oncología infantil conquistan Santiago para celebrar la vida y pedir que donemos médula.

Desde Monte de Gozo se ven las Torres de la catedral, un esfuerzo más y esta aventura llegará a su destino. Cada uno de los 204 caminantes olvida sus pies doloridos tras una semana pisando Galicia, porque todo lo ocupa la emoción, la íntima y la que perciben en los demás. Intento adelantarme a la expedición para verla llegar. Me acompañan Juan, el fundador de AVOI, Desi, que lleva veintitantos años de voluntaria y los tres magos –para los peques, los tres Reyes Magos–.

Suena una gaita callejera que va mezclándose poco a poco con el griterío y las canciones de los peregrinos del hospital. Pronto deja de oírse porque la algarabía malagueña inunda los alrededores y sabemos que faltan segundos para que nuestros superhéroes superen el que seguramente es el segundo reto más importante de su vida.

Por fin se dejan ver los que van en cabeza, acompañando sus pasos con su vocerío y las canciones que han ido componiendo para el momento. La Plaza del Obradoiro estalla de color, a muchos padres, muchas madres, a la gente valiente del voluntariado, del equipo médico y a algunos chaveas se le desbordan las lagrimillas alegres. Dani hace años sólo podía mover los ojos, hoy ha acabado el Camino a pie. Nico, durante el trayecto, ha vencido a la silla de ruedas. Para todos en un triunfo, incluso para los padres que perdieron a algún hijo y son tan generosos que han venido por el resto de los niños.

Luca se cortó su melena.

Las torres de la Catedral bailan de alegría. Se consiguió. ¡Enhorabuena!

Etapa VI O Pedrouzo-Monte do Gozo

Ya cerca de la meta, cada día que pasa los vínculos se estrechan y ampliamos el número de amistades. Hacemos noche en Monte do Gozo, con ese nombre seguro que disfrutamos. Hoy, 16 kilómetros de caminata por senderos bordeados de árboles frutales y troncos en los que se adivinan rostros de fantasía. A diario, padres y voluntarios trasladan en cinco furgonetas las mochilas, los sacos, la comida, las ollas, el oxígeno que necesita nuestra amiga Sonia y no sé cuántas cosas más. Cada día es como montar un campamento para un ejército de renacuajos y mayores dispuestos a pelear para conquistar la alegría.

Dos rectificaciones. Ayer olvidé nombrar a Alicia en el equipo sanitario, lo siento. La segunda es una corrección que me manda Jorge, de la Asociación del Camino de Sarria, que nos está ayudando en los asuntos logísticos, tan complicados. Dice que el certificado que dan a los peregrinos al llegar se llama 'compostela' y no 'compostelana' como conté.

Una de las historias más emocionantes que he conocido es la de Luca, un niño de 9 años, creo, que ha pasado mucho tiempo en tratamiento, sin pelo en la cabeza. No se lo ha cortado desde que le empezó a crecer, quizá para compensar tanto tiempo añorándolo. Ahora luce una melena que le llega a la cintura. Le contó a su madre que, si conseguía acabar todas las etapas a pie, al llegar a Santiago se lo cortaría para donarlo a alguna asociación que fabrica pelucas solidarias para enfermos de cáncer. Son personas generosas, que regalan luz.

Y a propósito de luz, anoche, en la cena, nos acompañó una pandilla de luciérnagas, sorprendidas de tanta amistad.

Etapa V Melide-Arzúa

Los más de doscientos peregrinos malagueños han cubierto en esta jornada 20 kilómetros y llegan a la provincia de La Coruña con más alegría que cansancio. La expedición prosigue sin más contratiempos que los podológicos. Hemos dormido todos en el polideportivo de Arzúa, donde asistimos a un coro de ronquidos que ha sido, hasta la fecha, lo peor organizado del viaje por sus constantes desafinaciones.

Como cada día, todos quieren pararse a sellar su 'credencial del peregrino' y conseguir 'La Compostelana', que certifica que se ha hecho el Camino. Poco a poco van dejando atrás los mojones que indican cada quinientos metros los kilómetros que quedan para la meta, lo que evita la pregunta más pronunciada en la historia de los viajes con peques: «¿Cuánto queda?».

Ya escribí sobre Nico, un encanto de niño, guapísimo además, que está saliendo victorioso de su lucha y de sus esfuerzos por alcanzar cada día el destino. Hace poco estuve hablando con él sobre dibujos y sobre la tableta esta que estoy estrenando para hacer estas ilustraciones, que tanto me cuesta entender. Su padre me contó algo de la historia y me prendó lo que me dijo de Salvi, su otro hijo, mellizo de Nico. En el grupo hay quien se ha apuntado para cumplir una promesa, un chavalillo lo hace por su abuela... Salvi lo hace por Nico, por su hermano, sabe que le da los mismos ánimos y fuerzas que recibe de él y que juntos son invencibles. Estos dos seguirán haciendo todos los caminos de la vida juntos.

Cada uno de los viajeros tiene una historia apasionante que merece ser oída.

Etapa IV Palas de Rei-Melide

Por fin una etapa algo más corta que las anteriores, por los bosques donde se guardan los cuentos aún no inventados.

Palas de Rei se llama así porque aquí tuvo un palacio bastante godo el Rey Witiza. Hasta Melide hay una senda de 15 kilómetros que, como comentan los aventureros, «parece un cuento de hadas». Las ramas de los árboles que bordean el camino a derecha e izquierda se enredan formando una bóveda, bajo la que circula la caravana malagueña. Aquí es fácil entender que vivan seres fantásticos como las mouras, hadas que habitan bajo el suelo, o los diaños, duendecillos burlones que se transforman en animales.

Por el camino también aparecen personajes de cuento, pero reales, como el «habitante de la tierra» nacido en Rumanía que inventó 'La huella del peregrino', una tiendecita encantada cuyos beneficios se destinan a la compra de prótesis.

Todos, en este lío, trabajan mucho. Algunos pelan patatas, alguien pone tiritas en el dedo gordo, alguien conduce la furgoneta al pueblo anterior porque alguien olvidó su saco de dormir, el mago Pablo Clabó entretiene con ilusiones a María hasta que aparezca su madre (cuando aparece no quiere alejarse de alguien a quien no olvidará en su vida).

Un día estaba yo en el Materno (no voy mucho, tengo que hacerlo más a menudo) con un niño que llevaba dos o tres meses hospitalizado. En ese momento llegó su doctor y le dijo, muy sonriente: «¡Buenas noticias, el martes te vas a casa!». El niño le suplicó: «¿Y no podría irme el miércoles, que el martes actúo en un teatro con AVOI?». Por eso quería contar el viaje.

Etapa III Porto Marín-Palas del Rei

La caravana andante de oncología infantil de AVOI afronta una caminata dura en esta jornada, pero nada que no pueda superarse con ganas y con humor.

La de hoy es la etapa reina del viaje, 25 kilómetros para arriba y para abajo, que parecen trazados más para Indurain que para nuestros exploradores de oncología infantil . Alguien tuvo una buena idea: es mejor que los más chiquitillos empiecen en autobús y se bajen kilómetros antes de la llegada, a que empiecen caminando y sean recogidos cuando están ya muy cansados, así disfrutan de la sensación de haber alcanzado la meta y todos se sienten campeones. Lo que son.

Tenemos unos pocos expedicionarios que van en silla de ruedas. Algunos, como Nico, sacan sus superpoderes y caminan mucho más de lo previsto. Hoy se picaron, compinchados con los que empujaban sus sillas, a echar una carrera, uno adelantó a los otros con algo de vacile, y los demás decidieron no ser menos. Pocas veces habrán visto las ardillas del Noroeste una carrera tan divertida como los Autos Locos. Entre bromas, amistad y dolor de pies, van llegando al Polideportivo de Palas de Rei, donde colocan los sacos en los que descansarán. Antes, el equipo sanitario del Materno revisa los pies de quien lo necesita y, después... taller de magia con Pablo, Luisma y Kayto, tres grandes artistas tan sorprendentes como sorprendidos con la vitalidad y el entusiasmo de su público.

En la cena, un mago pregunta a un voluntario de AVOI si los niños que siguen en tratamiento están preparados para estas hazañas, y éste nos habla de una niña, que por primera vez en mucho tiempo, no ha sufrido sus ataques. Será la emoción, que es terapéutica.

Etapa II Sarria-Porto Marín

La expedición de pequeños pacientes se echa andar. El camino tiene tantas subidas y bajadas que parece una montaña rusa, pero es un monte de Lugo.

Toca caminar 22 kilómetros por los bosques gallegos, tan frondosos que en cualquier momento puede aparecer por aquí Johnny Weismuller en una liana. «Ya podría el apóstol haber sido enterrado en La Mancha, tan llanita», piensa alguno, aquí Rocinante habría hecho huelga a la tercera cuesta. Por si fuera poco, anoche un anciano de Sarria nos anunció lluvia y acertó, así que los caminantes van llegando agotados. Mientras escribo, Jeets, del que hablaré otro día, sigue recogiendo rezagados con su furgoneta escoba.

Juan, el presi de AVOI, me cuenta con emoción los esfuerzos de algunos peques y me enseña en un vídeo cómo Yerai, que tiene problemas de movilidad, rehusa cualquier ayuda para hacerle la caminata más llevadera. Como él hay otros, que ganan grandes batallas a la enfermedad con sus dos bastones de peregrino. Portomarín es ahora un pueblo alto. Antes,no, antes se encontraba unas cuestas más abajo. No es que, como aquí todo parece encantado, el pueblo decidiera por su cuenta subir a la montaña. Es que lo inundaron con una presa y subieron hasta aquí cuantas cosas románicas pudieron. Una leyenda cuenta que el alma en pena de algún despistado que no salió a tiempo, se deja ver a veces, pero aquí sólo vemos almas en alegría.

Esta tarde recibiremos dos visitas: la del chef Sergio Garrido, que va a elaborarnos unas pociones mágicas exquisitas y la de una tropa de ilusionistas dispuestos a llenar de risas y asombros las tardes de la expedición. Al frente de todos, el mejor, Kayto, otro del que tengo que hablar.

Etapa I Llegada a Sarria

Estamos en Sarria, provincia de Lugo. Muy cerca de aquí vivió Maricastaña, en tiempos de ella misma. Muchos cuentos empiezan nombrándola para situar la historia años atrás, sin embargo, los cuentos que vamos a vivir, recorriendo los últimos 110 kilómetros del Camino de Santiago, lo que comparten con ella es el espacio. Los protagonistas, 85 peques valientes que han superado o están superando una enfermedad y que han conocido AVOI –Asociación de Voluntarios de Oncología Infantil– en la planta cuarta del Materno. Personajes de este viaje serán también los 80 familiares, 12 doctores y personal de enfermería, guías, cocineros, una tropa de ilusionistas, cinco voluntarios de La Caixa y los veintitantos voluntarios de AVOI que han inventado esta aventura.

A lo largo de estos días irán apareciendo por estas páginas.

Ya estamos alojados en los albergues, mires donde mires, ves un albergue. Todo el pueblo es de piedra, los muros, los suelos, las iglesias... Hasta un señor parecía hecho de piedra. Le pregunté la hora y resultó ser una estatua.

Conocí AVOI hace quince años, tras la llamada de Carlos, un antiguo amigo de la EGB. Me pedía ayuda para la asociación, su economía ascendía a un par de euros. Entonces supe que se trata de un caso único, es la asociación de voluntarios hospitalarios más numerosa de España. Unas 170 personas visitan todos los días del año, por la mañana y por la tarde, a los pequeños pacientes del Materno, juegan con ellos, ayudan a las familias, les escuchan y les organizan aventuras como esta.