Colegios malagueños le ganan la partida al ruido en clase con pelotas de tenis

Pelotas en las sillas en el colegio El Pinar de Alhaurín de la Torre./
Pelotas en las sillas en el colegio El Pinar de Alhaurín de la Torre.

Los docentes destacan los múltiples beneficios de esta sencilla medida, que mejora el ambiente en el aula, la concentración y el rendimiento de los alumnos

Almudena Nogués
ALMUDENA NOGUÉSMálaga

Cuando la seño María entró a clase arrastrando una bolsa de grandes dimensiones sus compañeras la miraron desconcertadas. Era su primer día en el cole y llegaba a Infantil con un curioso equipaje, heredado del anterior centro en el que había estado trabajando. La sorpresa llegó cuando abrió la cremallera. En su interior, un centenar de pelotas de tenis rajadas a conciencia. ¡Y no precisamente para jugar! Aunque su función también fuese ganar una partida: la del molesto ruido ocasionado por el arrastre de las sillas en el aula. «Nunca imaginamos que una medida tan sencilla y asequible fuese tan eficaz», destacan desde el CEIP Algazara.

Aquella práctica supuso un descubrimiento para el profesorado de este centro público de Alhaurín de la Torre. «Cuando entrábamos a la clase de la seño María era otro mundo. Las profes de apoyo solo querían que les tocara estar allí porque la diferencia era brutal. Las pelotas hacen de pantalla y amortiguan así el desagradable chirrido de las sillas y mesas al rozar el suelo. Y supone un gran alivio, para docentes y alumnos. Se nota una barbaridad», subraya Carmen Salguero, coordinadora de infantil de Algazara. Tanto, que las pelotas de tenis no tardaron en colarse en el ordel del día de la reunión de ciclo con dirección. «Tras comprobar los múltiples beneficios que aportaban y cómo mejoraban el ambiente en clase propusimos comprar pelotas para las seis aulas de Infantil y nos los aprobaron para este nuevo curso». explica Salguero.

Las bolas amarillas llegaron a este centro hace un mes. Entonces las maestras tuvieron que asumir el paso más complejo de esta iniciativa antirruido: hacerles a cada pelota un pequeña raja de 1,5 centímetros para meterlas a presión en las cuatro patas de cada silla. A una media de 25 alumnos por clase, 100 cortes. «Es la parte más entretenida, pero merece la pena. Hay que hacerles la apertura justa para que así luego no se caigan cuando ponemos las sillas vueltas sobre las mesas», detalla Salguero, quien dos semanas después de tenerlas colocadas ya habla de un cambio «abismal». «Los niños están más tranquilos y relajados y el trabajo en el aula es mucho más agradable. Además, a ellos les encantan porque son muy llamativas», agrega esta docente.

Pelotas en un aula de Infantil del CEIP Algazara.
Pelotas en un aula de Infantil del CEIP Algazara.

Pero el CEIP Algazara no es el único centro de la provincia que se ha sumado a esta peculiar 'marea amarilla', que da un segundo uso a las pelotas de tenis. En España las primeras experiencias con ellas en el ámbito educativo datan de 2014, cuando empezaron a aparecer ejemplos en diversos blogs especializados y canales de Youtube -donde hay hasta tutoriales de cómo hacerlo. Una práctica para reducir la contaminación acústica a la que han recurrido especialmente maestras con niños con algún tipo de discapacidad auditiva o problemas de atención.

El Colegio El Pinar, también en Alhaurín de la Torre, lleva ya dos cursos comprobando los beneficios de esta medida. Su impulsora fue Faroza Khan, profesora de tercero de Primaria. Esta maestra decidió poner las pelotas en las sillas de su clase, a modo de prueba piloto. Y el éxito fue tal que todos sus compañeros de ciclo acabaron haciendo lo mismo. En su caso, ella misma fue a varias escuelas de tenis -como el Club de Tenis Capellanía, en Alhaurín, «que colaboraron muy bien»- y pidió el apoyo de los padres para recopilar pelotas rotas o sin uso. También tiró de su pareja, ingeniero, quien le ayudó a rajar las bolas con una máquina. Todos pusieron su granito de arena.

En España las primeras experiencias con pelotas en el ámbito educativo datan de 2014; una práctica especialmente útil con niños con alguna discapacidad auditiva o problemas de atención

¿El resultado? Según Faroza, «muy recomendable». «El ruido que se genera en clase al arrastrar tantas sillas es muy molesto y afecta mucho a niños más nerviosos o con trastornos de conducta. Antes era un caos. Desde que tenemos las pelotas, sin embargo,la dinámica de clase ha mejorado, al igual que la propia comunicación entre los niños o actividades tan cotidianas como la lectura que ahora podemos realizar en un clima mucho más agradable», enumera.

Y más ejemplos: en Marbella, según ha podido saber este periódico hay al menos otros dos centros ya con pelotas de tenis en las sillas: el Colegio María Auxiliadora I y el Colegio Platero de Las Chapas. Este último lleva disfrutando de las ventajas de esta medida desde principios de año, cuando Ana Martín, tutora de segundo de Primaria, decidió introducirlas en clase. No solo para atajar el ruido. Y es que como destaca esta docente, sus posibilidades educativas son múltiples: «Cada niño se ha responsabilizado de las cuatro pelotas de sus sillas. Las han traído de casa, se han encargado de ir al conserje y de pedirle que les haga los cortes (trabajando con ello tanto la expresión oral como las unidades de medida dado que han usado cintas métricas) y, además, se han concienciado del mal de la contaminación acústica y de la importancia de reutilizar y reciclar objetos que pueden tener una segunda vida», explica Martín.

En todos estos centros, pues, el primer set ya tiene dos claros ganadores: el silencio... y la Educación.