Los padres se implican ya más en los hijos y saturan a los jueces de familia

Los padres se implican ya más en los hijos y saturan a los jueces de familia

Los tribunales reciben al año 2.500 casos en Málaga por el aumento de asuntos en los que los 'ex' reclaman también su papel con los menores

ANA PÉREZ-BRYAN

El cambio de colegio. Una comunión o un bautizo. El viaje de fin de estudios. Un tratamiento médico... Tener hijos sumerge a los padres en una espiral constante de toma de decisiones sobre las que no siempre hay acuerdo. Si en el escenario de la convivencia convencional a veces se producen roces y discrepancias, resulta fácil imaginar hasta qué punto puede llegar el desencuentro cuando entre los dos cónyuges media una situación excepcional como un proceso de divorcio.

Decálogo del buen divorcio

1.- El divorcio es algo más que un proceso legal

El juez y los abogados sólo le resolverán las cuestiones legales, pero no las afectivas. Ese proceso emocional no acaba con el dictado de la sentencia.

2.- El problema no es el divorcio, sino el mal divorcio

La ruptura de la pareja no debería ser perjudicial para los hijos. Es la mala manera de desarrollar esta separación lo que acarrea consecuencias negativas para los hijos.

3.- De común acuerdo todos ganan

Las rupturas de mutuo acuerdo favorecen el clima de diálogo entre los progenitores y generan un ambiente favorable a las relaciones de los hijos con estos, facilitando que cada uno asuma la situación.

4.- Se separan los padres, no los hijos

La separación supone la desaparición de un vínculo entre los adultos, iniciándose otro tipo de relación entre padres e hijos. Procure que sus hijos mantengan buena relación con el otro progenitor.

5.- La separación no implica la pérdida de ningún progenitor

Los padres deben asegurar a sus hijos que seguirán siendo queridos, que no son culpables de nada y que ambos progenitores seguirán ocupándose de sus vidas.

6.- Los hijos no son propiedad exclusiva del padre o de la madre

Las actitudes de posesión sobre los hijos que excluyen al otro progenitor perjudican gravemente a los menores. Evite situaciones que implique despreciar al otro.

7.- El divorcio no pone fin a obligaciones compartidas

Los progenitores tienen la obligación de consultarse y comunicarse de manera honesta, fluida y abierta y regular las decisiones importantes sobre los hijos.

8.- Lo importante es la calidad de la relación con los hijos

La obstaculización, interrupción e inconstancia en el régimen de relaciones repercute negativamente en la estabilidad de los hijos y les genera graves perjuicios psicológicos.

9.- No utilizar a los hijos

Aunque la ruptura haya sido difícil, la prioridad son las necesidades de los hijos. No los utilice en el conflicto que le pueda enfrentar a su cónyuge o conviviente, ni canalice a través de los menores las tensiones que la ruptura le genere a usted.

10.- Facilitar la adaptación a las nuevas parejas

La introducción de una tercera persona en la vida de los hijos ha de hacerse con tacto y progresivamente, a ser posible cuando la relación esté suficientemente consolidada.

En estos casos, los problemas se multiplican hasta el punto de que muchas de estas decisiones cotidianas terminan en manos de un juez cuando en realidad en todas ellas tendría que dictar sentencia el sentido común y no la ley. Sin embargo, esta tendencia es creciente y no es más que el resultado de un fenómeno que pone sobre la mesa sobre esa misma donde se acumulan procedimientos breves interpuestos por uno de los dos progenitores el magistrado de familia José Luis Utrera. Titular desde el año 97 del Juzgado de Primera Instancia número 5 de Málaga y con una amplísima experiencia en buenos y malos divorcios, el magistrado lo explica con la precisión del que conoce al milímetro el terreno que pisa: «La mayor implicación de los padres que se separan en la crianza de sus hijos ha colapsado los juzgados de familia». El juez Utrera se refiere a ellos como la parte que ahora reclama su papel en la educación del niño y echa la vista atrás para contraponer esa situación a aquella otra en la que las custodias eran asumidas mayoritariamente por las madres y el no custodio «desaparecía prácticamente de la vida del menor».

Y ni una cosa ni otra ni el litigio por la mínima causa ni la ausencia casi permanente son las situaciones ideales cuando se asume que el bien mayor por el que hay que velar es el bienestar de los niños, los auténticos damnificados en el caso de que sus padres no afronten la separación en los términos adecuados.

En este escenario, parece claro que una cosa es un divorcio, que por supuesto necesita el concurso de un juez, y otra es la discusión sobre si el niño va o no al viaje de fin de estudios o si se pone o no un corrector dental. Estos últimos desencuentros son los que sobrecargan los juzgados de familia en Málaga, que en los últimos tiempos están resolviendo a razón de 2.500 asuntos al año, un 150% más de los 1.100 que deberían llegar hasta la sala de juicios. La saturación ha llegado al extremo que muchos padres han convertido a los jueces de familia «en un tercer progenitor dirimente», lamenta el magistrado Utrera, quien por supuesto distingue entre temas aparentemente cotidianos como dónde hace la comunión un hijo de otros que necesitan un pulso a medio camino entre juez y cirujano, como la decisión de un aborto en una chica de 15 años cuando los padres mantienen posturas enfrentadas.

«La lava siempre está ahí»

Sea como fuere, el especialista tira de símil para comparar muchos de estos conflictos con los volcanes: «La lava siempre está ahí, porque el problema de fondo no se ha solucionado». Y ese problema de fondo reside en parte en la creencia errónea de que es el juez el que terminará por resolver todos y cada uno de los enfrentamientos. «En los juzgados se resuelve la parte legal, pero las parejas que se divorcian llegan con otra serie de problemas en lo afectivo o emocional que no se resuelven con una sentencia», observa el magistrado incorporando a su discurso el concepto de la «mediación».

Esta herramienta es, de hecho, una de las más eficaces a la hora de solucionar conflictos antes de que lleguen a la sala de juicios. Incorporar al proceso a un profesional imparcial que sea capaz de acercar las posturas entre los cónyuges funciona en muchos casos, y profesionales como el propio magistrado Utrera defienden a ultranza el uso de esta fórmula siempre que sea posible. Pero además de la mediación, en los juzgados de familia de Málaga ya se empieza a hablar de una nueva figura que intervenga en el conflicto si el juez lo estima necesario. Es el coordinador de parentalidad, una opción pionera que apenas acaba de empezar a funcionar en Cataluña y que podría estar incorporada al sistema a medio plazo. Los detalles de esta nueva forma de solucionar conflictos se abordaron el pasado 26 de abril en unas jornadas celebradas en Málaga y que convocaron a abogados, trabajadores sociales o psicólogos, que en el caso de querer sumarse al programa tendrían que recibir una formación especializada.

La abogada Inmaculada Jiménez, presidenta de la asociación Solucion@ y coordinadora del ciclo, enumera los requisitos que han de darse para que el coordinador de parentalidad tome parte en el proceso y cuál es la principal diferencia con respecto al mediador: «En primer lugar es el juez el que a través de la sentencia impone que el coordinador intervenga, cosa que no ocurre en el caso de los mediadores, cuya participación sólo se sugiere, y además su trabajo tiene un carácter exclusivamente temporal». La especialista pone un ejemplo práctico: «Imagina el caso de unos padres que se están divorciando y que no llegan a un acuerdo sobre el tipo de colegio al que ha de ir su hijo.

El papel del coordinador de parentalidad no está en imponer su criterio, sino en hacer ver a ambos cónyuges la importancia de llegar a una solución conjunta. Para ello, elaboran un programa para intervenir en el problema y finalmente solucionarlo». Sólo así se protege el interés del menor y se evitan situaciones extremas que Jiménez, por oficio, está acostumbrada a ver en los procesos de divorcio: «Hay que ser conscientes de que si no se llega a un diálogo y a una implicación activa se puede terminar en un procedimiento incluso penal. Y esa gota que colma el vaso, a la que no es difícil llegar, puede suponer un auténtico drama para la familia», reflexiona la especialista.

Los daños en los niños

En este punto del debate, el magistrado Utrera aporta un diagnóstico inquietante que además da la medida de cuán necesario es que los padres negocien de una manera razonable: «A mi juzgado han venido niños de dos años que hoy en día, con 15, siguen aquí por los conflictos de los adultos». No hay que ser juez para adivinar que eso es un desastre para el menor. De hecho, el titular del juzgado advierte de que aún «está pendiente un estudio que concluya qué ha ocurrido con los hijos de los malos divorcios y qué consecuencias ha tenido eso en sus vidas».

Pero la mayor (y deseable) implicación de los padres en la crianza de sus hijos tiene muchos más frentes que abordar más allá de la pequeña litigiosidad que satura a los jueces de familia. En este sentido, también existen cambios que comienzan a ser significativos en el capítulo de custodias compartidas. En los últimos dos años esta fórmula se ha convertido en un recurso al alza, más aún si se tiene en cuenta que en el año 2013 apenas el 5% de los divorcios terminó con esta figura y hoy en día la proporción crece hasta el 40%, una estimación que aportan los profesionales a falta que en la próxima estadística se cierre el dato oficial. Las razones de este avance van más allá del dictado de los nuevos tiempos: el Tribunal Supremo (TS) estableció en 2013 y 2014 que la custodia compartida tenía que aplicarse como norma generalizada siempre que fuera posible, a pesar de que aún está pendiente la reforma del Código Civil en esta materia.

«En los últimos años se ha avanzado mucho», confirma el abogado y coordinador de la Sección de Derecho de Familia del Colegio de Abogados de Málaga, Juan José Reyes Gallur. Desde su amplia experiencia en la resolución de este tipo de conflictos, el especialista constata que «la tendencia hace unos años era más restrictiva porque muchas veces las custodias compartidas se pedían para soslayar el tema de la vivienda y la manutención de los menores y se recurría en cambio a un régimen amplio de visitas pero manteniendo la custodia monoparental (para uno de los dos progenitores)», pero las resoluciones del TS han acelerado en cierto modo la tendencia.

Recomendaciones

-Su comportamiento es un modelo de aprendizaje que sus hijos tratarán de imitar.

-Si ustedes dialogan sus hijos serán dialogantes.

-Favorecer la relación de su hijo con cada uno de ustedes.

-Mantener una coherencia en los criterios educativos.

-Transmitir cualidades positivas a su hijo del otro progenitor.

-Tomar decisiones entre adultos. No delegar en los hijos.

-Escuchar y comprender las protestas de sus hijos.

-Fomentar las relaciones con los demás miembros de la familia: abuelos, tíos o primos.

Más allá del cambio en la doctrina jurídica, existen también razones sociales que también en este caso están directamente relacionadas con el rol que ha asumido el padre en los últimos años en el cuidado de los hijos: «Ahora los hombres están más implicados en la educación y quieren pasar el máximo tiempo posible con ellos, es decir, ejercer su derecho en igualdad de condiciones porque la mentalidad está cambiando», sostiene el abogado malagueño David Armada, que sin embargo también admite cierto interés económico cuando los padres piden acogerse a esta fórmula: «Con la custodia compartida en principio no hay que pagar la pensión» (salvo excepciones).

Sea como fuere, Reyes Gallur insiste en que cada caso «es un mundo» y que hay que analizar todas las circunstancias para ver cuál es la opción más adecuada para el menor: las evaluaciones psicológicas de los padres, si hay incapacidades por parte de estos, las relaciones de apego o el estudio de las circunstancias que rodean la vida cotidiana del niño por ejemplo, la distancia entre los domicilios de los padres tienen su peso en la decisión final. En este escenario general, el coordinador de la Sección de Derecho de Familia del Colegio de Abogados explica que las custodias compartidas suelen concederse por semanas (con intercambio generalmente los lunes), dejando atrás otras fórmulas como las estancias trimestrales con un progenitor u otro y, sobre todo, el concepto de las casas nido (los menores se quedan en el domicilio familiar y los padres se turnan).

Mejor ser corresponsable

Lo que más perjudica a sus hijos

-Creer que la sentencia pone fin al conflicto familiar.

-Implicar a los menores en el proceso judicial.

-Delegar en ellos la toma de decisiones.

-Pelear, discutir y organizar escenas emocionales o violentas delante de ellos.

-Criticar al otro, alejarlos de él o ella o dificultar la relación.

-Presionar a los niños en busca de información.

-Mandar mensajes a través de ellos.

-Situarlos en medio del conflicto: utilizarlos como pretexto o como arma arrojadiza.

Pero a pesar de los avances en los últimos años, los especialistas abogan por un cambio de mentalidad mucho más profundo que trascienda el régimen por el que se rige el cuidado de los menores: se trata de incorporar los conceptos de coparentalidad responsable o corresponsabilidad parental, es decir, que los dos progenitores estén implicados en el cuidado y la educación de sus hijos.

Para completar esta radiografía social y legal sobre la mayor implicación de los padres en el cuidado de los hijos hay que hablar, por último, de la conciliación familiar, en este caso para ellos. La ampliación de los permisos de paternidad sigue siendo un reto pendiente, y cada vez son más las voces que piden un acercamiento a las políticas del norte de Europa, que conceden licencias mucho más amplias en el caso de los padres (en Noruega, por ejemplo, los padres tienen 112 días de permiso por el nacimiento de un hijo). Pero esta lucha ya ha comenzado a librarse en España aunque sea de manera testimonial: hace unas semanas una plataforma de padres interpuso una demanda en un juzgado contra la Seguridad Social para exigir permisos de paternidad intransferibles y rmunerados de 16 semanas (igual que la maternidad) porque consideran que los actuales son «una discriminación por razón de sexo». Con estas demandas, que ya rozan la decena en todo el territorio nacional, se busca que cambie la Ley de Seguridad Social y la Regulación de los Permisos y que se interprete de conformidad con el principio de igualdad que está recogido en la Constitución.