«Camboya es un país más seguro que España, pese a nuestros prejuicios»

Salvador Fernández destaca «la generosidad y el sentido del humor» de los camboyanos. /
Salvador Fernández destaca «la generosidad y el sentido del humor» de los camboyanos.

Salvador Fernández, fundador de la agencia de viajes Camboya Increíble

ALBERTO GÓMEZ

A Salvador Fernández le gusta distinguir entre turistas «solo les interesa ver lugares famosos» y visitantes «se preocupan por conocer la realidad del país al que acuden, aunque sea dura». Este empresario malagueño trabajaba en una multinacional cuando, en 2009, decidió instalarse de forma definitiva en Camboya, país que llevaba visitando siete años por proyectos de cooperación que él mismo impulsaba. Allí fundó una agencia de viajes, Camboya Increíble, dedicada a garantizar experiencias que no recogen las guías turísticas al uso: «Nuestros clientes buscan descubrir lugares auténticos y no se conforman con quedarse en lo superfluo». Ni siquiera aunque eso suponga toparse de bruces con la pobreza extrema, un reclamo que responde a la necesidad de los visitantes de comprender una realidad social que nada tiene que ver con la suya: «No todo el mundo está preparado, y hay que tener cuidado para no banalizar el asunto».

Quién es

Datos: Salvador Fernández, empresario malagueño.
Idiomas: En su agencia de viajes hablan inglés, español y khmer, la lengua de Camboya.
¿Qué está haciendo? Dirige la agencia Camboya Increíble, que pretende «descubrir un país único».
¿Cómo llegó a Camboya? Trabajaba en una multinacional en Málaga, pero en 2009 decidió mudarse al país asiático, que ya conocía.

Los viajeros tienen la oportunidad de personalizar su ruta y seleccionar los alojamientos y lugares que quieren conocer, «elegir desde los olores y sabores hasta la música o los paisajes». Para quienes quieran dar un paso más allá, asomarse a la brecha social en busca de una experiencia transformadora, también hay lugar, aunque, eso sí, conviene estar preparado para dinamitar prejuicios. Lo primero que sorprende, asegura Salvador Fernández, es el carácter de los camboyanos: «Es gente buena, agradecida y de sonrisa casi eterna, dispuesta a convertir cada situación en algo divertido». Los campos de arroz, «de un verde tan intenso que a veces, sobre todo tras las lluvias, incluso molesta», o los templos y monumentos de Angkor son paradas obligatorias «y algo absolutamente distinto a cualquier cosa que podamos encontrar en Europa».

En cuanto al estilo de vida, este empresario destaca la tranquilidad, «sin prisas ni preocupaciones excesivas», aunque en los últimos años el país «está creciendo mucho y de forma descontrolada». Salvador afirma que Camboya «es mucho más seguro que España», pese a que muchos turistas viajan hasta el país asiático con cierto temor: «Lo desconocido genera desconfianza y muchos viajeros se sienten inseguros cuando no saben interpretar qué ocurre a su alrededor, pero el número de delitos es ridículo si lo comparamos con países europeos». En este país, con una población cercana a los quince millones de habitantes y fronterizo con Tailandia, Laos y Vietnam, «no hay muchas leyes y la vida discurre por una norma no escrita que a los occidentales nos cuesta entender pero que hace que todo funcione».

Camboya

Ubicación: Se encuentra al sur de la península Indochina, en el Sudeste Asiático, y comparte fronteras con Tailandia, Laos y Vietnam.
Población: 15 millones de habitantes.
Capital: Nom Pen. También es la ciudad más poblada.

La desigualdad es el gran lastre de este país, que se independizó de Francia en 1949: «En Camboya los pobres son muy pobres y los ricos son realmente ricos, aunque existe una clase media incipiente». El pensamiento budista también resulta clave para comprender su estilo de vida. «Aquí no se piensa en el futuro». Salvador regresa a Málaga «al menos una vez al año» y admite que echa de menos «las interminables tardes en la playa», pero su futuro está escrito en khmer, la lengua austroasiática hablada en Camboya: «Es un idioma difícil de hablar, sobre todo porque usa sonidos y fonemas que nosotros no tenemos».

Lo más satisfactorio de trabajar en una agencia de viajes tan atípica, asegura Salvador, que vive con su pareja en el país asiático, es recibir las cartas de sus clientes: «Muchos nos dicen que ha habido un antes y un después en sus vidas, porque las cosas se ven de forma muy distinta aquí».

 

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