Cuando Ava Gardner se bebió la feria de Málaga

Ava Gardner, en Torremolinos. /
Ava Gardner, en Torremolinos.

Se cumplen 25 años del fallecimiento de la actriz y 65 de su paso por la provincia, en los que disfrutó de Torremolinos, los toros y las casetas

FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Interior, noche. Muy de noche; madrugada. Martiricos. Caseta de la Gran Peña. Agosto de 1955. El público baila las melodías de la Orquesta Ciudad Trujillo, que con maracas y aires dominicanos anima el local y le da un toque exótico a la Feria de Málaga. Pero la atención cambia su centro de gravedad del escenario a la entrada. Se ha hecho un vacío alrededor de una gran corte. En el centro, la reina: «Ha entrado Ava Gardner, guapa, majestuosa, simpática y cordial».

Con estas palabras describía el diario SUR la noche de feria de hace ahora 65 años en la que la Venus más inolvidable de la historia del cine se convirtió en la noria sobre la que giraban admiradores, fans y curiosos. Chapurreando español, sacando un cigarro ante el que se encendían tantos mecheros como en un concierto de Sinatra su marido por aquella fecha y sonriendo ante «tanto y tanto piropo que tiene que escuchar» decía la crónica del periódico, la mítica actriz, de cuya muerte se ha cumplido hace unos días un cuarto de siglo, le puso el toque de sensualidad a aquella fiesta por faralaes. Porque había venido a eso, de jarana. Y a descansar... pero después de la diversión.

Ava Gardner había conocido España durante el rodaje en 1950 de Pandora y el holandés errante en la Costa Brava. No sólo actuó, sino que también disfrutó de lo lindo. Y disfrutó especialmente de su compañero de reparto, el torero Mario Cabré. En algún artículo, el crítico taurino Pacurrón ponía en duda aquella relación, aunque eso no impidió que los rumores llegaran a oídos de Frank Sinatra, al que le faltó tiempo para volar a Cataluña con urgencia y vigilar a la que poco después sería su esposa.

Para entonces, Ava arrastraba ya dos matrimonio fallidos uno con Mickey Rooney y el otro con Artie Shaw y una larga lista de amantes que redondeó en España con el que fue su gran amor en 1953, el matador Luis Miguel Dominguín. Tras la promoción de La condesa descalza (1954), pasó varias temporadas en casas de amigos y hoteles españoles hasta que a finales del 55 se instaló en La Moraleja. Mientras arreglaba la que sería su residencia en Madrid, la actriz bajó a Málaga, donde pasó una larga temporada entre la primavera y el verano, según relata el libro de Marcos Ordóñez Beberse la vida.

Coche no, «cochazo»

Cualquier hotel de la naciente Costa del Sol habría pagado por tener en su libro de registro la firma de Ava Lavinia Gardner, pero el establecimiento elegido por la mítica intérprete para pasar aquella temporada no podía ser otro que el hotel La Roca de Benalmádena, la residencia oficial de los personajes famosos que se tostaban en las playas malagueñas. Llegó al volante de su propio coche, un Mercedes. El coche «cochazo», matizaba la crónica de SUR no pasó desapercibido. Ni su conductora, claro, que además llegaba con un cargamento de equipaje y cierto toque a lo Scarlett O'Hara con la compañía de su doncella, Reenie.

Testigo de aquella visita fue el periodista Jorge Fiestas, que se convirtió en uno de los grandes amigos de Ava durante su etapa española. El libro de Marcos Ordóñez recoge las palabras del plumilla que habla de dos encuentros en Málaga con la actriz, en mayo y en agosto. «Pasamos cuatro días gloriosos, yendo a las corridas, bañándonos en el mar y juergueando en las casetas de la feria», relata Fiestas, que también se alojó en el legendario hotel regentado por Enrique Bolín.

Sol, playa, diversión y copas fueron los ingredientes de las noches de vino y rosas de Ava en Málaga, que revolucionó la feria de agosto. Era una bebedora de fondo y su capacidad de diversión era inagotable. La vamp de Mogambo cerró literalmente la feria, ya que «disfrutó del ambiente y su popularidad hasta la mañana», relataba la crónica social. Pero la clausura de las casetas tampoco fue sinónimo de fin de fiesta. La juerga era ella y la diversión la seguía como si fuera el flautista de Hamelín. Así, los chicos de la Orquesta Ciudad Trujillo montaron en su Mercedes y se fueron con la música a otra parte. A Torremolinos, donde «los chicos de color la siguieron obsequiando con sus más variados ritmos tropicales», relataba la prensa local.

Tras el Litri, en La Malagueta

Como sus amigos Ernest Hemingway y Orson Welles, Ava Gardner se recorrió todas las plazas de España. La Malagueta no fue una excepción. Durante aquel verano de 1955, la actriz acudió a las corridas de la feria de Málaga.Aunque sus olés tenían acento americano, como buena aficionada tenía sus propios gustos y criterios. Tanto como para opinar en contra de los espectadores malagueños ya que «no se explicaba la actitud del público para con el Litri, después de sus valentías», recogía la crónica de SUR.

La actriz se refería a la corrida nocturna del jueves 11 de agosto, la última de feria, en la que alternaron Rafael Ortega, Miguel Báez Litri y César Girón, con toros de Pablo Romero. La actriz no iba descaminada en sus opiniones, ya que coincidía en su diagnóstico con la prensa local, que reflejó que Litri tuvo que lidiar con el peor lote de la tarde. «A Miguel Báez no le han ayudado los toros», relataba la crónica taurina, que describía también la pugna del diestro y, a pesar de ello, el «enfado del público» al matar a su segundo enemigo.

Tras la corrida nocturna, la actriz siguió dando vida a la madrugada en las casetas de la feria para apurar sus vacaciones. Un par de días después volvería a Madrid para después viajar a Pakistán al rodaje de Cruce de destinos. Prometió volver en su despedida, aunque más de uno prefirió que no se fuera nunca. En Torremolinos la recuerdan cada día con el nombre de una de sus calles.

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