No hay medusas en la costa

Este verano no se han avistado grandes de plagas en el litoral pese a estar en un año seco. Un biólogo da la clave: los vientos

ANA PÉREZ-BRYAN

Cuando los biólogos del Aula del Mar comenzaron a definir las líneas básicas de la campaña contra las medusas que han puesto en marcha por segundo año consecutivo en el litoral malagueño, el escenario que se abría ante sus ojos no tenía nada ver con la realidad que se han encontrado a pie de playa. La razón era sencilla: la presencia de esta especie en el litoral está relacionada, entre otros factores, con el fenómeno de las lluvias, de modo que es un hecho contrastado que si el año ha sido rico en precipitaciones la presencia de las medusas en la costa durante el verano tiende a disminuir. El biólogo Juan Antonio López, uno de los cinco especialistas que trabajan en el Aula del Mar, aporta la explicación a este fenómeno: «En los años lluviosos crece el caudal de los ríos, y cuando desembocan en el mar se crea una barrera natural que hace que las medusas no se acerquen a la costa». No es que haya más o menos medusas (la cantidad no varía mar adentro), es que no se aproximan porque existe esa protección previa.

LAS MÁS COMUNES

Pelagia noctiluca. También llamada medusa luminiscente. Son pequeñas, de color rojizo/azulado y traslúcidas. Peligrosidad alta.
Rhizostoma sp. Conocida como agua cuajada o aguamala. Son enormes, blancas y traslúcidas. Peligrosidad es media.
Más información. En www.infomedusa.es se recopila toda la información en tiempo real sobre la presencia de medusas en las playas.

Con estos datos sobre la mesa, y teniendo en cuenta que en 2014 las lluvias han sido escasas, los expertos vaticinaban un verano caliente en cuanto a la incómoda presencia de estos animales en la orilla de la playa. Pero no ha sido así. La razón, a pesar de que el año ha sido seco, hay que buscarla en otro fenómeno: en los vientos. O más bien en su escasez. En concreto, en el de Levante, que es el que arrastra hasta el litoral malagueño los enjambres de medusas desde otros puntos de la costa mediterránea. «El Levante ha soplado poco, en días contados. En cambio, cuando hay poniente es más raro que haya medusas a pie de playa», añade López, que ya es capaz de avanzar algunos datos sobre la presencia de estos animales en el litoral malagueño en lo que llevamos de temporada: «Ha habido picaduras puntuales en las playas de Torrox, Nerja o Torremolinos», añade, lo que se traduce en una media de 40 ó 50 picaduras por día en nuestros 180 kilómetros de costa.

La cifra es «poco representativa», y más aún teniendo en cuenta que en 2012 se llegaron a contabilizar más de 3.000 picaduras al día en la costa de Málaga. De hecho, en estos años entre el 2010 y 2012 hubo cierta alarma por la masiva presencia de ejemplares en la orilla, aunque López aporta tranquilidad al subrayar que «las especies proceden del Mediterráneo y no suelen ser peligrosas».

Dos especies en el litoral

Se refiere en concreto el biólogo a los dos tipos más comunes en el litoral local, en concreto a la pelagia noctiluca (medusa luminiscente), que son pequeñas y de color azulado o rojizo y tienen largos tentáculos, y cuya picadura no reviste gravedad «salvo en el caso de los alérgicos, que pueden tener más reacción en contacto con ellas». La segunda especie más común es la rhizostoma (también llamada agua cuajada), «enorme y transparente». Su picadura es leve.

No es el caso de la carabela portuguesa, de color azulado, a la que se atribuye una peligrosidad «muy alta» y que aparece por la costa del Mar de Alborán «en casos muy puntuales»: «Vienen del Atlántico, de agua fría, y pueden verse en Semana Santa. En verano es raro», tranquiliza Juan Antonio López, que limita su presencia este año a «un par de casos en abril en Manilva y Estepona».

La ausencia o al menos la presencia mucho más escasa de medusas en el centenar de playas que controla el Aula del Mar en la campaña que comparte con la Diputación de Málaga (www.infomedusa.es) representa apenas un capítulo en un verano que muchos califican de atípico. Porque la escasez de días con viento de Levante, que es el habitual aquí en estas fechas, no sólo tiene su reflejo en el avistamiento de las medusas, sino también en la temperatura del agua. La queja de que está más fría de lo normal no ha sido aislada, entre otras cosas porque Málaga ha registrado muchos días con viento de poniente y terral, que en este último caso aleja mar adentro la superficie del agua, que es más cálida, y hace que emerjan las aguas de profundidad, mucho más frías.

En las últimas semanas, sobre todo en la segunda quincena de agosto, también se ha repetido la escena de ver la ciudad envuelta en brumas a primera hora de la mañana, un fenómeno directamente relacionado con el hecho de que el poniente refresca el mar y cuando el viento se calma y entra el levante suave se producen las brumas. El panorama se completa con una bajada de las temperaturas y con medias más bajas que en veranos anteriores a pesar de que en los últimos días se han registrado jornadas de intenso calor.

 

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