Vecinos de Cerrado llevan 15 años pidiendo soluciones a los desprendimientos de un monte

Javier Rodríguez muestra las grietas de la ladera./SUR
Javier Rodríguez muestra las grietas de la ladera. / SUR

Las caídas de piedras de la ladera situada junto a las viviendas del conjunto residencial Cantueso son continuas y se acentúan con las lluvias

Francisco Jiménez
FRANCISCO JIMÉNEZMálaga

Cerca de 15 años llevan los vecinos de la parte alta de Cerrado de Calderón pidiendo al Ayuntamiento de Málaga que actúe en un monte situado junto a sus casas en el que los desprendimientos de piedras son continuos y que llegan a ser considerablemente intensos en caso de fuertes precipitaciones. Tras las últimas lluvias, la historia ha vuelto a repetirse sin que se hayan producido daños físicos ni materiales, pero las grietas que asoman en esta rocosa pared vertical de unos diez metros de altura les hace temer que algún día pueda producirse una desgracia. «Entonces será tarde», advierte Javier Rodríguez, presidente de la comunidad de propietarios del conjunto residencial Cantueso, ubicado en la calle Macizo Central, mientras mira desde la fachada los restos de las últimas piedras caídas que quedan a los pies de este monte de titularidad municipal, característico porque desde hace dos décadas alberga unas antenas de telefonía móvil.

Después de una decena de escritos remitidos a la Gerencia Municipal de Urbanismo y a la Junta de Distrito Este, lo más que han conseguido hasta la fecha es que técnicos municipales se personaran el pasado mes de mayo para inspeccionar la zona. «No tuvieron ninguna duda del riesgo existente y poco después vinieron a medir, pero la realidad es que a día de hoy seguimos sin noticias al respecto», denuncia.

Medidas de contención

Como posibles soluciones para frenar los desprendimientos se baraja la proyección de hormigón para retener las rocas y otra opción más barata, y también de menor impacto en el entorno, como es la instalación de una malla de contención en todo el perímetro. Mientras tanto, operarios a cuenta de la comunidad de propietarios son los encargados de retirar periódicamente las piedras desgajadas y el barro de la acera y calzada de toda la calle. Además, las vallas de obra que se instalaron tras la tromba de febrero de 2017, que no servían prácticamente para nada puesto que no eran capaces de retener los desprendimientos y la mayor parte del tiempo permanecían en el suelo, también fueron retiradas hace unas semanas.

«Nos aseguraron que acometerían con urgencia una actuación en el perímetro de la ladera, colocando una malla que, aunque no evite desprendimientos, al menos si nos proteja. Al final, todo se reduce a una cuestión de dinero a pesar del grave riesgo que supone para las personas que habitualmente pasean por la zona, además de para los coches estacionados en la vía pública», se queja Javier Rodríguez, quien insta al Ayuntamiento en general y a la Junta de Distrito Este en particular a incluir esta actuación dentro del programa extraordinario de obras en los barrios que está ultimando el equipo de gobierno municipal por un montante de 26,1 millones de euros a través de las inversiones financieramente sostenibles.

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