Los vecinos de Cabriel, 27: «El incendio ha sido horroroso; lo extraño es que no haya muerto nadie»

El fuerte calor generado habría alcanzado los 600 grados/SUR
El fuerte calor generado habría alcanzado los 600 grados / SUR

Un fuego originado en el hueco de un ascensor calcina una vivienda y obliga a desalojar un bloque de 13 plantas en un edificio en La Palma

Juan Soto
JUAN SOTOMálaga

Fuego en Cabriel, 27. El aviso recibido en el centro de Emergencias 112 Andalucía podría sonar casi rutinario. «Al menos se han producido 15 incendios en los últimos años», sostienen los vecinos de La Palma. Pero el producido la madrugada del domingo casi pudo acabar en tragedia. «Ha sido horroroso; lo extraño es que no haya muerto nadie». El fuego iniciado en el hueco del ascensor calcinó una vivienda, afectó a cuatro personas que tuvieron que ser atendidas por inhalación de humo (dos de ellas bomberos) y obligó a desalojar por completo un edificio de 13 plantas.

La peculiaridad de este bloque, abandonado a su suerte desde hace décadas por el Ayuntamiento y la Junta de Andalucía, radica en que el ascensor hace años que no funciona y el hueco en donde se originaron las llamas se utiliza a modo de vertedero en el que los vecinos acumulan las bolsas de basura. De hecho, cuando los bomberos accedieron al recinto se toparon con que las antiguas puertas del ascensor estaban tapiadas con tablones de madera y que las llamas ascendían desde la sexta planta hasta el piso 13.

El fuerte calor generado en el interior de este espacio, que habría alcanzado los 600 grados, provocó que las llamas atravesaran los tablones y llegaran incluso a las puertas de las viviendas. A consecuencia del fuego quedó calcinada una vivienda situada en la última planta (estaba deshabitada) y se originó otro incendio en la cubierta, en donde también había acumulada gran cantidad de basura.

Pese a la reiteración de incidentes, en esta ocasión podría haber acabado en tragedia porque muchos de los habitantes de este edificio de 52 viviendas trataron de quedarse en el interior de sus casas al no atreverse a bajar por el fuerte calor y la enorme humareda. Finalmente, con la ayuda de los bomberos, todos lograron abandonar el edificio mientras se sofocaron las llamas. El aviso se produjo a la 1 de la madrugada y los efectivos que actuaron en la zona tuvieron que atajar las llamas tanto desde el interior como a través del tendido de un edificio próximo.

Los vecinos que a esa hora se encontraban en el edificio –se recibieron hasta 25 llamadas de alerta– lamentan que esta situación ya la han vivido en más de una ocasión y se acuerdan especialmente un suceso traumático ocurrido hace ocho años cuando un joven inmigrante casi muere a consecuencia de las quemaduras sufridas en el cuerpo. «Aquí es lo normal; todo el mundo tira la basura en el hueco del ascensor y cuando hay mucha la queman para empezar de nuevo», denuncian. Entre los numerosos capítulos negros vividos en esta comunidad también se cuentan por varios los apagones y cortes de luz por enganches ilegales.

Una de las personas que más y mejor conocen la realidad de este edificio es Milagros Ronda, expropietaria de Cabriel, 27, y vicepresidenta de la asociación de vecinos Huerta La Palma. Tras conocer este último incidente, lamenta que dichos episodios ocurren por el abandono de las instituciones. «Ya no quedan propietarios porque hay una familia que se ha quedado con todo el edificio para hacer negocio alquilándolo a inmigrantes sin papeles o a gente sin recursos», denuncia.

Y eso –añade– que el Ayuntamiento lleva desde el año 2002 diciendo que va a solucionar el problema.«El alcalde vino entonces a hacerse una foto con nosotros, pero hasta el momento no se ha hecho nada;para matar a la gente sólo hace falta abandonarla», razona.

Los vecinos relatan al menos quince episodios similares en los últimos años

Mientras este edificio vuelve a situarse en el triste foco de la realidad, el concejal del distrito y responsable de Urbanismo, Francisco Pomares, recordó que ya hay un proyecto para reformar este edificio y convertirlo en un espacio híbrido en el que convivirán diferentes servicios sociales y viviendas en régimen de alquiler para jóvenes. Pomares detalla que este proyecto, que fue aprobado el año pasado y respaldado por el resto de vecinos del barrio, podría ser una realidad a lo largo de 2019, ya que antes hay que expropiar las viviendas a todos los propietarios y sacar a los inquilinos. «Es un trabajo difícil porque nos está costando encontrar a los propietarios, pero de momento hay buena voluntad», avanza.

El proyecto que quiere poner en marcha el Ayuntamiento y que ya ha sido aprobado por el Instituto Municipal de la Vivienda se divide en tres fases: expropiación del inmueble, realojo de todos los ocupantes legales del edificio, y rehabilitación integral. Si no es demasiado tarde.

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