«Los ultraprocesados tienen un precio de risa porque sus ingredientes no valen nada»
Aitor Sánchez, divulgador, nutricionista y autor del blog 'Mi dieta cojea', asegura que comer bien consiste en incluir verduras en las comidas principales, que los postres sean frutas, beber agua y mejorar los desayunos
Aitor Sánchez es uno de los grandes divulgadores científicos del país. Dietista-nutricionista, tecnólogo alimentario y autor del seguidísimo blog Mi dieta cojea, este jueves ... ha protagonizado un nuevo encuentro del Aula del Cultura de SUR, organizada por este periódico con el patrocinio de Fundación Unicaja y Cervezas Victoria. Durante más de una década, ha combatido los bulos alimentarios con rigor, buen humor y un lenguaje sencillo con el que trata de explicar a la ciudadanía la importancia de alimentarse adecuadamente. Sánchez es, además, autor de dos libros: 'Mi dieta cojea' (2016) y 'Mi dieta ya no cojea' (2018). En esta concurrida sesión, ha puesto toda su sapiencia científica y culinaria al servicio de los asistentes al acto. Así, ha señalado que los alimentos ultraprocesados, es decir, «la bollería industrial, las galletas, los cruasanes del supermercado tienen un precio de risa porque sus ingredientes no valen nada».
La cita se ha celebrado en el Salón de Actos de Unicaja y ha sido conducida por el periodista Alberto Gómez. En representación de la Fundación Unicaja ha acudido Francisco Cañadas, su responsable de Literatura.
Sánchez ha indicado, en un tono muy didáctico y lleno de complicidad con el público, que la harina, el azúcar, el aceite de mala calidad (de palma o giralsol) son los ingredientes a los que se ha referido. «Como son alimentos que buscan precio, precio, precio, pueden estar traídos de otras partes del mundo donde no se ha respetado ningún derecho humano o con condiciones laborales ínfimas, y por eso nos vienen de países alejados, al final son contaminantes, malos para la salud y son excesivamente baratos por ese motivo», declara. Pero ha ido más lejos: «Lo que hay detrás de seis cruasanes a un euro es lo mismo que hay detrás de las camisetas a tres euros. ¿Se pueden hacer con dignidad unas zapatillas a seis euros? No. ¿Son buenas para tus pies? No. ¿Son buenas para el medio ambiente? No. Lo mismo pasa con la comida, que tiene que tener un precio digno, la fruta y la verdura, que son productos frescos, tienen que tener un precio digno, pero se nos va mucho en pijadas o caprichos», ha reflexionado.
Ha llamado también la atención sobre la importancia de darse cuenta de que «lo que es sano no tiene por qué ser caro: no hay que comprar besugo, pescados caros, a base de más espacio de huevos y legumbre, y restando carne y pescado, puedes obtener una comida más saludable y barata».
Macronutrientes
Preguntado sobre la demonización por épocas de macronutrientes como las proteínas o los carbohidratos, ha disertado sobre las creencias predominantes en cada una de las épocas. Los noventa fueron la época «del miedo a las grasas, engordan, se decía. Luego nos dimos cuenta de que no era tan así, el desnatado empezó a perder importancia y el miedo pasó de las grasas a los hidratos, sobre todo uno, el azúcar, el malo de la película». Ello ocurrió porque era una sociedad en la que se buscaba un mensaje más adecuado para luchar contra el sedentarismo. «Los hidratos de carbono no es que sean perjudiciales, sino que tienen que ir acordes a nuestra actividad física, si te mueves más en tu dieta hay espacio para el arroz, la pasta, la patata», ha indicado. La nueva era es la de la proteína, «si me tengo que suplementar..., o el colágeno, que encima nos lo están prescribiendo directamente». Es una tendencia que durará hasta 2030.
Con relación a la sobresuplementación, considera que «en la inmensa mayoría de los casos no es necesaria». Pide a los ciudadanos que se pregunten si necesitan más proteínas. «Ya tomamos la suficiente», ha recalcado, para aconsejar que quizás sea preferible «que comas más proteínas a partir de alimentos, cuando tomas garbanzos, huevos, una tortilla, no sólo tomas proteína, sino muchos más nutrientes que te vienen bien», pese a que en algunos casos pueda ayudar, ha apuntado con ecuanimidad.
El divulgador ha criticado el «mito de que el alcohol es saludable» y lo ha comparado con animar a la población a que sea sedentaria
En este sentido, también ha atacado algunos mitos, como el «de que el alcohol es saludable, algo que yo creía superado. En los noventa incluso se llegó a prescribir, se decía que era bueno para la salud, la gente llegó a recibir recomendaciones de 'tome usted su copita o cañita al día', que es un mensaje muy diferente al de que este consumo pudiera ser admisible. Una cosa es recomendarlo y otra decir: 'Oye, si te quieres tomar una copita, yo no te la voy a recomendar, a lo mejor tampoco te la quito, pero no te la voy a promocionar'».
«A mí me gusta equiparar esto del alcohol con el sedentarismo. No hay que recomendarle a la gente que pase más horas en el sofá, porque ya es sedentaria, al igual que no hay que recomendarle que beba más alcohol, porque ya lo bebe por sí mismo», ha precisado.
¿Qué es comer bien?
En el transcurso de la charla, le han preguntado qué significa comer bien, y ha dado cuatro pautas básicas: incluir verdura en las comidas principales, en la comida y en la cena, porque ahí suele faltar. En segundo lugar, «que los postres sean fruta», porque así «no metes ni flan, ni natillas, ni palmeras de chocolate». En tercer lugar, beber agua, porque así no se consume «ni cerveza, ni vino, refrescos o zumos». La cuarta prioridad sería «mejorar los desayunos» y, en lugar de bollería, galletería y harinas refinadas, podrían introducirse yogures con nueces, revueltos de huevo o tofu, una pieza de fruta, frutos secos y un café con leche.
A los niños, en el recreo, habría que darles para el recreo «cualquier cosa que sea comida, nos importa tan poco la precisión de lo que le eches que con que no sea malsano, nos vale, que no sea bollería industrial, chocolatinas, zumos, un producto con azúcar».
También ha repasado algunas tendencias actuales como el llamado 'Body positive', del que ha valorado la apuesta por la aceptación de la diversidad corporal, y ha criticado a quienes, desde el paternalismo, juzgan a las personas con obesidad «por desconocimiento», realizando un acercamiento «estigmatizante». Ha reconocido que existe una polémica sobre el hecho de que algunos seguidores de esta corriente nieguen que el sobrepeso y la obesidad generan problemas para la salud, algo que ha rechazado. «No podemos pasarnos de rosca y negar los efectos que tienen el sobrepeso y la obesidad para las personas», ha señalado, además de abogar por dar información a la gente por si decide cambiar.
Menús hospitalarios
También ha criticado la dieta de los hospitales. «Los menús de los hospitales en España están catalogados como de los peores de Europa, tenemos una de las cifras más altas en desnutrición después de un ingreso, supera el 50%, la gente sale desnutrida de los hospitales, los menús no están bien, no hay nutricionistas en planta, sino en el catering», ha señalado, para recordar que un estudio holandés asegura que invertir en nutrición hospitalaria es la inversión en salud pública más eficiente del mundo: «Por cada euro que metes, recibes entre 28 y 30 de retorno, pacientes que no se desnutren, altas que se dan antes, menos complicaciones, más rotación de camas, ahorramos millones», ha precisado, para incidir en la necesidad que haya psicólogos y nutricionistas en la Atención Primaria. «Las carreras sanitarias se han centrado tanto en el tratamiento de las patologías que se han olvidado de la promoción de la salud», ha declarado.
Aitor Sánchez recomienda hacer ejercicio pidiendo cada vez un poco más al cuerpo y, por tanto, haciendo que la actividad sea más intensa
Entre otras muchas cuestiones, el público le ha preguntado por el ayuno intermitente. Ha asegurado que funciona, «se sabe que esas personas comen menos», por lo que pierden grasa y mejoran la hipertensión y la dislipemia. «¿Es más efectivo que la dieta tradicional? No», ha sentenciado. De esta manera, hay ventajas como ayudar a pacientes a que conecten mejor con su apetito y su saciedad, pero sí es cierto que esta práctica ayuda a que algunas personas coman menos y eso «hace perder peso», pero lo mismo ocurre con el deporte, «es un gasto energético que hace que tengas que recurrir a tus reservas, por eso es tan sano comer y hacer deporte, no siempre estar quitando hidratos: que limpies armario y guardes nuevas cosas», para recomendar finalmente que cada vez los ejercicios sean más intensos, pidiéndole un poco más al cuerpo cada vez, además de distinguir el capricho de la verdadera hambre.
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