La Transición, ni tan «modélica» ni tan «pacífica»

La Transición, ni tan «modélica» ni tan «pacífica»
Francis Silva

Málaga acoge el I Encuentro Estatal de Víctimas de la Transición, que reúne a expertos y familiares de ciudadanos «asesinados por la represión policial»

ANA PÉREZ-BRYAN

Manuel José García Caparrós. Germán Rodríguez. Pedro María Martínez Ocio. Andoni Txasko. Son los nombres que más de cuatro décadas después siguen poniendo rostro a la 'cara B' de la Transición, aquella época considerada por la mayoría como un tiempo ejemplar donde los de un lado y los de otro sumaron esfuerzos para el asentamiento de la democracia en España pero que en otros casos -en muchos casos- ha quedado esculpida en el negro atroz de los que perdieron a familiares o sufrieron en primera persona la represión policial con la que se quisieron ahogar determinados movimientos reivindicativos. «No, definitivamente la Transición no fue una época ni tan modélica ni tan pacífica». La reflexión la pone sobre la mesa Andoni Txasko, cuyo nombre se escribe en ese listado de víctimas pero que hoy, al menos, puede seguir contándolo. Los otros, no. «A mí la policía me dio una paliza de muerte durante las revueltas obreras que tuvieron lugar en Vitoria en marzo de 1976». De aquello conserva la memoria aún nítida de los golpes, que le hicieron perder la visión del ojo derecho. Hoy, más de cuarenta años después, no ha perdido sin embargo el ánimo de que se haga justicia. También por su compañero Pedro María, «asesinado» -subraya la palabra- durante una asamblea que los trabajadores celebraron en una iglesia de la capital vasca creyendo que era un lugar seguro. «Hasta que la policía empezó a cargar, allí fue donde cayó mi hermano», añade inmediatamente Andoni Martínez Ocio, que revive como si fuera ayer aquellas jornadas negras y que comparte con el resto de las familias de los caídos la sed de justicia.

Mientras llega esa reparación «necesaria», sostienen ambos, comparten su experiencia con otros que también la sufrieron, ya fuera de manera directa o a través de sus familiares muertos. Y lo hacen desde hoy y hasta el viernes en Málaga, en el marco del primer encuentro estatal de Víctimas de la Transición, impulsado por la asociación García Caparrós (recientemente constituida) para sumar voluntades y acciones conjuntas en esta búsqueda constante de la reparación. «Es una iniciativa muy buena, así hablamos de lo que pasamos cada uno de nosotros y al menos así te sientes un poco reconfortado», sostiene Puri, la hermana mayor de Manuel José García Caparrós, cuyo caso es ampliamente conocido en Andalucía y que ahora se suma al de los otros 'Manuel José' del resto de España.

Con esta iniciativa no sólo buscan el consuelo del vínculo emocional y fraterno en tragedias parecidas, «sino también la denuncia de la impunidad de los crímenes que se cometieron en la Transición», insiste Joaquín Recio, coordinador del ciclo que reúne a las familias y a expertos en la materia y vocal de la asociación García Caparrós. «Estamos hablando de familias que lo pasaron realmente mal y que hoy siguen sufriendo porque no han tenido justicia», observa Recio, quien avanza que este primer encuentro tendrá una segunda convocatoria el próximo 6 de noviembre en Bruselas, cuando una representación de estas familias expondrá sus casos ante el Parlamento Europeo y a la que se sumarán previsiblemente familiares de los abogados muertos en la llamada 'matanza de Atocha', ejecutada por grupos de ultraderecha en enero de 1977. «Queremos poner en común nuestra agenda», añade el coordinador de este ciclo que no sólo incluye el encuentro con las familias, sino también el testimonio de expertos como el periodista y escritor Juan José Téllez, profesores universitarios como Manuel Hijano; recitales y la emisión de la película 'Septiembre del 75', de Adolfo Dufour.

En ese ánimo compartido de rescatar la memoria de todos ellos también tiene mucho que decir Fermín Rodríguez. A su hermano Germán lo siguen recordando 40 años después en todas y cada una de las fiestas de San Fermín porque él fue una de las víctimas mortales de la carga policial que tuvo lugar el 8 de julio de 1978 en plena plaza de toros, después de la corrida. «Pamplona se había convertido en una ciudad con muchas reivindicaciones obreras e identitarias», recuerda Fermín, y la represión policial no tardó en llegar aunque fuera en plena semana mayor. «Entraron en la plaza con material antidisturbio, pero también con fuego real», explica el hermano de Germán, cuya muerte se sumó a una lista en la que también hubo seis heridos. Fermín también lamenta que en este tiempo «no se ha hecho nada de justicia, y no sólo eso, porque cada vez que pedimos los documentos y las actas de lo que pasó nos las siguen negando». Por eso también esperan que la iniciativa del congreso sirva para hacer «más fuerza» y lograr la reparación de los suyos. Aunque sea 40 años después.

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