TAN SOLO HAY UN NOSOTROS

FRANCISCO J. JIMÉNEZ

Nunca en la historia nuestro estilo de vida ha estado tan relacionado con la vida de millones de personas. En la sociedad del hiperconsumo, nuestros hábitos y decisiones cotidianas influyen en las condiciones de vida de millones de personas que sufren situaciones de pobreza, exclusión y violencia en un mundo cada vez más individualista y desigual.

En nuestro modelo social todo son estímulos, cada vez hay menos espacio para el silencio, para el encuentro, y hasta la solidaridad o la espiritualidad se convierten en artículos de consumo. Sin embargo, el cambio viene desde el desierto, donde no hay distracciones, solo silencio, donde lo único que importa es la vida.

En el desierto descubrimos lo importante, el valor del hermano, del otro que busca, igual que yo, vivir, ser feliz. En el desierto, lejos del egoísmo, lejos de las luces que me separan de lo importante, me encuentro con el hermano que tan solo quiere una vida mejor. En el desierto desaparecen las fronteras, las barreras físicas y mentales, las razas, las clases sociales... todo lo que hemos creado para no reconocernos. En el desierto encontramos nuestro auténtico yo, en el que Dios habita, encontramos al otro y descubrimos que no hay un «otro», que, en la humanidad, solo hay un «nosotros», y todo lo que nos aleje de ahí, nos separa de nuestro auténtico yo, nos distancia del Padre que nos habita.

 

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