Romero sobre De la Torre: «¿Qué político se jubila? Se van cuando les echan»

De la Torre y Romero, el día de la presentación./GERMÁN POZO
De la Torre y Romero, el día de la presentación. / GERMÁN POZO

El exsecretario del Ayuntamiento publica 'La nueva vejez', donde aborda la última etapa de la vida en la que coincide ahora con el alcalde

Pilar R. Quirós
PILAR R. QUIRÓSMálaga

La vejez es sólo un sentimiento. Ésta, a buen seguro, podría ser la primera reflexión que sacar de una charla prolífica con el autor de 'La nueva vejez. Cómo ser viejo en la era digital y no morir en el intento', que no es otro que el otrora secretario general del Ayuntamiento Federico Romero. En su etapa vital en la Casona, desde 1973 cuando entró como oficial mayor hasta 2007, ha visto pasar a cinco alcaldes como Cayetano Utrera, para él «inteligente y comunicativo»; Luis Merino, «un hombre formado, amigo»; Pedro Aparicio, «un humanista, carismático», Celia Villalobos, «lista y con una capacidad innata para llegar al pueblo llano»; y el actual, Francisco de la Torre, «don de gentes aprendido a base de esfuerzo, gran conocedor de Málaga y muy capaz». Tras esta breve semblanza de cada uno, que mira en retrospectiva, sólo queda hacerle una pregunta, puesto que De la Torre fue e intervino en la presentación de su libro en la cofradía de El Sepulcro. ¿Y el alcalde, por qué no se jubila?, a lo que contesta:«¿Qué político ve la jubilación desde esa perspectiva? Casi todos se van cuando los echan». Si se hace un breve repaso por los ya mencionados hay mucha verdad en sus palabras. De hecho, como recordarán De la Torre, que tenía en mente no volver a presentarse, al verse lozano y ágil «y notar el cariño de la gente», decidió cambiar su «estoy en el no» del 8 de febrero de 2018 a anunciar que volvía a ser cabeza de cartel el 27 de febrero. Distaban veinte días. Lo hará con 76 años a las próximas elecciones municipales, que se librarán el 26 de mayo.

El volumen de Romero loa la vejez activa, así que podría servirle de libro cabecera a De la Torre hasta la fecha vital. «Cuando te jubiles te quedan 20 años de vida y no pueden ser de vida terminal, hay que llenarlos de optimismo y amor», subraya el que también fuera profesor titular numerario de Derecho Administrativo de la UMA, que tiene en su haber ocho hijos (Yolanda, Federico, Luis Felipe,Enrique, Carlos, Esther, Javier y Patricia) y la intemerata de 23 nietos, así como una biznieta. Todos descendientes de la unión con su mujer, Yolanda.

«Haber sido es la forma más segura de ser», es una de las citas imprescindibles de Viktor Frankl a la que se refiere Romero, por eso habla de la necesidad de llevar a cabo una política de la vejez presente, y abunda en la actual mentalidad que prima lo efímero y lo perecedero (en el vestir, en las máquinas), y en los partidos políticos, la juventud (si se acompaña de belleza mediática, mejor) es, por sí sola, un valor en detrimento de la experiencia. En definitiva, la superficialidad.

Ypasea por Rosseau, y cómo la experiencia, extraída a veces de amargas realidades, le llega «pasada la ocasión de utilizarlas», o por Proust, que intuye todo el potencial que encierran los recuerdos en su 'En busca del tiempo perdido'. Los que aún no han llegado a la tercera edad, modismo cursi que no le gusta, «no pueden sentir lo que será cuando se llegue a ella», por eso Romero propone que puede ser un momento para seguir recopilando amigos y seguir aportando a la sociedad, y así pone el dedo en la llaga de Twitter. De hecho, la portada de su lúcido ensayo, es el Génesis de la Capilla Sixtina, cuando Dios toca al hombre con su dedo, y «fíjate ahora es todo digital, ordenadores, los teléfonos inteligentes, tablets», dice el exsecretario del Ayuntamiento riéndose con esa animosidad que muchos quisieran tener décadas antes. Abunda que las redes sociales deben posibilitar la comunicación, y que él, que trastea en su móvil para enseñar fotos de los suyos, subraya que WhatsApp es una estupenda herramienta para mantener un diálogo fluido, al tiempo que pide que se sumen más ancianos a Twitter para aportar sosiego y un talante de compresión y respeto, y así contrarrestar a tanto trol, palabra que no usa, pero a la que sin duda se refiere. Dar un paseo por la vejez de la mano de Romero es un privilegio. ¿Quién no quiere llegar a la ancianidad? La otra opción es mucho peor.