La prostitución se extiende a pisos en los barrios de Málaga

La mayoría de las mujeres atendidas por organizaciones como Cruz Roja son extranjeras. /SUR
La mayoría de las mujeres atendidas por organizaciones como Cruz Roja son extranjeras. / SUR

La policía, el Ayuntamiento y las asociaciones que trabajan con mujeres constatan un desplazamiento del negocio hacia los pisos, que se cuentan «por centenares»

ANA PÉREZ-BRYAN y JUAN CANOMálaga

El timbre sonó con una insistencia «salvaje». Ramón miró el reloj del despertador. Eran las cinco de la mañana y estaba en el sueño más profundo. Se levantó con un ojo abierto y otro cerrado, enfiló malhumorado el pasillo hasta el porterillo y lo descolgó. Sabía quién era. O más bien qué andaba buscando.

–«¿Es el piso de las niñas?», dijo una voz juvenil, masculina, desinhibida.

–«Hijo de la gran p... ¡Es la cuarta vez! Voy a llamar a la policía», respondió.

Más...

«Es un 'non stop'», se queja Ramón (prefiere usar nombre ficticio), que convive desde hace dos años con un piso de prostitutas –lo que antiguamente se llamaba casa de citas– en su mismo rellano, en una segunda planta de un edificio moderno del entorno de la Estación María Zambrano. A Ramón se le ve quemado. Lo demuestran sus ojeras. «Ya no es solo que estén ejerciendo la prostitución en el tabique de al lado, es que además los 'usuarios' se equivocan constantemente al llamar al porterillo y tocan en mi casa o la de mis vecinos. No hay horario. Mañana, tarde, noche, madrugada...».

Su queja amarga se diluye entre una comunidad de casi 100 vecinos, «porque esto solo molesta a los que estamos en la misma planta; los que viven arriba o abajo casi ni se enteran». Ramón confiesa que han intentado de todo: «Hemos llegado a pintar en el porterillo con pintalabios la palabra 'putas' y una flecha para indicar su piso y que el putero tenga la 'señalética' adecuada, pero se encargan de borrarlo inmediatamente». El rellano, afirma Ramón, se convierte así en un submundo de suciedad, manchas de sangre, orín y alcohol. E incluso de sexo. «Un día me encontré a una de ellas follando con un cliente en la escalera. Supongo que estaban todas las camas ocupadas».

En su contexto

650
Fue el número aproximado de multas que puso en 2017 la Policía Local a las prostitutas por ofrecer servicios sexuales en la calle. La cifra de clientes multados, sin embargo, apenas llegó a la treintena. Entre las causas, que ellas son «reincidentes» y que a ellos cuesta pillarlos 'in fraganti'.
La ordenanza
Las multas a prostitutas y a clientes se recogen en la Ordenanza para la Garantía de la Convivencia Ciudadana (2011), cuya próxima modificación ha sido objeto de debate en los últimos días. El texto no se refiere específicamente a la prostitución (los ayuntamientos no pueden regularla), sino al «intercambio de servicios sexuales en la vía pública (sean o no pagados)». En concreto, la ordenanza prohíbe las prácticas sexuales y el ofrecimiento o solicitud de servicios sexuales en la vía pública a menos de 200 metros de centros educativos, zonas residenciales y donde se lleven a cabo actuaciones comerciales o empresariales. Las multas leves pueden llegar hasta los 750 euros; las graves hasta los 1.500 y las muy graves hasta los 3.000.
90%
de las chicas que atienden las entidades socio-sanitarias en Málaga –ya sea en la calle como en pisos o en clubes– son extranjeras. Nigerianas, rumanas, búlgaras, latinoamericanas son mayoría en este tipo de asistencia.
Los clientes
Un estudio reciente dirigido por la antropóloga Carmen Meneses en la Universidad de Comillas constata que más de un 15% de varones pagaron por tener sexo en España en el año 2017. Otros informes, como el publicado por la Asociación de Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida (APRAMP) en 2016 eleva este porcentaje hasta un 39%.

En unos días en los que la prostitución ha vuelto al debate público al hilo de la legalización del sindicato de trabajadoras sexuales, que llevó incluso a la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, a admitir que le habían «metido un gol», SUR ha realizado una radiografía del fenómeno en Málaga de la mano de expertos.

La presencia de prostitutas en la calle ha disminuido en zonas como el Polígono Guadalhorce.
La presencia de prostitutas en la calle ha disminuido en zonas como el Polígono Guadalhorce.

El de Ramón no es, ni mucho menos, un caso aislado. La prostitución ha dejado de ser el negocio de las redes de trata, dueños de clubes y proxenetas que controlan los polígonos –hace una década, un clan rumano llegó a controlar el Guadalhorce hasta el punto de alquilar las calles por tramos– para extenderse a cualquier vecindario de la provincia, donde se ejerce en pisos o chalés con más o menos discreción.

Cambio a partir de 2008

El inspector jefe Antonio de Haro, que dirige la Unidad contra las Redes de Inmigración y Falsedad Documental (UCRIF) de la Policía Nacional en Málaga, sitúa en el año 2008 el punto de inflexión. «Sucedió con la crisis», explica el responsable policial. «A partir de 2008 –continúa– constatamos un incremento enorme de los pisos de prostitución en detrimento de los clubes. Los grandes (locales de alterne) no han desaparecido, aunque sí lo han notado, pero los pequeños han cerrado o abren en jornadas parciales, es decir, solo por las noches o fines de semana y festivos». En esta reflexión sobre el cambio de modelo coincide la directora de Derechos Sociales del Ayuntamiento de Málaga, Ruth Sarabia, en cuyo departamento han confirmado que la prostitución «ha bajado en el polígono y se está trasladando a los pisos». Y eso, a su juicio, genera un fenómeno inquietante: «Esto hace que el problema se invisibilice».

En los pisos, de hecho, «la realidad es completamente distinta», comenta De Haro. «La policía accede con más problemas, porque al fin y al cabo son viviendas, con la protección legal que ello conlleva (necesitan orden de registro, salvo que les autoricen a entrar)». A eso hay que sumar la volatilidad de los pisos. «Cuando tenemos noticias de su existencia y vamos, a veces nos encontramos que ya han cambiado de ubicación. Es difícil saber si lo que ocurre dentro es delictivo o no». El responsable de la UCRIF en la provincia asegura que, a tenor de sus investigaciones, muchos de los pisos no están vinculados a redes ni son explotados por proxenetas, sino que «son alquilados por un grupo de prostitutas que se asocian y trabajan en ellos», dice.

La policía no tiene censados cuántos pisos hay actualmente en la provincia, pero en la UCRIF hablan ya de «centenares». Los locales de alterne sí están algo más controlados –hay unos 100, en los que trabajan entre 1.500 y 2.000 chicas, calculan– y más de la mitad de ellos son inspeccionados anualmente. En las casas de citas predominan las mujeres sudamericanas o españolas, mientras que en los clubes los agentes identifican una mayor variedad de nacionalidades, principalmente de Europa del Este.

El escalón más bajo de la prostitución está en las calles de los polígonos, donde abundan chicas nigerianas que están sometidas por redes de trata. Lo primero, y casi lo único que les enseñan al llegar, son cuatro palabras: 'Cinco, chupar. Diez, follar'. «Las chicas que ejercen en la calle están muy expuestas, ahí es donde estamos detectando y combatiendo las redes de trata», apunta De Haro. «En los clubes también, aunque el proxeneta se cuida cada vez más de tener relación con las organizaciones».

El inspector jefe que dirige la UCRIF percibe que cada vez se ejerce más violencia psicológica –las amenazan con hacer daño a sus familias– que física sobre las mujeres explotadas, aunque en manos de las redes sufren toda clase de situaciones de abusos o violaciones. En la mayoría de los casos vienen engañadas de sus países de origen bajo falsas ofertas de empleo o promesas de amor de un novio que, en realidad, es miembro de la organización (el método del llamado 'boy lover').

Que el escenario de la prostitución en Málaga ha experimentado «un cambio de modelo» es un dato que también confirman las organizaciones socio-sanitarias que atienden a estas mujeres. «Ahora hay menos clientes en el polígono y más en los pisos», confirman la pedagoga Remedios Trujillo y la integradora social Mari Ángeles Revello de Toro, cuya asociación, Mujer Emancipada, asiste desde hace una década a las prostitutas en un dispositivo especial que trasladan al Guadalhorce de lunes a viernes. Allí han comprobado, además, un cambio de perfil en las chicas que ejercen: «Hace dos años eran nigerianas y rumanas y tenían entre 30 y 40 años; y ahora las mujeres del Este prácticamente han desaparecido y la edad de las nigerianas ha bajado muchísimo, no más de 18 a 22». ¿Que si hay menores? «Sí es una sospecha, pero de eso no se habla».

De la edad no se habla. Tampoco de si son víctimas de trata. Acercarse a ellas hasta esos extremos es prácticamente imposible, por eso no hay estadísticas ni en uno ni en otro sentido. Apenas deslizan unos cuantos detalles de cómo funcionan las redes: «Allí también existen las jerarquías y las chicas pueden formar parte de ellas. Sólo hace falta que la que lleva ya un tiempo ejerciendo capte a otra para que se incorpore al grupo y con lo que la nueva va ganando, la primera paga parte de su deuda; así todo está controlado», explica Trujillo.

'Recambio' permanente

Esa infraestructura compleja se adivina tanto en la calle como en los pisos; y permite también un 'recambio' permanente de chicas. Así lo confirma la técnico responsable del programa de atención a este colectivo de Cruz Roja, Esther Díaz, cuyo dispositivo de asistencia trabaja en todos los frentes –es el único que opera en el polígono los fines de semana– y que pone como ejemplo de este fenómeno uno de los pisos que suelen visitar en el Soho: «Allí las chicas cambian cada 15 días. Hay muchas plazas y el movimiento es constante porque los clientes no quieren ver siempre a la misma chica».

Por su experiencia en primera línea y por el número de atenciones de Cruz Roja el pasado año (350 mujeres), Díaz es capaz de perfilar el mapa de la prostitución en Málaga según la procedencia de las chicas. Coincide con Mujer Emancipada en que las nigerianas jóvenes son mayoría en el polígono y que las rumanas «cada vez se ven menos por allí». «En los pisos hay muchas latinoamericanas, y en los clubes del Soho [uno de los focos de prostitución callejera más activos y que ha motivado más quejas vecinales], por ejemplo, te encuentras con mujeres marroquíes que ya tienen más edad», añade Díaz. La técnico deja al margen nacionalidades y circunstancias personales para igualarlas a todas ante la misma adversidad: «Es muy complicado sacarlas de ahí, y muy difícil crear el vínculo para que confíen en ti y entiendan que podemos ayudarlas a empezar otro tipo de vida». Y aporta un detalle: «Ellas trabajan toda la noche, ¿cómo les pides que a las nueve de la mañana estén listas para acudir a una cita o para venir a trabajar?».

Acercarse a la realidad de estas mujeres para que la ayuda sea eficaz es el principal reto de las organizaciones. Médicos del Mundo, la pionera en este tipo de asistencia en Málaga (comenzaron en 1998), atiende además a hombres que ejercen en clubes. «No son tan numerosos, apenas copan el 9,2% de nuestras atenciones, pero ahí están», avanza la responsable técnica del proyecto, Begoña Espinosa de los Monteros. Su trabajo en los frentes sanitario (entrega de material higiénico, análisis o vacunaciones) y social (con talleres o cursos preventivos) hace que «las mujeres ya nos conozcan y corran la voz entre ellas porque saben que aquí las ayudamos». Y ella, como veterana, deja un último mensaje cuando echa la vista atrás: «El modelo ha cambiado mucho y ahora todo es más complicado».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos