El poli que defiende a las mujeres

Álvaro Botias Benedit, con su libro. /SUR
Álvaro Botias Benedit, con su libro. / SUR

El responsable de la Unidad de Familia y Mujer de Málaga recoge en un libro su experiencia en primera línea de maltrato

Ana Pérez-Bryan
ANA PÉREZ-BRYAN

Cuando hace tres años lo pusieron al frente de su nuevo reto al frente de la Policía Nacional, Álvaro Botias Benedit (Córdoba, 1985), dio un giro radical a su carrera en el Cuerpo, donde aspiraba a dedicarse a asuntos relacionados con drogas. La lucha contra la violencia de género no entraba en sus planes, pero cuando llegaron el ofrecimiento y la confianza de sus superiores de que quizás desde esa nueva trinchera que se ponía en marcha podía aportar mucho más no se lo pensó «dos veces». Hoy, el Grupo de Investigación de la Unidad de Familia y Mujer de Málaga (UFAM), integrado por una docena de profesionales, es una referencia a nivel nacional y este inspector de policía tiene mucho que ver en eso. La labor en defensa de la mujer víctima de maltrato es el resultado de un trabajo en equipo y en varios frentes que no sólo incluye a la unidad que dirige Botia: «Fue un grupo creado hace tres años y desde que llegamos empezamos a trabajar poco a poco, y con mucho respeto, en coordinación con los juzgados, con las instituciones y con los profesionales que se dedican a esto», avanza el inspector de policía, quien ahora celebra el «paso de gigante» que representó ese frente común y especializado y que resulta fundamental a la hora de sentar las bases de la lucha contra el maltrato en la provincia.

En la estrategia contra esta lacra también juegan un papel primordial la visibilización del problema y el mensaje de que «es posible salir de la violencia de género». Y es ahí, precisamente, donde el inspector Álvaro Botia ha dado su particular «paso de gigante». Lo hace con el libro 'La lucha contra la violencia de género. Vivencias de un policía' (Círculo rojo), un relato en primera persona de su trabajo al frente de la UFAM pero que sobre todo da voz a seis mujeres de perfiles muy diferentes que consiguieron salir de esa espiral de violencia. Botia suma a su amplia formación una licenciatura en ingeniería Química, estudios de Criminología –que cursa en la actualidad con la intención de especializarse en Victimología en el ámbito de violencia machista– y, sobre todo, una pasión casi innata por la literatura. Ambas vocaciones se dan la mano en este libro, porque a su condición de «apasionado del papel y de la tinta» suma la de su militancia activa a favor del feminismo y de la mujer, que ha reforzado aún más gracias a su experiencia en primera línea de maltrato: «Por supuesto, soy un feminista convencido y pienso que hay que involucrar a los hombres en esta lucha, y con la mujer con la voz cantante».

Desde aquella trinchera a la que se sumó en el año 2015, Botia ha ayudado a sobrevivir a muchas mujeres. Y también a empoderarse, a enseñarles que «siempre hay una salida» y a hacerles ver que «después de todo yo siempre estaré aquí para ellas». Y seis de esas experiencias son las que construyen este relato novelado, con identidades ocultas para no comprometer el derecho a la intimidad de las protagonistas pero absolutamente reales en el relato de los hechos.

«Los seis casos tienen un final feliz», insiste el autor para reforzar su certeza personal y profesional de que, con los recursos y la ayuda adecuada, se sale. Salió una chica de 15 años, que hoy vive «tranquila y recuperando su vida» después de que su agresor fuera condenado en firme. «Aquella historia fue un ejemplo de trabajo en equipo donde todos se implicaron: los padres, el centro en el que estudiaba o el Instituto Andaluz de la Mujer (IAM)», celebra Botia. Salió también «una mujer hecha y derecha, con edad de ser abuela (61) y que llevaba 30 años de maltrato»... Y una joven a la que su expareja acosaba físicamente y a través de las redes sociales; u otra que vio cómo su ex se vengó emitiendo un vídeo de contenido sexual entre sus conocidos. «Los perfiles son muy variados, porque hay que recordar que la única condición para ser una víctima de violencia de género es ser mujer», recuerda el inspector de policía, quien destaca como una de las que más le han marcado «la historia de una chica joven que empezó una relación con un hombre mucho mayor que ella y que consiguió salir del maltrato gracias a su hermana, al auxilio familiar».

Precisamente esa red cercana que rodea a las víctimas representa una de las herramientas clave para ayudar a estar mujeres. Para que denuncien o denunciar por ellas. «Ahora sí estamos yendo en la dirección adecuada: que haya más denuncias es muy positivo, estamos más mentalizados», concluye Botia, quien insiste en que con este libro trata de lanzar «un mensaje de esperanza». El del poli que está al otro lado para defender a las mujeres.

 

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