El plan municipal ha atendido a un centenar de estudiantes expulsados de institutos en Málaga

El plan municipal ha atendido a un centenar de estudiantes expulsados de institutos en Málaga

El informe de la Asociación Cívica para la Prevención de este último curso pone de manifiesto que el 34% habían consumido bebidas energéticas y otro 20 por ciento fumado en 'cachimbas'

Francisco Gutiérrez
FRANCISCO GUTIÉRREZ

El plan municipal para atender a menores expulsados de centros escolares ha tenido durante este pasado curso escolar a un centenar de estudiantes, de 23 centros educativos de toda la ciudad, tanto públicos como privados. Este plan, que se desarrolla desde hace ocho años por la Asociación Cívica para la Prevención, con el apoyo del área de Servicios Sociales del Ayuntamiento, atiende a los menores que son expulsados de sus centros como medida disciplinaria, presta atención psicosocial a las familias y trata de prevenir otros aspectos igualmente negativos en la evolución del alumno, como es el abandono escolar temprano y la exclusión social.

Raúl Jiménez, el concejal de Derechos Sociales, la directora del área, Ruth Sarabia, y el responsable del programa, Rafael Arredonda, han presentado los datos del informe de este último curso escolar. Este servicio ha atendido a 109 estudiantes en sus instalaciones de la zona de Cruz de Humilladero, un antiguo colegio que dejó de utilizarse. El Ayuntamiento prevé la apertura de una nueva sede, en este caso en la zona de Bailén-Miraflores.

No hay datos sobre el número de alumnos que son expulsados de los institutos malagueños, porque la Consejería de Educación no los facilita. Tampoco presta atención específica a estos estudiantes, algo que criticó el concejal. El Ayuntamiento, a través de sus servicios sociales, asume así una responsabilidad por cuanto estos mejores no pueden estar en la calle.

Entre los datos más destacados que arrojan las estadísticas de este último curso indicar, por ejemplo, que el 76% son chicos y el 23 por ciento chicas, pero con un importante crecimiento de ellas respecto al año pasado, de un 22 por ciento. Las edades más frecuentes son entre 13 y 15 años, y corresponden a primer curso de la ESO, aunque la edad indica que en muchos casos se trata de alumnos repetidores.

El consumo de alcohol o drogas entre los estudiantes que resultan expulsados no es significativamente diferente al del resto de compañeros. Pero en este estudio se ha preguntado por otro tipo de consumos, y el resultado no deja de ser curioso: el 34 por ciento de los expulsados habían consumido las denominadas 'bebidas energéticas' antes de llegar a clase. En otro 20 por ciento de los casos reconocían el consumo diario de las llamadas 'cachimbas'.

En este último curso han aumentado las agresiones a miembros de la comunidad educativa, en un 17 por ciento. Este mal comportamiento lleva aparejada la expulsión del centro educativo, entre 3 y 29 días. La media es de 14 días, y el programa atiende a los estudiantes con más de 5 días de expulsión, que es el tiempo mínimo necesario para desarrollar el programa de intervención socioeducativa.

En este panorama tan negativo hay no obstante algunos puntos para el optimismo. Por ejemplo, en el 70 por ciento de los casos los menores reconocen que tienen un problema de actitud, y el 92 por ciento, que tienen que cambiar su comportamiento. El trabajo de los psicólogos y educadores del proyecto PAMEX ha supuesto que el 67 por ciento de los menores no hayan tenido más partes por mal comportamiento en el instituto, y el 35 por ciento no han vuelto a ser expulsados.

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