El palacete de la marcha en el Centro de Málaga

La discoteca abrió sus puertas el 2 de diciembre de 1993./Francis Silva
La discoteca abrió sus puertas el 2 de diciembre de 1993. / Francis Silva

La discoteca Liceo, que transformó el mundo de la noche en la ciudad, celebra su 25 aniversario

Juan Soto
JUAN SOTOMálaga

Un jugador de baloncesto y un modelo compran un palacete abandonado y montan una discoteca. Aunque se parezca al inicio de una historia fantástica, sus protagonistas tienen nombre propio, son malagueños y hace 25 años fueron capaces de transformar el mundo de la noche en Málaga con la apertura de Liceo, una sala de fiestas que este domingo cumple un cuarto de siglo.

Sus propietarios, Pedro Marín y Coco San Emeterio, dos jóvenes con ideas alocadas, decidieron invertir todo lo que tenían «y lo que no teníamos» en hacer realidad un sueño. Y nunca mejor utilizada esa palabra porque el edificio del que se enamoraron en la calle Beatas estaba casi en ruinas tras llevar más de 30 años cerrado a cal y canto. «Nos llamaban locos, nadie confiaba en nosotros, ¡sólo teníamos 27 años!», recuerdan. Hoy, a pesar de los años, sigue siendo lugar de encuentro de varias generaciones de malagueños y visita obligatoria para actores, directores o deportistas de toda índole.

El Centro Lúdico Cultural Liceo, como se llamaba el día de su estreno, abrió sus puertas el 2 de diciembre de 1993 en una zona del Centro que por aquella época se encontraba bastante degradada y llena de gente de malvivir. «El Centro sí tenía mucho ambiente, pero todo terminaba en la plaza Mitjana», recuerda Pedro. Y por eso los primeros en felicitarlos fueron los propios vecinos. «Por aquí no se podía pasar porque era un foco de venta de drogas».

Pedro Marín y Javier 'Coco' San Emeterio se instalaron en un edificio que había sido sede de la Diputación Provincial durante 40 años

Recuerdan que al principio les llamaban locos porque la calle Beatas estaba degradada

Aunque de mundos que nada tenían que ver con el empresarial ni el de la noche, estos jóvenes decidieron emprender dicha aventura al comprobar su poder de convocatoria. Antes de instalarse en su propio local, Pedro y Coco eran contratados por los dueños de otras discotecas para llenarlas. Primero en PH, en Puerto de la Torre, y luego en la mítica Yo, en Rincón de la Victoria. «Nos dimos cuenta de que los que llenábamos los eventos éramos nosotros, por lo que decidimos hacerlo en nuestro propio negocio», resume brevemente Pedro.

Locales en el Centro

Y ahí que se lanzaron a buscar locales en el Centro. Inicialmente se decantaron por lo que hoy es Amargo, en los bajos del palacete, pero al mirar hacia arriba se les iluminó la mente al imaginarse en el interior del antiguo palacio de la familia Rengeles Briales, edificio que fue durante más de 40 años sede de la Diputación Provincial de Málaga. «Estaba abandonado y suponía un coste enorme rehabilitarlo, pero no nos lo pensamos y nos lanzamos», resumen.

En un primer momento pensaron en mezclar la parte cultural con la de ocio, y por eso eligieron la fórmula de centro lúdico cultural, pero pronto la tuvieron que descartar porque les costaba dinero. Era antes del boom de los museos y los conciertos y apenas unos pocos malagueños y visitantes acudían al edificio por este reclamo. En la actualidad, Liceo es la discoteca más antigua de Málaga, está especializada en la organización de eventos y desde hace ocho años es el lugar elegido por el Festival de Cine de Málaga para realizar sus fiestas privadas.

Aspecto de una de las salas del Liceo.
Aspecto de una de las salas del Liceo. / Francis Silva

Sus paredes han vivido historias de todo tipo. En sus más de 500 metros cuadrados divididos en dos plantas y cinco salas se han fraguado negocios, forjado matrimonios y celebrado fiestas de todo tipo. Pero también se han realizado rodajes de cine, infinidad de fiestas «de personas que no se pueden decir» y hasta el grupo musical Chemical Brothers grabó en su interior 'Galvanize', videoclip que en el año 2006 obtuvo el Premio Grammy a la mejor grabación dance.

Sus propietarios también reseñan la celebración de numerosas fiestas privadas de equipos de fútbol y baloncesto que han viajado a Málaga para jugar algún encuentro. Sin querer dar muchos detalles –se dice el pecado, pero no el pecador–, recuerdan que en el interior de la discoteca hay varias salas privadas y que por ello muchos jugadores aprovechaban para hacerse una escapada. «Algún que otro jugador ha estado aquí hasta pocas horas antes de jugar un partido», deja caer Coco.

Y ahora, tras 25 años de historia y de alianza en común, El Liceo mira al futuro con la vista puesta ya en los 50 a pesar de la fuerte competencia que hay actualmente en el Centro. Y todo con la única idea de seguir apagando las luces muchas noches más, como esa primera que aún rememoran como si fuera ayer. De momento ya lo han logrado durante un cuarto de siglo.

Pedro Marín y Coco San Emeterio, los dos socios.
Pedro Marín y Coco San Emeterio, los dos socios. / J. S. T.

 

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