«Las mujeres no podemos cerrarnos las puertas; si tienes un sueño, hay que luchar por alcanzarlo»

Dolores Fernández, en su laboratorio de la Facultad de Ciencias. :: félix palacios/
Dolores Fernández, en su laboratorio de la Facultad de Ciencias. :: félix palacios

Premio Meridiana por su labor como investigadora, los siete años fuera de España no le han impedido formar una familia y regresa cargada de proyectos para mejorar la agriculturaDolores Fernández OrtuñoInvestigadora Ramón y Cajal en la Universidad de Málaga

FRANCISCO GUTIÉRREZ MÁLAGA.

Sus abuelos, incluso sus padres en algún momento, se dedicaron a la agricultura en la fértil vega de su Nerja natal. De ahí quizás le venga a Dolores Fernández Ortuño su amor por la agricultura y su interés en investigar para proponer soluciones reales a sus problemas. Tras estudiar Biología en la UMA no dudó en hacer las maletas para irse a Reino Unido, primero, y a Estados Unidos, después. Siete años trabajando fuera de España le permitieron acumular experiencias y currículum suficiente para hacerse con un prestigioso y muy competitivo contrato Ramón y Cajal, con el que regresó a España, con dos niños y una gran experiencia que ahora pone a disposición de la Universidad de Málaga, donde sigue trabajando para mejorar la resistencia a enfermedades de cultivos como la fresa, el melón, sandía o calabacín.

-Enhorabuena por este premio Meridiana, que creo no es el primero que recibe como investigadora...

-No ha sido el primero, pero me ha hecho mucha ilusión, porque viene de la Junta de Andalucía y del Instituto Andaluz de la Mujer. Para mí es un orgullo representar a las mujeres andaluzas que nos dedicamos a la investigación y este reconocimiento supone ya alcanzar una meta.

SUS FRASES«No me siento diferente por ser la única mujer en un equipo con mayoría de hombres» «El deseo de crear una familia frena la carrera investigadora de muchas mujeres» «No entiendo la mala imagen de los fungicidas; no hay otra manera de controlar las plagas» «La investigación no entiende de género. Hay mentes brillantes, seas hombre o mujer»

-En la universidad son más las chicas que los chicos, ellas también tienen mejores notas y hay más tesis de mujeres que de hombres, ¿qué sucede para que luego no se dé el salto a la investigación?

-Como dice, somos muchas las mujeres que empezamos con la tesis doctoral. Pero a la hora de irte al extranjero, y durante varios años, se echan para atrás. El tema de la familia pesa mucho.

-En su caso, cómo se ha organizado, porque las estancias en el extranjero no le han impedido formar su familia...

-Cuesta, y he llorado mucho... Mi primer hijo lo tuve en Reino Unido, durante mi primera estancia en el extranjero. Cuando se te ponen malos y no tienes un familiar cercano, es muy duro. Gracias a mi marido, que me ha acompañado desde el primer momento. Pero lo pasas mal, en mi caso además somos una familia muy apegada...Mire, mi padre que no estaba nada familiarizado con la tecnología, se compró un ordenador para poder hablar por Skype...

-Estos premios distinguen a personas o colectivos que destacan en la defensa de la igualdad entre hombres y mujeres. Desde su ámbito, la investigación, ¿cómo se puede contribuir a esta igualdad?

-Creo que no cerrándonos las puertas a nosotras mismas. Todo es compatible, investigar, formar una familia... Si tienes un sueño hay que luchar por alcanzarlo. Por esto animaría a todas las chicas que están haciendo sus tesis doctorales a que no abandonen, se puede seguir adelante, con gente que te quiere y no dejará de animarte.

-¿Qué hace falta en su opinión para que las mujeres den ese salto?

-Hace falta valentía. La carrera universitaria exige varios años de estancia en el extranjero. Antes, con dos años era suficiente. Pero ahora no, hacen falta muchos más, son contratos muy competitivos y tu currículum se valora con publicaciones en revistas de impacto.

-En su caso, casi siete años fuera...

-Sí, estuve dos años en Rothamsted Research (Harpenden, Reino Unido). Tuve la mala suerte de que esta primera estancia no fue tan productiva como pensaba. Pero en vez de hacer la maleta y volverme a España, me fui a Estados Unidos, con un niño pequeño y mi marido, con un contrato de dos años a la Universidad de Clemson (Carolina del Sur); después conseguí un contrato Marie Curie y finalmente un contrato del programa ComFuturo, que dejé cuando conseguí este contacto Ramón y Cajal.

-Este contrato Ramón y Cajal le ha permitido regresar a España y también le da una estabilidad laboral...

-El Ramón y Cajal es el contrato de mayor prestigio que hay para un investigador español con una carrera más o menos consolidada, que ha tenido estancias postdoctorales en el extranjero -que en mi caso han sido cerca de siete años-, muchas publicaciones en revistas de impacto, presentaciones a congresos y divulgación científica. Tienes cinco años de contrato -este es mi segundo- y la universidad se compromete a estabilizarte tras ese periodo. Esto es un respiro muy grande.

-La investigación, ¿entiende de género?

-Creo que no, hombres y mujeres investigan de igual manera. En Estados Unidos el investigador principal era un hombre. Y aquí somos seis investigadores principales en el grupo, y yo soy la única mujer, y no me siento diferente por estar rodeada de hombres ni me tratan de manera distinta, soy una más del equipo.

-La presencia de mujeres en los equipos, ¿aporta una mirada femenina a la investigación?

-Pienso que hay mentes brillantes siendo hombre o mujer, cada uno puede aportar, no somos más especiales uno que otro, todo depende de la persona y el que es brillante lo será sea hombre o mujer.

-¿Qué aporta la monitorización de la resistencia a fungicidas?

-Nunca antes se había dado una respuesta tan clara y directa a las necesidades del agricultor. La podredumbre gris es una de las enfermedades más importantes en la fresa. La monitorización nos permite un seguimiento del cultivo. Los fungicidas son imprescindibles para combatir este hongo, pero si se usan mal pueden dar lugar a que el hongo se haga resistente. Podemos dar respuesta directa y aconsejar al agricultor para el mejor uso de los tratamientos.

-Usted ha trabajado durante años con los agricultores de EE UU, y ahora con los españoles, ¿hay diferencias de mentalidad entre unos y otros, han colaborado con la misma intensidad en sus investigaciones?

-Sí, en este sentido hay un cambio muy grande. En Estados Unidos ofrecíamos nuestros servicios y nos llegaban muestras de todos los estados, algunos a miles de kilómetros. Aquí nos ha costado más llegar al agricultor.

-Sin embargo, la agricultura actual no se entendería sin el uso de plaguicidas o fungicidas....

-No hay posibilidad de un control integrado de las enfermedades en fresas o en cucurbitáceas (calabacín, pepino, melón o sandía) sin fungicidas. Para determinadas enfermedades, nos guste o no, no hay más remedio que utilizar productos químicos.

-Pero reconocerá que tienen muy mala fama...

-No entiendo esa mala imagen. La agricultura actual los necesita, no hay otra manera de controlar las plagas. Es como el uso de los antibióticos, ¿alguien podría criticar el uso de los antibióticos, que tantos millones de vidas han salvado? Lo que hay que hacer es usarlos bien, respetando sus plazos de seguridad y en las dosis adecuadas.

-¿Qué es lo que le gustaría aportar a la ciencia con sus investigaciones?

-Lo que me hace feliz es el estudio de la resistencia a fungicidas y lo que intentamos es realizar una investigación muy aplicada, que podamos contribuir a proponer al agricultor soluciones reales a sus problemas, para un uso sostenido y responsable de los fungicidas.