LA MEDIDA DE DIOS

JOSÉ M. FERNÁNDEZ CAMINO, OCD

El Evangelio de este domingo no es extraño a la realidad que vivimos. En nuestra sociedad vemos claramente lo mismo que Jesús denuncia en la primera parte del evangelio. Encontramos una lucha por ocupar los primeros puestos, por la ostentación, por el aparentar, por buscar el reconocimiento de la sociedad.

Frente a todo esto, Jesús nos propone como modelo a una viuda pobre. Esta tiene de especial el que representa todos los valores que Jesús ha destacado en su predicación del Reino de Dios.

El primero de esos valores es la confianza en Dios. Al echar, en el cepillo del Templo, todo lo que tenía, ha puesto su vida en manos de Dios. Esta debería ser la característica de la vida del creyente. Vivir un abandono continuo y cotidiano. El segundo es la generosidad. Esta mujer no se guarda nada para sí, sino que lo da todo. Los ricos y cuantos están apegados a las cosas de este mundo, en cambio, dan lo que les sobra, lo que no necesitan. El creyente no puede únicamente dar lo que le sobra, sino que debe darse siempre con generosidad a la obra de la extensión del Reino de Dios. Esto fue lo que hizo el mismo Jesús, se dio totalmente, hasta darse del todo.

Lo maravilloso es que lo poco que dio la viuda pobre se convirtió en una enorme cantidad a los ojos de Dios, mientras que lo mucho que dieron los ricos se convirtió en nada. Y es que la medida de Dios es distinta de la nuestra. Los caminos de Dios no son nuestros caminos, ni sus planes los nuestros. Lo que se da con generosidad es más valioso que lo que se da tacañamente.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos