Media docena de agentes intentaron inmovilizar al joven fallecido en la Feria de Málaga

Entorno donde ocurrieron los hechos. /SUR
Entorno donde ocurrieron los hechos. / SUR

La víctima convulsionaba y se golpeaba la cabeza contra un alcorque y contar el suelo. Se investiga una posible reacción adversa a las drogas

JUAN CANO y ALVARO FRÍASMálaga

Ni media docena de agentes de la UIP (antiguos antidisturbios) ni del GOA (sus homólogos en la Policía Local) podían contenerlo ante el estado de excitación que mostraba. Un joven de 26 años, natural de Ginebra (Suiza) y residente en la localidad alicantina de Santa Pola, falleció ayer en el Real de la Feria de Málaga tras autolesionarse golpeándose contra un alcorque, un árbol y el suelo. La investigación policial y judicial apunta a una reacción adversa al consumo de sustancias estupefacientes, extremo que tendrá que ser confirmado tras los análisis complementarios a la autopsia, realizada ayer en el Instituto de Medicina Legal (IML) de Málaga.

La secuencia de los hechos arranca a las cinco de la madrugada entre las calles Bulería y Peñista Rafael Fuentes, dentro del recinto ferial. Unos viandantes alertaron a una patrulla de la Policía Local de que había una persona tumbada en el suelo que estaba convulsionando y parecía estar sufriendo un ataque. Los agentes se desplazaron inmediatamente al lugar y, al llegar, encontraron al hombre muy alterado, rodando por el suelo y golpeándose la cara contra un alcorque.

El suceso recordó a los agentes a la muerte de un hombre en 2014 que había tomado droga caníbal

Los dos policías se bajaron del coche y trataron de acercarse a él para auxiliarlo. Sin embargo, el joven estaba completamente «fuera de sí, con los ojos en blanco y sudando sin parar», relatan fuentes cercanas al caso. Uno de los agentes lo sujetó por las piernas y el otro trató de hacerlo por los brazos aprovechando los postes de una papelera que había en el lugar. Pero el estado de agitación del chico iba a más y, con él, su fuerza física. Al ver que no podían controlarlo, los funcionarios empezaron a pedir ayuda a gritos, ya que no podían hacerlo a través de la radio porque, si lo soltaban, el joven seguiría autolesionándose. De hecho, tuvieron que solicitar a los viandantes que se acercaran a uno de los puestos de seguridad de la feria para reclamar más patrullas.

En cuestión de segundos, se sumaron a la intervención efectivos de la Unidad de Intervención Policial (UIP) y del GOA. Entre todos –al menos seis o siete agentes, que acabaron completamente exhaustos– trataron de inmovilizar al joven y moverlo un par de metros hacia una zona más ventilada y despejada de mobiliario para impedir que continuara autolesionándose. Decidieron colocarlo boca arriba, pero eso le permitió reiniciar con más fuerza los movimientos de brazos y piernas.

Dado que entre todos los policías no conseguían controlarlo, al final optaron por colocarle unos grilletes en las muñecas y bridas de plástico en los tobillos para que no siguiera golpeándose. Ni siquiera así lo lograron. A partir de ese momento, sus movimientos eran espasmódicos, pero con la misma violencia.

Poco después, llegó al lugar una ambulancia de traslado. Tras realizarle una primera asistencia, los técnicos solicitaron inmediatamente la presencia de una uvi móvil. Mientras esta llegaba, los sanitarios proporcionaron a los agentes unas sábanas para que se las colocaran al joven debajo de la cabeza, de manera que no se lastimara al golpearse contra el suelo.

Una vez llegó la uvi móvil, la doctora le administró medicación vía nasal y pidió a los policías que siguieran sujetándolo hasta que le hiciera efecto. Cuando el joven dejó de ejercer fuerza, le quitaron los grilletes y las bridas y lo subieron a la ambulancia para llevarlo al hospital de campaña instalado en el real. Allí, minutos después, se confirmó su fallecimiento.

Según fuentes cercanas a la investigación, la principal hipótesis con la que se trabaja es que el joven sufrió una reacción adversa a las drogas, que en el argot médico se conoce como 'delirium agitado'. Por el momento, se desconoce qué sustancias pudo ingerir, dado que se está pendiente de las analíticas y las muestras tomadas en la autopsia. No obstante, el estado de agitación del chico recordó a los agentes al de un hombre finlandés que murió en 2014 en un hotel de Málaga. En su habitación se hallaron 450 gramos de una sustancia de color blanco. La policía creyó que era cocaína, pero se trataba de pirovalerona, más conocida como droga canibal por sus devastadores efectos.

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