Málaga vive el invierno más seco de la historia

Bañistas en la playa de La Malagueta a principios de marzo, que ha tenido temperaturas primaverales./Ñito Salas
Bañistas en la playa de La Malagueta a principios de marzo, que ha tenido temperaturas primaverales. / Ñito Salas

Aemet recoge en la capital sólo 11 litros por metro cuadrado en los tres meses que son tradicionalmente lluviosos, el volumen más bajo desde 1942

IGNACIO LILLO y AGUSTÍN PELÁEZMálaga

Con demasiada frecuencia en los últimos años, Málaga bate algún récord relacionado con el tiempo, bien sea por exceso o por defecto, y este año no iba a ser menos. El invierno 2018-2019 ya está en el libro de efemérides, y pasará a la historia por ser el más seco desde que la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) tiene registros oficiales en el Aeropuerto (1942).

Los informes climatológicos de diciembre, enero y febrero (este servicio no tiene en cuenta los primeros días de marzo, en los que tampoco llovió apenas) reflejan que la anomalía negativa de precipitación en la estación que terminó el 20 de marzo ha sido la mayor en 77 años. En este periodo se han recogido sólo 11,4 litros por metro cuadrado, lo que ha desbancado al que mantenía esta triste marca desde hacía más de dos décadas, concretamente en el periodo 1994-95 (con 17,8 l/m2).

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El predominio incuestionable del anticiclón de las Azores no ha permitido que las nubes se acerquen a estas latitudes. Sin embargo, esta situación no es peor, a efectos de consumo, porque llega después de un otoño extremadamente húmedo, que provocó cuantiosas inundaciones en la provincia. En octubre pasado se recogieron 162 litros por metro cuadrado en el aeródromo (que es el pluviómetro oficial de la provincia), aunque llegaron casi a 400 l/m2 en Alpandeire y Ardales. En noviembre fueron 76,8. Desde entonces no ha caído prácticamente nada.

La pregunta es obligada: ¿Se debe esto al cambio climático? Los expertos se decantan más bien por un ejemplo del típico clima mediterráneo, aunque probablemente amplificado por otras circunstancias, que no están suficientemente estudiadas. José María Sánchez-Laulhé, director del Centro Meteorológico de Málaga, recuerda que esta región está marcada por veranos secos y calurosos e inviernos suaves y con precipitaciones, donde diciembre y noviembre son tradicionalmente los meses con más lluvias. «En el Mediterráneo hay periodos de sequía estructurales desde siempre, y por eso los romanos construían infraestructuras hídricas, como los acueductos. Años de mucha lluvia se suceden con periodos largos de carencia». Ahora mismo no hay datos para decir que esos trances de sequía sean más extensos que antes, aunque reconoce que algunas estaciones del sur peninsular ya muestran una tendencia descendente. «Es lo que los modelos auguran para finales de este siglo, pero no hay certeza de que ya esté ocurriendo en el Mediterráneo; no hay evidencias de cambio climático en cuanto a precipitación, pero sí en cuanto a las temperaturas, que son más altas». En cambio, se ha podido constatar ya la tendencia a los fenómenos extremos y cada vez más durareros y violentos.

Los más secos

-218
litros por metro cuadrado con respecto a la media histórica (228,9) en 2018-2019
-211
litros por metro cuadrado por debajo de lo normal en el invierno de 1994-1995
-202
litros por metro cuadrado fue la anomalía de lluvias en 1960-1961; muy cerca de los -201 l/m2 del periodo 2011-2012

José Luis Escudero, experto en la meteorología de la provincia y autor del blog Tormentas y Rayos (en SUR.es) coincide en que ahora hay «mucho boom» con el cambio climático, «pero no todo se debe a eso». «Tenemos un clima mediterráneo con inviernos que unas veces son secos, otras fríos y otras húmedos», dice, aunque admite que no hay un año en el que no haya caído casi nada en los tres meses seguidos. Tras las fuertes lluvias de octubre y noviembre, el anticiclón se ha quedado posicionado en las Azores y no se ha movido, algo que también es típico de la península. Al respecto, apunta que este ha sido uno de los inviernos más cálidos de la historia en el norte del país, donde se han batido una decena de récords de máximas absolutas.

Clima africano

Enrique Salvo, botánico y profesor de la UMA, advierte sobre varias circunstancias que se están produciendo, como el hecho de que haya noches tropicales en pleno invierno en Málaga. La evapotranspiración de las plantas y del suelo es muy alta por las temperaturas, y ello se une a la sequía. Entre las consecuencias, señala a las floraciones extemporáneas de las plantas, y recuerda que en la cuenca del río Guadalmedina los almendros florecen el 1 de enero. «En las tres últimas décadas de seguimiento de datos de la FAO (organización de la ONU para la alimentación), vemos en Málaga inviernos cada vez más cortos, fríos y lluviosos, y primaveras más largas, secas y cálidas».

Pero lo peor es que los estudios han constatado ya la existencia de cuatro frentes de penetración del inframediterráneo –el piso bioclimático típico de Argelia y Túnez– en la provincia: Maro-Cerrogordo, Málaga capital, Calaburras y Marbella-Ojén. Esto quiere decir que se producen circunstancias bioclimáticas similares a las de esas zonas del norte de África, que son las que tienen las temperaturas más altas del planeta (han llegado a 56 grados) y que son muy negativas para el desarrollo humano, por la fatiga del organismo y las enfermedades asociadas. De ahí que, según este experto, la máxima calidad de confort ambiental se esté desplazando a la segunda y tercera línea de playa, a municipios como Benahavís, Ojén, Istán, Mijas y los de los valles del Guadalhorce y del Genal.

La agricultura, en riesgo

Dice el refranero: Otoño lluvioso, año copioso. Sin embargo, no siempre es así. Las lluvias de octubre sirvieron para recargar los embalses de la provincia, aunque también produjeron cuantiosos daños en algunos municipios. El sistema del Guadalhorce vio incrementar sus reservas ostensiblemente –ahora almacena 325 hectómetros cúbicos, 120 más que hace un año– pero la realidad es que los agricultores han tenido que solicitar este invierno dos riegos a la Junta: uno en enero y otro en marzo, que todavía se mantiene. La falta de agua ha colocado en serias dificultades a los agricultores, tanto que llegaron a plantearse no realizar las plantaciones de huerta de verano (tomate, pepino, calabacín, berenjena, etc). Finalmente, la descarga desde los embalses ha permitido que se lleven a cabo.

La falta de precipitaciones está afectando al campo malagueño, sobre todo, a los cultivos en curso, como es el caso de los cereales de invierno. «Marzo es un mes crítico para su desarrollo una vez pasado el invierno. El cereal se sube, esté en el estado que esté y en la actualidad se encuentra sin apenas ahijado, lo que significa que saldrá sólo una o dos espigas por grano, con la consiguiente pérdida de producción», señalan desde Asaja Málaga. Los cultivos de cereales de otoño-invierno en la provincia, esto es, trigo, cebada, centeno, avena y triticale (híbrido que procede del cruce entre trigo y centeno), se concentran sobre todo en la comarca de Antequera. Según Asaja, las parcelas de riego ya están consumiendo agua, con el consiguiente incremento de gasto para una cosecha de un producto que vale poco. Igual está ocurriendo con ciertas hortícolas como la cebolla, la patata y el ajo, principalmente.

Para Antonio Rodríguez, secretario provincial de COAG, la sequía preocupa también por los cultivos leñosos de secano, que se encuentran en floración y necesitan el agua para que el fruto se forme. Es el caso del almendro, que empieza en esta época el crecimiento del fruto y de las hojas. «Es muy beneficioso que llueva con moderación hasta el verano», explica el gerente de Almendrera del Sur, Juan Carlos Gallego. «Los leñosos tienen que recurrir al agua embalsada en una época en que aún no les corresponde, hay que agradecer la sensibilidad de la administración con el riego excepcional en el sistema del Guadalhorce», añaden desde Asaja. El viñedo es otro cultivo que no deja de mirar al cielo, ya que la primavera es clave para el desarrollo de la planta.

Otra de las grandes perjudicadas está siendo la ganadería extensiva, ya que el pasto que brotó con las lluvias de otoño prácticamente se ha secado y el ganado se encuentra sin alimento natural. «Hasta ahora hemos salido adelante con lo poco que hemos rebuscado en los campos, pero si sigue sin llover habrá que incrementar el gasto en piensos para alimentar al ganado y eso significará un aumento de costes considerable, y también es previsible que el precio de los cereales para los animales se incremente», añade el secretario de COAG.

No en vano, esta circunstancia ya se está dejando notar en las cuentas de la Autoridad Portuaria de Málaga, donde el movimiento de pienso y forrajes se ha triplicado entre diciembre y enero frente al mismo periodo del año anterior, al pasar de 11.591 toneladas a 46.709, según los datos aportados por esta institución.

Falta de infraestructuras

En este punto, se vuelve a evidenciar la falta de infraestructuras hídricas en la provincia. Los embalses están a un buen nivel de llenado tras el episodio de otoño, al 77,5% y 478 hectómetros cúbicos, según los datos disponibles en la red Hidrosur de la Junta. Pero están perdiendo reservas (de dos a tres Hm3 menos a la semana) en una época en la que paradójicamente tendrían que estar casi cerrados y ahorrando para el largo verano.

En la Axarquía, el sector tropical ha salvado el invierno gracias a que no ha habido restricciones en el uso de las reservas de La Viñuela, que se encuentra al 45,67% de su capacidad (75,56 Hm3). No obstante, la dotación hídrica fue rebajada a 4.000 metros cúbicos por hectárea al inicio del año hidrológico, la más baja que han tenido hasta ahora estos cultivos. Es de prever que con el aumento de las temperaturas esta primavera se necesiten más riegos, y el gran problema lo tendrán las explotaciones situadas por encima de la cota 140.

«Vemos la necesidad de acumular recursos para usarlos en momentos como este, no para sacar una cosecha a golpe de riego, pero sí para suplir las necesidades en momentos críticos como los que nos encontramos. Esto es lo que llamamos planificación hidrológica», dicen desde Asaja. Y es que el sector tropical lleva años reclamando que se ejecuten las obras incluidas en los planes hidrológicos, para conectar la cuencas y trasvasar aguas excedentarias de la zona occidental a la oriental. Así podrían ser almacenadas en La Viñuela, el embalse de mayor capacidad de la provincia.