Larita, récord de encerronas en La Malagueta

Matías Lara 'Larita' en una foto de estudio. /SUR
Matías Lara 'Larita' en una foto de estudio. / SUR

El diestro malagueño protagonizó tres tardes como único espada en el coso de la capital. Con dos están Joselito El Gallo, Miguel Márquez, Utrerita, Ricardo Ortiz y Fortes

Antonio M. Romero
ANTONIO M. ROMERO

Desde su inauguración el 11 de junio de 1876, en la plaza de La Malagueta se han celebrado un total de 29 encerronas protagonizadas por distintos diestros. El récord lo ostenta un torero de la tierra, Matías Lara 'Larita', que actuó hasta en tres ocasiones como único espada en el coso del Paseo de Reding. Con dos encerronas están matadores como Joselito El Gallo, Miguel Márquez, Utrerita, Ricardo Ortiz y Fortes, según los datos recabados de distintas fuentes documentales.

La primera encerrona se celebró el 17 de junio de 1884 con Rafael Molina 'Lagartijo' ante toros de Murube. Según se recoge en la crónica conservada en el Archivo Díaz de Escovar: «El sexto lo mató el sobresaliente Torerito (Bejarano) y como resumen decirle que los toros fueron buenos, sobresaliendo el 3º y el 5º. Los picadores trabajando, los muchachos muy aceptables sobresaliendo J. Molina y Torerito. Lagartijo como nunca y notable en su 4º toro. La presidencia, buena, el sol, vacío, la sombra llena y 13 caballos muertos».

Como novillero, Matías Lara 'Larita' se encerró por primera vez con seis reses en La Malagueta la tarde del 9 de agosto de 1914. Los novillos llevaron el hierro de Anastasio Martín y el malagueño le cortó un total de seis orejas, fue sacado por la puerta grande y llevado a hombros hasta su domicilio, entre el delirio de sus partidarios.

El crítico taurino Don José calificó en las páginas de 'El Popular' la actuación de Larita como de éxito «completo, redondo y sin trampa». «No era preciso a Matías una tarde como la de ayer, pues su ruidosos y constantes triunfos en esta y cuantas plazas pisa no le ponían en el trance de buscar nueva ocasión para el lucimiento de sus cualidades de lidiador envidiables y envidiadas. Pero Larita, como todo hombre de gran corazón, es generoso, y esa generosidad le ha llevado a regalar a sus paisanos 'una tarde de toros' más 'suya' que las otras; y tan inolvidable para él, como para los que tuvieron la fortuna de ir a recoger el regalo, tomando el billetito en la taquilla», relató.

Según su crónica, el malagueño estuvo superior con el capote, destacó en las banderillas, con la muleta realizó «seis faenas valientes, serenas, de torero hecho, reposado, imperturbable ante los pitones de las reses, despreciador de la vida, y alegre y adornado como pocos» y con el estoque demostró «que sabe matar toros y es capaz de acabar con todo el ganado que se produzca y reproduzca por este mundo».

Respecto al ganado, las crónicas recogen que fue terciado, un poco desigual, manejable y «con algunos lunares» de mansedumbre. Tomaron veintidós varas, provocaron cuatro caídas de los picadores y mataron cinco caballos.

Tras aquella tarde triunfal, no tardó mucho tiempo Larita en volver a pisar La Malagueta como único espada. Apenas catorce meses después y ya como matador de toros, el malagueño hizo el paseíllo en solitario la tarde del 31 de octubre de 1915. Las reses fueron de José Bueno (antes Trespalacios) y el malagueño cortó cinco orejas en otros tantos toros que estoqueó -el último lo mató Carnicerito de Málaga, que actuó de sobresaliente- y en el tercero de ellos, con el apéndice en la mano, dio la vuelta al ruedo en hombros de varios de sus partidarios, según relatan las crónicas.

El primero de la tarde, en cuya faena de muleta destacaron «un pase de pecho y uno redondo que remata arrodillándose» según la crónica de Don José en 'El Popular', le propinó una voltereta cuando estaba amorcillado en tablas; en el segundo estuvo aseado; «valiente y temerario» fue el trasteo al tercero, donde volvió a ser volteado; en el cuarto, donde se lanzó un espontáneo que fue detenido por la autoridad y trasladado a la Aduana, Larita volvió a destacar por su valentía; en el quinto «avió» rápido ante un toro incierto. El sexto lo despachó sin suerte con la muleta ni con la espada Carnicerito de Málaga. Al término de la corrida, Larita emprendió viaje a Lima para hacer la temporada americana.

La tercera y última encerrona de Matías Lara 'Larita' tuvo lugar el 19 de mayo de 1929, cuatro años antes de retirarse definitivamente de los ruedos. Los toros de aquella tarde llevaron el hierro de la prestigiosa ganadería portuguesa de Palha y actuó como sobresaliente el novillero madrileño Cecilio Barral, que fue herido leve mientras lidiaba al último del festejo.

Fue un festejo con una entrada floja de público en la que el malagueño cortó tres orejas y un rabo. En su primero, al que recibió con unos lances «ayunos de arte» y banderilleó con solvencia, según la crónica de Don Pepito en 'La Unión de Málaga', le realizó una faena breve en la que destacaron «solo tres pases por alto muy valientes y entra a matar con su reconocido estoicismo». En su segundo, brindado al gobernador civil Cano Ortega, saludó una ovación en la que no estuvo acertado con los aceros. El tercero lo brindó Larita al público con estas palabras, según la prensa de la época: «Brindo por todos los cojos y todos los 'escobillaos'. En medio de la mayor hilaridad, Larita se dirige al bicho y lo pasa con muchas arrobas de agallas. En cuanto ve la ocasión favorable, entra a matar desde muy cerca, sin aliviarse, a pesar de que el cornúpeto lusitano es de cuidado. Deja media defectuosa pero, atropellado por la res, ésta lo tira y lo pisotea. Se incorpora con la mayor naturalidad y vuelve a la carga, pero el animalito se defiende como si hubiera recibido un curso de la suerte de matar, cabecea y no dejar pasar la espada. Larita acude a todos los recursos para clavarla sin obtener resultado. Después intenta varias veces el descabello hasta conseguirlo».

En el cuarto, que recibió cuatro puyazos, el malagueño volvió a brindar desde el centro del ruedo y dijo: «Dos mil duros pierdo hoy (el festejo lo había organizado él) y es la última vez que toreo en Málaga. Brindo por todos los que están dentro de la plaza, por su familia y por los que están fuera...». A este oponente, tras una faena breve, le cortó los máximos trofeos. En el quinto, muy aplomado, no pudo lucirse. El sexto lo estoqueó Cecilio Barral que sufrió una cogida de la que fue atendido en la enfermería de «una herida contusa en las regiones labial y nasal, con pérdida de tres incisivos superiores, de pronóstico leve». Tras el festejo, Larita y Barral fueron sacados a hombros por sus partidarios.

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