'Growshops', esa «desconocida» tienda del vecindario

El 'growshop' SinSemilla Street está ubicado en la calle Carretería. /S.Z
El 'growshop' SinSemilla Street está ubicado en la calle Carretería. / S.Z

Después de que las primeras llegaran a la ciudad hace unas dos décadas, ya son más de diez los establecimientos abiertos

SERGIO ZABALAMálaga

Un 'growshop' al lado de una frutería o de una ferretería, en una esquina de cualquiera de nuestros barrios. Con sus carteles y escaparate como cualquier otra tienda. Sin embargo, no todos los vecinos están familiarizados con ellas. Posiblemente no han entrado nunca. Pero se trata de un negocio cuya existencia ya está normalizada, y su ubicación, más que visible. La prueba es que no son suficientes los dedos de las dos manos para contabilizar cuántos 'growshops' operan en Málaga.

Su traducción literal al castellano no es otra que «tienda de cultivo», lógico significado si tenemos en cuenta la razón de ser de este negocio. Vender semillas de marihuana y muchos otros productos relacionados. «Es una tienda especializada, pero no deja de ser un establecimiento que recopila diversos productos para un perfil de un cliente en particular. Es decir, aúna lo que puede adquirirse en una tienda de jardinería, en otra de iluminación o en otra de parafernalia del fumador». Es la opinión de Antonio Parra, copropietario de SinSemilla Street, «el primer 'growshop' de Málaga»

La legislación española muestra algunos vacíos en lo que al consumo y plantación de marihuana se refiere. Según la Ley de Seguridad Ciudadana de 2015, fumar en la calle está prohibido se permite el cultivo para el autoconsumo, siempre que no sea visible al público y pueda demostrarse tal fin.

Precisamente en esa línea se mueven los 'growshops'. Aparte de utensilios de iluminación, vaporizadores, abonos, parafernalia del fumador, etc., estos establecimientos tienen en las semillas su producto estrella. «Es un producto legal que se vende como artículo de coleccionista. Quien hace la ley, hace la trampa, luego cada uno sabrá lo que hace con las semillas», cuenta Antonio. En términos similares se expresa Alejandro Molina, quien regenta El Perro Verde: «El fin es siempre coleccionista y no agrícola, se pueden coleccionar como el que lo hace con sellos o mecheros, pero bajo la responsabilidad del comprador»«Cualquiera puede adquirir un detector de radares en una tienda, pero que no te lo pille la Guardia Civil, claro. Esto es lo mismo», zanja Alejandro.

Un sector en auge con una clientela definida

en 2006, había solo dos 'growshops' Esto ha crecido de una manera abrumadora: webs, tiendas, clubes de fumadores, etc.», destaca el dueño de El Perro Verde.

Alejandro es el dueño de El Perro Verde, situado en el distrito de Carretera de Cádiz.
Alejandro es el dueño de El Perro Verde, situado en el distrito de Carretera de Cádiz. / SZ

Una de las tiendas a las que Alejandro hace referencia es SinSemilla Street. «Mi socio y yo nos aventuramos en este negocio hace casi veinte años, en 1999», rememora Antonio. «No queríamos fomentar el mercado negro, y eso se logra autoabasteciéndote. Llevo 19 años sin comprar marihuana, fumo de lo que cultivo en casa de forma biológica. Exactamente igual que el que tiene un huerto y no necesita ir al mercado», explica Antonio.

Opina que ese es el motivo principal de la existencia de estos establecimientos, un hecho que evidencia el tipo de clientes que acuden a ellos. No son —o no suelen ser— jóvenes, perfil que, quizá, es el primero en el que se podría pensar. «Por norma general, el cliente suele ser de mediana edad, harto de comprar en la calle y que ha visto que con una pequeña inversión y un pequeño cultivo le es más que suficiente para autoabastecerse», aclara Antonio; muy de la mano de Alejandro, quien destaca que «los jóvenes vienen y compran un librillo de papel o artículos de parafernalia de fumador, no por nada, sino porque no tienen capacidad económica para adquirir el material necesario para el cultivo».

Ante el recelo de la sociedad, información

Desde El Perro Verde, Alejandro manifiesta que «jamás he tenido ningún problema por regentar este tipo de negocio», añadiendo que ha recibido la visita de las autoridades «una o dos veces», pidiendo el permiso de apertura, las hojas de reclamaciones... «Cuestiones rutinarias como las de una droguería o una cafetería».

A pesar de ello, denuncia la existencia de numerosos «listillos» en este tipo de negocio, quienes, señala, «venden directamente la flor, la marihuana» «Me encantaría poder vender marihuana legal, que es una libre de THC, apenas un 0,2%, y de alto contenido en CBD —sustancia de la marihuana catalogada como no psicotrópica—, pero la ley no contempla esa venta a día de hoy; por eso me dedico a vender abonos, semillas, etc.».

SinSemilla Street abrió sus puertas en 1999. / SZ

«No tengo nada que esconder porque creo firmemente en lo que hago», asegura Antonio. No teme a los prejuicios, a las habladurías o a las opiniones y concepciones de cada cual, y eso es algo que ha ido puliendo a lo largo de estos casi veinte años. «Al principio, mi socio y yo nos planteábamos si estábamos haciendo lo correcto o no, es decir, si con esta idea estaríamos fomentando el consumo de algo malo para la sociedad», reconoce el dueño de SinSemilla Street, quien añade que «ese pensamiento ha ido cambiando a lo largo de todo este tiempo, y ahora gran labor social aquí». Reducir riesgos es otra de las máximas de los 'growshops', y es que este empresario señala que «si tú cultivas, sabes lo que estás consumiendo y conoces el proceso; pero si lo compras en la calle, nunca estarás seguro de lo que estás fumando».

Son opiniones que justifica mediante el ejemplo de un anciano que, enfermo de alzhéimer, era incapaz de reconocerse frente a un espejo y que comenzó a cambiar esa situación «desde que empezó a consumir CBD». No es ajeno a la realidad, ya que «la marihuana no cura ninguna enfermedad», pero sí tiene claro que «te hace vivir mejor», matiza.