Emasa propone convertir el canal del Guadalhorce en un río para acabar con el fuerte hedor

El hedor procedente de las aguas estancadas en el canal de pluviales se extiende por toda la zona. /F. J.
El hedor procedente de las aguas estancadas en el canal de pluviales se extiende por toda la zona. / F. J.

El Ayuntamiento necesita la autorización de la Junta para realizar aportes continuos de agua de la desaladora de El Atabal que regeneren el cauce y eviten los malos olores

Francisco Jiménez
FRANCISCO JIMÉNEZMálaga

Convertir el canal de pluviales que discurre en paralelo a la desembocadura del Guadalhorce en una especie de río con agua salobre procedente de la desaladora de El Atabal. Ésta es la solución en la que el Ayuntamiento de Málaga está trabajando para poner fin al fuerte hedor que continuamente emana de este cauce creado para evacuar el caudal procedente de distintos puntos de la ciudad en caso de lluvias intensas, pero que acaba mezclándose con aguas residuales debido a que en la mitad del alcantarillado de Málaga la red de pluviales comparte tuberías con la de fecales, por lo que en picos de precipitaciones no dan abasto y el agua sale por distintos aliviaderos, como los que acaban en este canal sin que pasen siquiera por la depuradora. De momento, en Emasa no consiguen dar con el origen de estos malos olores procedentes de este lodazal de aguas estancadas situado junto al brazo más oriental del río y que se extiende por todo el paraje natural y por zonas residenciales de Sacaba, Parque Litoral y Guadalmar. Lo único que aseguran con rotundidad es que los lodos negros no provienen de la depuradora.

Una posibilidad que se ha puesto sobre la mesa es que sean algas y plantas en avanzado estado de descomposición como ocurre en algunos tramos del Guadalmedina, pero al combinarse con agua de lluvia además de con el caudal depurado cuando el emisario que las vierte mar adentro no es suficiente resulta complicado determinar su origen. Lo que sí que parecen tener claro es la solución más idónea, que pasaría por inyectarle al canal un aporte continuo de agua proveniente de la desaladora.

Evidente, no supone desperdiciar agua que se pueda destinar al abastecimiento, sino que se trataría del sobrante del proceso de desalación, es decir, del agua en la que queda la mayor concentración de sales y sodio procedentes de los embalses del Guadalhorce una vez filtrada la que se considera potable. Actualmente, este volumen sobrante (tiene demasiada sal para ser apta para el consumo, pero en una proporción muy inferior a la del mar) va a la tubería de la depuradora del Guadalhorce y sale junto al agua regenerada en la planta de tratamiento por el emisario situado a un kilómetro y medio de la costa.

Dudas sobre las playas

Con esta fórmula, no sólo se conseguiría liberar esa canalización, sino que permitiría renovar el caudal de forma periódica con este agua salobre que desembocaría en el mar. La cuestión es que para ello se necesita el visto bueno de la Junta de Andalucía. El Ayuntamiento ha iniciado conversaciones con la Delegación de Medio Ambiente, donde a falta de un estudio más pormenorizado no ocultan sus dudas ya que el canal seguiría trasladando aguas pluviales y una mínima parte de residuales sin tratar que acabaría directamente en la playa. Ahora, en cambio, se quedan estancadas porque la salida al mar está tamponada por arena.

«Estamos estudiando la forma de inyectarle agua de forma continua al canal. Estamos en contacto con la Junta para ver si es viable esta solución y si hay que adoptar alguna otra medida, pero lo que está claro es que hay que actuar ya», asegura el concejal de Sostenibilidad Medioambiental, José del Río, quien confía en que antes del verano pueda estar resuelto el problema de los olores.

Mientras tanto, en Emasa confían en que la situación se pueda ver aliviada en los próximos meses, cuando entre en marcha la estación de tratamiento de aguas de tormenta que se está construyendo en la entrada de la planta depuradora para retirar una mayor cantidad de sólidos, especialmente de las toallitas muchos malagueños siguen tirando por el váter pese a que no son desechables y acaban generando una maraña que atasca las canalizaciones y los filtros de tratamiento. De forma paralela a esta obra contratada por 985.000 euros, Emasa también tiene en licitación por otros 450.000 euros actuaciones en distintos aliviaderos y estaciones de bombeo para mejorar el desbaste de sólidos en vertidos por lluvias.