«Cuando nos dimos cuenta estábamos con medio cuerpo en el vacío, no lo podíamos soltar»

Los dos agentes de la Policía Nacional que evitaron un suicidio el pasado lunes en el Cerrado de Calderón recuerdan lo sucedido como un servicio lleno de adrenalina

Los agentes Chaves y Moreno, frente al puente del que evitaron que un hombre saltara el pasado lunes. /Salvador Salas
Los agentes Chaves y Moreno, frente al puente del que evitaron que un hombre saltara el pasado lunes. / Salvador Salas
Fernando Torres
FERNANDO TORRESMálaga

Estaba siendo un día especialmente ajetreado. Las llamadas de la central no dejaban de llegar al Zeta de Tomás Moreno y Alejandro Chaves. Una de ellas, un aviso de la Guardia Civil de Tráfico en el que se solicitaba apoyo a la Policía Nacional, les llevó al Cerrado de Calderón. «Estábamos en el centro pero tardamos poco en llegar», explican ambos, tan solo 20 horas después de que se produjeran los hechos. El parte hablaba de un hombre asomado al vacío desde la A-7. «Vimos de lejos las luces de una moto de la Benemérita y un coche blanco parado en el arcén y localizamos a la víctima». Tenía los brazos en cruz y se agarraba a la malla metálica que separa la carretera del borde del viaducto del Mayorazgo. «Estaba apoyado en los talones, el bordillo era de unos diez centímetros».

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Mientras evaluaban la posibilidad de llegar hasta él, Moreno siguió su instinto: «¿Tú eres de El Palo, verdad? Yo a ti te conozco, ¿no hemos trabajado alguna vez juntos?», espetó sin pensarlo, probando fortuna. «No le había visto en mi vida, quería sacarle de sus pensamientos». Hubo suerte, el hombre era de y captó su atención. Se había abierto una ventana y había que aprovecharla.

Eran los primeros momentos de una intervención conjunta que tuvo lugar el pasado lunes en torno a las cinco de la tarde. Policía Local, Guardia Civil y efectivos del Real Cuerpo de Bomberos de Málaga trabajaron juntos –y se jugaron el tipo– para que el varón no se precipitase al vacío, que en ese punto kilométrico supera los treinta metros de altura. «Mientras Moreno hablaba con él yo intentaba ver si había alguna forma de salir al exterior de la malla, pero era inviable». No tienen claro cómo llegó la víctima a ese punto tan avanzado del viaducto, aunque todo apunta a que fue desplazándose centímetro a centímetro.

Sin parar de hablar, cada uno de ellos se puso a un lado del hombre. En un momento de la conversación les dijo: «Esto se va a acabar ya». Sin dejar tiempo para segundos pensamientos, los dos decidieron agarrarle a través de la malla, de las muñecas. Ambos tuvieron que ser atendidos posteriormente por efectivos sanitarios, ya que en el forcejeo se hicieron cortes en los dedos y se lesionaron varios músculos y articulaciones. «Empezamos a agarrarle pero era difícil, no nos entraban las manos y se nos escapaba, cuando nos dimos cuenta estábamos con medio cuerpo en el vacío, no lo podíamos soltar, fue instintivo», recuerdan.

En la parte superior estaba Moreno, y un poco más abajo Chaves, los dos encaramados a la verja, agarrando cualquier parte del cuerpo de la víctima que se les ponía por delante; uno le cogía de la solapa del chaleco mientras que el otro metía los brazos por dentro. Los compañeros de la Guardia Civil y de la Policía Local agarraban «con todas sus fuerzas» a los dos agentes para evitar que se cayesen.

Los bomberos se encargaron de asegurar a la víctima con una cuerda de escalada mientras que uno de ellos se puso junto a él, al otro lado de la verja. «Primero pensamos que podíamos elevarlo por encima de la malla, pero no nos queríamos arriesgar a que se nos escurriese», relatan. Los bomberos hicieron una incisión hasta la altura de la cintura de la víctima y finalmente tanto los integrantes del operativo como el hombre pisaron el firme asfalto.

Adrenalina

«En ese momento la adrenalina la teníamos por la nubes», recuerda Chaves. A escasos metros de la zona había varios familiares de la víctima, que habían salido en su búsqueda y encontraron su coche estacionado en el arcén de la autovía. «En su momento no habíamos reparado en ellos, cuando llegamos íbamos derechos a evitar que saltara». Ya con la tranquilidad de que el hombre estaba a salvo, hablaron con sus allegados, que estaban «de los nervios». «La felicidad vino en dos partes, primero cuando pusimos a la víctima a salvo, y segundo cuando los familiares nos dieron un abrazo, vimos que habíamos hecho algo importante», comenta Moreno. Chaves lo ve claro: «El cielo no estaba ese día para ese hombre, ni más ni menos».

Los dos agentes llevan asignados como pareja «menos de un año», pero ya son conocidos en la Comisaría Central como 'los hermanitos' (por su leve parecido físico y la buena sintonía con la que trabajan). De este caso, además de la sensación del deber cumplido, se llevan un refuerzo en la construcción del «binomio», que es como se refieren los agentes al vínculo que se genera entre los compañeros de unidad. «Es la mejor manera de conocer a tu compañero», coinciden.