81 días tras la pista del presunto asesino de Joshua

Momento de la detención del sospechoso / SUR

Así consiguió arrestar la Policía Nacional al sospechoso

ALVARO FRÍAS y JUAN CANOMálaga

Sabían que tarde o temprano iba a caer. El crimen de Joshua, el joven apuñalado hasta la muerte y arrojado desde un coche el pasado 30 de diciembre en el paseo marítimo Pablo Ruiz Picasso de la capital malagueña, no iba a quedar cerrado en una carpeta como un caso sin resolver. Por ello, pese al paso de los días, cada jornada suponía un nuevo desafío para localizar a los sospechosos de este asesinato. El último en ser atrapado, Andrés Ismael, consiguió huir durante 81 días, pero finalmente ha sido detenido.

Aquella madrugada, como en tantas otras ocasiones, el sonido del teléfono interrumpió el descanso de los policías del Grupo de Homicidios de la Comisaría Provincial de Málaga. A las seis de la madrugada, unas personas que circulaban por el paseo marítimo habían encontrado un cadáver. Presentaba 19 puñaladas, 13 de ellas por la espalda.

Los agentes no tardaron en acudir al lugar del suceso. Comenzaba una investigación que se antojaría larga, pero en la que ellos nunca pusieron en duda que el objetivo se cumpliría: detener a los sospechosos.

No tardaron en identificarlos. Eran Andrés Ismael y su pareja. Un amigo y su novia, con los que Joshua había pasado, sin saberlo, sus últimas horas de vida. Tocaba entonces localizarlos y arrestarlos.

Para ello, según explica la responsable del Grupo de Homicidios, trabajaron desde un primer momento en equipo con sus compañeros de la Policía Científica. Éstos les arrojaron luz sobre cómo se había cometido el crimen, una tarea en la que los agentes se concentraban para saber cuanto antes cómo había tenido lugar el suceso.

La hermana de Joshua

Por otro lado, buscaban ya a los sospechosos. «En pocas horas ya sabíamos quiénes eran, con nombres y apellidos, por lo que avisamos a todas las unidades con su descripción y datos», apunta la investigadora.

Los policías nacionales acudieron a la vivienda de la mujer y a la que Andrés Ismael tenía okupada. Encontraron ropa con sangre, el vehículo en el que habría sido trasladado el cadáver, el arma de la supuesta agresión y numerosas pruebas, pero no a los sospechosos.

Notaban que éstos se les escurrían de las manos justo cuando estaban a punto de atraparles. Andrés Ismael y su novia iban un pequeño paso por delante de los policías nacionales en su huida.

Pese a seguirles de cerca, de repente, los sospechosos desaparecieron. Desde un primer momento, explica la investigadora, se han hecho todas las gestiones posibles, desde batidas por las zonas en las se sospechaba que se encontraban, hasta encuentros con amigos y familiares.

La búsqueda se extendía por todas las zonas por las que se movían los sospechosos, no solo en Málaga, sino en la provincia. Pero se habían esfumado: «Están acostumbrados a moverse en el ámbito de la delincuencia y a ocultarse».

Pese a ello, el trabajo de los agentes no cesaba. Se arrojó algo de luz sobre el caso cuando se entregó la pareja de Andrés Ismael el pasado 24 de enero, aunque no dio ninguna pista sobre su paradero.

Continuaba la investigación y las gestiones para localizarle. De hecho, al levantarse el secreto de sumario, la Policía Nacional emitió un comunicado solicitando la colaboración de los ciudadanos para conseguir detener al sospechoso.

Las gestiones dieron sus frutos. Se comprobaron muchas llamadas, pero una puso sobre la pista a los agentes. Tuvieron que trasladarse hasta Sevilla, donde el sospechoso acabó siendo localizado y detenido en un piso situado en la barriada de las 3.000 Viviendas.

«De allí no salía», concreta la inspectora, que ahora sí cierra la carpeta de este caso, que, a falta de unos flecos, dan por resuelto. Por su parte, el sospechoso, detenido este pasado jueves, ya se encuentra en prisión por orden judicial. Una cosa sí queda por conocer: el porqué del brutal crimen de Joshua.