Diario de un viaje único: del Materno a Santiago (II)

Sigue la expedición de pequeños peregrinos que han pasado por la planta de oncología infantil del Materno, organizada por AVOI

ÁNGEL IDÍGORAS

Etapa II Sarria-Porto Marín

La expedición de pequeños pacientes se echa andar. El camino tiene tantas subidas y bajadas que parece una montaña rusa, pero es un monte de Lugo.

Toca caminar 22 kilómetros por los bosques gallegos, tan frondosos que en cualquier momento puede aparecer por aquí Johnny Weismuller en una liana. «Ya podría el apóstol haber sido enterrado en La Mancha, tan llanita», piensa alguno, aquí Rocinante habría hecho huelga a la tercera cuesta. Por si fuera poco, anoche un anciano de Sarria nos anunció lluvia y acertó, así que los caminantes van llegando agotados. Mientras escribo, Jeets, del que hablaré otro día, sigue recogiendo rezagados con su furgoneta escoba.

Juan, el presi de AVOI, me cuenta con emoción los esfuerzos de algunos peques y me enseña en un vídeo cómo Yerai, que tiene problemas de movilidad, rehusa cualquier ayuda para hacerle la caminata más llevadera. Como él hay otros, que ganan grandes batallas a la enfermedad con sus dos bastones de peregrino. Portomarín es ahora un pueblo alto. Antes,no, antes se encontraba unas cuestas más abajo. No es que, como aquí todo parece encantado, el pueblo decidiera por su cuenta subir a la montaña. Es que lo inundaron con una presa y subieron hasta aquí cuantas cosas románicas pudieron. Una leyenda cuenta que el alma en pena de algún despistado que no salió a tiempo, se deja ver a veces, pero aquí sólo vemos almas en alegría.

Esta tarde recibiremos dos visitas: la del chef Sergio Garrido, que va a elaborarnos unas pociones mágicas exquisitas y la de una tropa de ilusionistas dispuestos a llenar de risas y asombros las tardes de la expedición. Al frente de todos, el mejor, Kayto, otro del que tengo que hablar.

Etapa I Llegada a Sarria

Estamos en Sarria, provincia de Lugo. Muy cerca de aquí vivió Maricastaña, en tiempos de ella misma. Muchos cuentos empiezan nombrándola para situar la historia años atrás, sin embargo, los cuentos que vamos a vivir, recorriendo los últimos 110 kilómetros del Camino de Santiago, lo que comparten con ella es el espacio. Los protagonistas, 85 peques valientes que han superado o están superando una enfermedad y que han conocido AVOI –Asociación de Voluntarios de Oncología Infantil– en la planta cuarta del Materno. Personajes de este viaje serán también los 80 familiares, 12 doctores y personal de enfermería, guías, cocineros, una tropa de ilusionistas, cinco voluntarios de La Caixa y los veintitantos voluntarios de AVOI que han inventado esta aventura.

A lo largo de estos días irán apareciendo por estas páginas.

Ya estamos alojados en los albergues, mires donde mires, ves un albergue. Todo el pueblo es de piedra, los muros, los suelos, las iglesias... Hasta un señor parecía hecho de piedra. Le pregunté la hora y resultó ser una estatua.

Conocí AVOI hace quince años, tras la llamada de Carlos, un antiguo amigo de la EGB. Me pedía ayuda para la asociación, su economía ascendía a un par de euros. Entonces supe que se trata de un caso único, es la asociación de voluntarios hospitalarios más numerosa de España. Unas 170 personas visitan todos los días del año, por la mañana y por la tarde, a los pequeños pacientes del Materno, juegan con ellos, ayudan a las familias, les escuchan y les organizan aventuras como esta.