Devotos frente a la lluvia

Fieles siguen el acto de beatización desde fuera de la basílica equipados para la lluvia. /Jon Sedano
Fieles siguen el acto de beatización desde fuera de la basílica equipados para la lluvia. / Jon Sedano

Cientos de fieles se concentran en los alrededores de la Catedral para seguir el acto de beatificación del padre Arnaiz pese al aviso rojo de este sábado. Muchos de ellos explican a SUR los motivos de su devoción

VICTORA BUSTAMANTEMálaga

Desde que muriera el padre Triburcio Arnáiz en 1926 existía en Málaga el deseo de beatificarlo para así agradecer todo lo que hizo por la ciudad y los distintos pueblos por los que pasó. Por eso han sido muchos los fieles que esperaban hoy con ansia este feliz momento. Cientos de devotos que han desafiado a la lluvia y al aviso rojo activado por Meteorología para la jornada de este sábado. Aunque muchas de las sillas dispuestas en los alrededores de la catedral de Málaga se quedaban vacías, otras tantas eran ocupadas por devotos bien equipados con paraguas y chubasqueros. (Lee aquí la crónica de la jornada)

Las calles de alrededor de la catedral quedaban preparadas desde anoche para acoger a los devotos que han sido hoy testigos de la beatificación del padre Arnaiz. Sillas, altavoces y grandes televisores llenaban las calles a la espera del aforo de 9.000 personas. Pero, aunque el tiempo ha dado un respiro con algún que otro chaparrón, la asistencia ha sido mucho menor de lo esperado y en algunos sectores apenas llegaban a llenarse las primeras filas.

A las nueve de la mañana llegaban los primeros devotos ansiosos de disfrutar del solemne acto, una de ellas era Ángeles Casa, del Perchel, donde está su tumba. «Llevo muchos años siguiéndolo, a mí me hizo un milagro muy grande, me iban a quitar mi casa en 24 horas. Estuve un rato llorando y rezándole y vinieron a quitarme el embargo», cuenta entre lágrimas de emoción.

Media hora más tarde empiezaban a caer los primeros chubascos a la vez que empezaban a llegar autobuses de una multitud de pueblos como de Monda, de donde venía Marta Pérez. Su devoción viene desde la infancia: «las monjas nos han inculcado la devoción al padre Arnaiz, vengo a las misas del 18 de julio, me mandan sus estampas y yo las reparto», cuenta orgullosa. «Le tengo mucha fe siempre que vengo a Málaga lo visito con 34 años me quedé viuda con cuatro hijos y me ha sacado de muchos apuros», concluye.

Avanzaba la mañana y la lluvia se volvía más intensa. Muchos feligreses se refugian de ella en bares o edificios. Otros aguantan bajo la lluvia, como es el caso de Paquita Muñoz, de 75 años, que conocía de la devoción por el ya beato desde siempre: «hace dos años mi hija tuvo cáncer de mama y yo estaba muy preocupada; una amiga me dio una estampita suya, fui todos los 18 a escuchar su misa y le hago las novenas y ahora mi hija está perfectamente. Por eso vengo llueva lo que llueva», insiste.

Lo mismo opina Gracia María Aguilera que viene desde Villanueva del trabuco. «Si me tengo que mojar, me mojo. He estado enferma de cáncer y siempre he estado con él, hasta tengo una foto suya debajo del colchón».

Después del gran chaparrón la lluvia da un respiro y los creyentes de Arnaiz siguen llegando. Son muchos los que confiesan una gran devoción, le rezan a diario, asisten a sus misas y admiten que les ha ayudado mucho en su vida mientras se les ilumina la cara hablando de él.

Pilar Leiva de 84 años, cuenta, entusiasmada, otra anécdota: «A mi marido una noche le dio un dolor grandísimo, llamé a urgencias y no venían y él no hacía más que chillar, hasta los vecinos lo escucharon», comenta. «Estaba desesperada, le puse su estampita encima de la espalda y se quedó dormido tranquilo», relata.

Todos los allí presentes guardan silencio tras las primeras campanadas que indicaban el comienzo de la misa a las 11, el tiempo parece mejorar e incluso se asoman unos ratos de sol que continuarían hasta el final de la ceremonia cuando ya apenas caían unas pocas gotas.

Durante la ceremonia se descubre el retrato del beato y el público se levanta y aplaude mientras suenan los acordes de 'Aleluya'. Siguen atentos el acto a través de las pantallas tapadas por plásticos. Apenas media hora después de la beatificación comienza de nuevo la lluvia.