Dani Pérez aplaude la inversión en el muro del Cementerio Inglés que pidió en el pleno

Pérez y Doña, en el cementerio /P.R.Q.
Pérez y Doña, en el cementerio / P.R.Q.

El portavoz socialista, que dice ser un enamorado del camposanto británico, le demanda ahora al Ayuntamiento que le ceda un pequeño pasillo

Pilar R. Quirós
PILAR R. QUIRÓSMálaga

El día es espectacular. Cuando uno sube y mira al sur ya entiende por qué muchos de los enterrados en este sublime espacio quería yacer con la proa puesta al mar. En el camino, los jóvenes de segundo de Bachillerato del instituto del instituto Salvador Rueda le preguntan al portavoz socialista, Dani Pérez, y a su acompañante la edil Lorena Doña. «¿Dónde está la tumba de Gerald Brenan?» Al fondo, sube por allí y a la derecha. «Hombre, Dani, no se lo digas, que hacen una yimkana». El portavoz socialista se ríe. Hoy les ha servido de comodín. Inevitable pasar por la tumba de Robert Boyd, el británico que murió ajusticiado por las tropas del rey absolutista Fernando VII cuando desembarcaba en Málaga a las órdenes del general Torrijos, libertador que pretendía hacer un pronunciamiento militar a favor de la Constitución de 1812, ‘La Pepa’. Cubierta por conchas de mar, que para los ingleses podía tener simbolismo de eternidad, al igual que las llevan los peregrinos de vieira al camino de Santiago, se encuentra la tumba de este héroe. Al fondo del bancal, un epitafio para una muchacha, de María Victoria Atencia, ‘te quedaste en capullo sin abrir y ya nunca sabrás del estallido floral de la primavera’. Debajo, los niños del Salvador Rueda descansan tras la prueba. Sentados en unos pequeños muretes charlan como si estuviesen en un parque. Los cementerios ingleses son así. Hay ciudades en los que son punto de reunión de las familias. Mientras unos leen un libro debajo de un árbol, y de un banco que ha podido dedicarle una familia a un ser querido, los niños juegan en espacios generalmente habilitados, pero pasan por las lápidas y las tumbas como si nada. Como si fuesen parte de la vida. De hecho, la muerte lo es. Es el final, pero a ellos parece no chocarles tanto. Idiosincrasias distintas. Aquí, se celebra el día de los difuntos, con flores y misas, y para ellos es Halloween, y se disfrazan. Dos culturas muy diferentes.

¿En qué curso estáis? En segundo de Bachillerato, contestan los jóvenes. ¿Y qué vais a estudiar? Pues un grado superior de Tecnología, contesta uno. Y más allá otro quiere ser ingeniero. «Carreras, casi todos queremos hacer una carrera». Resulta curioso que todavía utilicen este término ‘viejuno’ y que grado no se haya impuesto tras la entrada de plan Bolonia.

La visita a la tumba de Gerald Brenan es obligada. Máxime después de haberle soplado a los niños dónde estaba. Al lado, yace su esposa Gamel Woolsey Brenan. Unidos hasta en la muerte. Y por fin toca ver cómo ha quedado el muro de contención que el grupo socialista reclamó que se rehabilitara en el pleno de la ciudad en noviembre de 2015, una demanda que ha acometido finalmente el equipo de gobierno del PP, gracias a una financiación de 90.000 euros de los 100.000, que costaban las obras. El dinero restante, ha sido la fundación encargada del camposanto la que lo ha sufragado.

Precisamente, en el murete hay un precioso jardín vertical, y tras la vegetación, un columbario. Una brillante idea, que ha llenado de vida este pequeño espacio, cuyas tierras antes estaban habitualmente cayendo sobre las lápidas cada vez que cedía el terreno o había fuertes lluvias.

Aquí, Pérez explica que es el primer camposanto británico de la península, que se realizó en 1831 para dar cabida a los no católicos en plena etapa de expansión industrial en Málaga, adonde llegaban los británicos Huelin, Gross, Loring, Heaton, entre otros. Cuenta la historia, explica el portavoz socialista muy ceremonioso, que antes cada vez que llegaba un barco inglés tenían la obligación de adecentar el cementerio, y así lo hacían. Fue cuando esta costumbre se dejó de hacer cuando cayó este enclave en el olvido y ahora hay que darle un empujón a este Bien de Interés Cultural (BIC), explica Pérez, a lo que Doña añade que es una joya por descubrir por muchos malagueños.

Pérez tiene ahora un siguiente objetivo: que el Ayuntamiento le ceda al cementerio inglés una calle de fondo de saco que queda justo detrás del último bancal norte. «No sirve para nada y acumula basuras, brozas que tenemos que acabar saltando a limpiarlas », explica Guillermo Madueño, que atiende a los visitantes en la entrada.

No tiene uso, y es la única zona en la que desde este paraje se atisba el mar. Un recoleto pasillo en el que situar algunos bancos para dar descanso a las almas vivas que visitan este maravilloso enclave mirando al sur. ‘To my beloved woman’...Esos bancos que los británicos pagan para la comunidad y dedican a sus seres queridos. El paseo termina cuesta abajo. De vuelta a la Casona. Sin esa sensación triste de haber estado en un cementerio.

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