Curas de oro

Cincuenta aniversario de la ordenación de Francisco Ruiz y cuando fue ordenado en 1968. :: sur/
Cincuenta aniversario de la ordenación de Francisco Ruiz y cuando fue ordenado en 1968. :: sur

Once curas, ordenados en el año 1968, celebran este año sus bodas de oro sacerdotales en la Diócesis de Málaga

BEATRIZ LAFUENTE MÁLAGA.

Estos once jóvenes se ordenaron sacerdotes en 1968, el año de la revuelta estudiantil del «mayo francés», la «primavera de Praga», la revolución cultural china, las protestas contra la guerra de Vietnam y la masacre estudiantil en la plaza de Tlatelolco, en México. Fue el año que España ganó el Festival de Eurovisión, gracias a Massiel y su famoso «La, la, la». Y la Iglesia, a nivel mundial, vivía el acontecimiento religioso más importante del siglo XX, el Concilio Vaticano II, que inició Juan XXIII en 1962 y clausuró Pablo VI en 1965. Un concilio que quiso abrir la Iglesia al mundo y que siguieron con especial interés José Luis Linares del Río, Francisco Ruiz Fernández, Sergio Ferrero Varela, Antonio Gil Prieto, Francisco Rubio Sopesén, Juan Ruiz Villanueva, José Sánchez Luque, Andrés González García, Javier Hernández Pastor, Antonio Pitalúa Martín y Amador Casamayor Medina.

Uno de ellos, José Luis Linares, explica que ha «vivido cinco papas y siete obispos. Viví la transición de una Iglesia totalmente tradicional al cambio que supuso el Concilio Vaticano II. Es un recorrido que marca mucho. La búsqueda y la pasión en tiempos del postconcilio, el acercamiento al año 2000 han sido momentos muy importantes en la vida de la Iglesia y yo los he vivido con mucha intensidad». Y recuerda a «San Pablo cuando dice que la vida es una carrera, y en esta carrera cada ministro ha recibido la antorcha en un momento determinado y ha recorrido un tramo de esa historia. Lo importante es que los sacerdotes llevemos con fidelidad esa luz y la entreguemos a otro, sabiendo que la luz no viene de nosotros. Por eso creo que los curas mayores podemos aportar mucho a nuestra Iglesia, como reclama en tantas ocasiones el papa Francisco».

Además, añade que «en estos 50 años he podido vivir con intensidad muchos aspectos de mi vida, que no habría vivido si no hubiera sido sacerdote. Para mí la experiencia ha sido un encuentro con Jesús, que me ha marcado y me sigue marcando muchísimo, una búsqueda apasionada del Reino, una inquietud por saber lo que el Señor me pide en cada momento y circunstancia».

Francisco Ruiz explica que tras hacer la primera comunión sintió que quería ser cura, «han sido 50 años muy intensos en los que he tenido un solo amor, Jesús, lo que pasa es que no hago distinciones entre Jesús y la gente, al hablar con la gente, hablo con Él. Jesús y la gente han sido determinantes en mi vida. Soy un cura profundamente enamorado de la Diócesis, he estado en 13 parroquias. Además, soy un firme defensor del laicado, creo que cada uno tenemos un carisma dentro de la misma Iglesia, pero todos somos pueblo de Dios y debemos ser una Iglesia en misión, en las periferias y con las puertas abiertas».

Otro de los once sacerdotes que se ordenó en el 68 es Sergio Ferrero, que afirma que se hizo sacerdote para ayudar a la gente. «Primero pensé ser médico, después maestro de pueblo y finalmente vi en el sacerdocio una oportunidad de acercarme a la gente con dulzura y salvación. Si volviera a nacer, volvería a ser cura sin pensarlo, soy muy feliz siendo sacerdote. Siempre he querido estar muy cerca de los que sufren y de los marginados, y he tenido la suerte de que el Obispado me ha enviado siempre a las parroquias de las periferias, a los barrios más humildes, así que feliz. También he estado muchos años en el Teléfono de la Esperanza y diez años de consiliario en Cursillos de Cristiandad». Entre los momentos más bonitos de su vida destaca «aquellos en los que he visto a alguien resucitar, personas con depresión, sin querer vivir, y que han descubierto de nuevo la vida y se han aferrado a ella. Es ver la salvación en concreto».

Pepe Carriles

Así es como llaman cariñosamente a José Sánchez Luque, por la cantidad de kilómetros de carriles que hizo en la Axarquía para unir los pequeños pueblos, pedanías y cortijadas. De hecho recuerda que uno de los días más felices de su vida fue cuando constituyeron la Unión de Cooperativas Paseras en Vélez-Málaga, que unió a veinte pueblos para defender a los pequeños productores.

«He sido un privilegiado, porque con mi generación terminó la modernidad y empezó la posmodernidad. Me ordené en el año 68, el año de las revoluciones culturales, una revolución que fracasó pero que lo cambió todo: la religión, la política, la economía, el vestido, la sexualidad.... El Concilio terminó cuando yo terminaba la carrera y supuso una primavera extraordinaria».

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