«Creo en la Iglesia Católica»

Sonia Grymierski se convirtió al judaísmo por amor. /  S. FENOSA
Sonia Grymierski se convirtió al judaísmo por amor. / S. FENOSA

Sonia Grymierski Jiménez hizo su profesión pública de fe en una parroquia malagueña hace pocos días, una fe a la que renunció para poder casarse

BEATRIZ LAFUENTE

«Creo en la Iglesia Católica». Estas fueron las palabras que pronunció Sonia Grymierski Jiménez (Málaga, 1977) al hacer su profesión pública de fe en una parroquia malagueña hace pocos días. Una fe a la que renunció para poder casarse. Y es que, como ella misma explica, «soy católica desde que nací. Estudié en el colegio de las Adoratrices, del que tengo un recuerdo estupendo. Las hermanas eran buenísimas y, recuerdo concretamente a la hermana María Dolores, que fue mi profesora de Religión y la que me preparó para hacer la confirmación. Pero, por amor, decidí convertirme al judaísmo, lo que hoy considero un error, porque puedes cambiar físicamente pero el interior no cambia. Fue una época en la que viví muchos conflictos internos porque para mí la figura de Cristo siempre ha sido muy importante y sentía en todo momento como si hubiera traicionado a un íntimo amigo».

Sonia conocía desde pequeña al que fue su marido, «tras estudiar su religión intensamente durante siete años, nos casamos. Ahora pienso que todo eran señales de que no estaba haciendo algo bien, pero con 20 años no te das cuenta de esas cosas, ni de lo importante que era la fe en mi vida. La religión hebrea es muy bonita y muy familiar, pero no era la mía. Mi madre sufrió mucho, porque ella es católica practicante y creía que me estaba equivocando, pero no sabía qué más hacer para hacerme ver que por amor no se tiene que renunciar a nada y menos a algo tan importante como es la fe. Si regalas lo más íntimo que tienes en tu ser, ese regalo nunca debería ser aceptado, porque lo haces sin ser consciente de lo que regalas. Es lo más importante que tenemos cada uno, a lo que acudimos en los malos momentos. Es como un íntimo amigo que siempre te saca de un apuro. Sentía que estaba traicionando, no solo a madre, sino también a Cristo».

Volver a los orígenes

«La religión hebrea es muy bonita y muy familiar, pero no era la mía» «Ahora tengo la alegría de cuando pierdes algo importante y lo vuelves a recuperar»

Cuando Sonia tomó la decisión de volver al catolicismo, lo primero que hizo fue hablar con el presidente de la comunidad judía para «exponerle mi caso y le dije que quería volver a mis orígenes. Fueron muy cariñosos y me dijeron que no pasaba nada, que siguiera el camino que me pedía el corazón. Pero yo no me quedé tranquila, porque una cosa que me costó tanto ¿cómo podía dejarla así? Sentía que Cristo no se merecía que yo mirara para otro lado como si no hubiera pasado nada. Necesitaba demostrarle a Jesús que yo estaba con Él otra vez. Entonces me crucé con un sacerdote que fue la luz en el camino, que me enseñó que Jesús no necesita ninguna prueba para saber que yo estoy con Él, pero que sería bonito para mí y para mi familia hacer algo especial, como profesar mi fe públicamente. Fue uno de los momentos más emocionantes que he vivido en mi vida. Fue muy bonito, cuando subí al altar y profesé el credo. Fue lo más conmovedor que he leído en mi vida. También confesarme y recibir el cuerpo de Cristo fue muy especial. Gracias a esto puedo mirar la vida de otra manera. Mi madre lo vivió muy emocionada y creo que se lo debía, por todas las veces que me dijo: «no lo hagas», y por todas las lágrimas que derramó. En esta ocasión, eran lágrimas de alegría».

La época más difícil en la vida de Sonia Grymierski dio paso a los días más felices: «Me sentía agarrotada todo el tiempo, como cuando haces algo que no quieres, pero te sientes obligado. Sentía como una traición, y nunca dejé de tener esa pena por dentro. Ahora, en cambio, tengo la alegría de cuando pierdes algo importante y lo vuelves a recuperar. Esa alegría que te da, esa paz, ese regalo tan grande y la buena acogida de la comunidad y del sacerdote que me aportó tanto cuando más lo necesitaba. Fue un regalo de Dios ponerme a esta persona delante. Gracias a esto puedo mirar la vida de otra manera». Y es que, como decía G. K. Chesterton en su ensayo 'Por qué soy católico', «la conversión llama al hombre a estirar su mente igual que quien despierta de un sueño se siente impulsado a estirar los brazos y las piernas».

«Un regreso siempre es importante, -señala- y cuando vuelves, no hace falta decir que vuelves, pero si lo dices es mejor. Por ello, quise hacer pública mi fe en este acto, aunque no era necesario. Puede que haya otras personas que se encuentren en la misma situación que yo. Les diría qué lo importante es acercarte a la Iglesia, que siempre te va a acoger bien y te va a recibir con los brazos abiertos. Tuve la suerte de estar en Tierra Santa, en el Santo Sepulcro, y de ver unidas a las tres religiones. En ese momento, mi corazón tiraba para la mía, aunque ya no lo era. Sentía la llamada del Señor de una manera muy fuerte. Toda esta situación y el dolor que he pasado me ha ayudado a acercarme al dolor de Jesús y sobre todo de la Virgen María. Son situaciones que me han ayudado a sentir muy de cerca el amor de Jesús y preguntarme si, en algún momento, sabemos el dolor que este hombre pasó por nosotros y la bondad que tuvo».