Un conflicto vecinal, origen de la pelea del gimnasio de Pedregalejo

Operativo policial desplegado a raíz del apuñalamiento. / SUR

El primer detenido asestó más de diez puñaladas a un hombre que antes le había golpeado con un casco de motorista

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

Al principio solo quería pedirle perdón. Llevaba toda la mañana en la calle y cuando se cruzó con un conocido con el que tenía varias rencillas vecinales que se habían ido acumulando a lo largo del tiempo, quiso acercarse a él para disculparse. Y lo hizo. Sin embargo, la conversación se acaloró, de las palabras pasaron a las manos y el encuentro acabó con el primero de ellos, ahora detenido, apuñalando al segundo en el interior de un gimnasio de Pedregalejo a la vista de decenas de usuarios y trabajadores entre los que cundió el pánico.

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Es la principal hipótesis en torno al suceso que se produjo el jueves por la mañana y que causó un gran impacto entre los testigos. El herido por arma blanca presenta más de diez heridas inciso contusas, varias de ellas de importante profundidad, aunque según han precisado a SUR fuentes hospitalarias –fue trasladado a un centro sanitario de forma inmediata–, evoluciona favorablemente y en ningún momento se ha temido por su vida.

Se espera que en el momento que reciba el alta se le detenga por un delito de lesiones, ya que antes del apuñalamiento había golpeado al primer detenido en la cabeza con un casco de motorista, ocasionándole una herida abierta en la cabeza que precisó en torno a cinco puntos de sutura. Se desconoce quién de los dos implicados golpeó primero. Algunos testigos aseguran que el uso del casco de motorista fue en defensa propia ante los golpes que estaba recibiendo una vez la conversación llegó a las manos, pero este extremo será determinado por la investigación.

El suceso causó un gran revuelo en establecimiento. Los testigos aseguran que, cuando el agresor recibió el impacto del casco se fue a un bar cercano, cogió un cuchillo de cocina y posteriormente se dirigió al gimnasio donde su interlocutor se refugiaba pidiendo que llamasen a la policía. La escena fue grabada en vídeo por varias personas, y en las imágenes se aprecia al detenido aproximarse al acceso con el arma en la mano, sin camiseta y el cuerpo ensangrentado de la herida en la cabeza. Una vez entró, comenzó una pelea que acabó con los apuñalamientos mientras que los empleados del gimnasio se afanaban en apartar a los usuarios y en proteger los accesos a las zonas más vulnerables, como la piscina. Muchos aseguran que, una vez el herido por arma blanca dejó de oponer resistencia, el hombre empezó a amenazar con el arma a quienes presenciaban atónitos la escena.

Dos agentes de la Policía Nacional vestidos de paisano llegaron a pie desde la Comisaría de El Palo, a escasos metros del centro deportivo, y redujeron al atacante. Para ello, según múltiples testigos, uno de los agentes tuvo que desenfundar el arma reglamentaria para convencer al hombre de que soltara el cuchillo de cocina.

A los pocos minutos comenzaron a llegar más efectivos, también de la Policía Local. Cuando sacaron al agresor del gimnasio para introducirlo en el vehículo policial, se dirigió a los curiosos que contemplaban el desenlace de los hechos:«¡Os quiero a todos, os quiero a todos!».