Círculos de silencio: voz para los que no la tienen

Fotografía de archivo de uno de los Círculos de Silencio que se han celebrado en la plaza de la Constitución./
Fotografía de archivo de uno de los Círculos de Silencio que se han celebrado en la plaza de la Constitución.

Una vez al mes, desde hace tres años, decenas de personas se concentran en la plaza de la Constitución en apoyo a los migrantes

Ana Pérez-Bryan
ANA PÉREZ-BRYAN

A veces no hace falta alzar la voz para que nos escuchen al otro lado. Incluso el silencio se convierte en una herramienta más potente que la de los manifiestos, las pancartas y los altavoces. Silencio para dar la palabra de manera simbólica a los que no la tienen. Esta es la filosofía que desde hace tres años alimenta una iniciativa que ha encontrado el lugar donde crecer desde el corazón mismo de la ciudad, en la plaza de la Constitución: son los Círculos de Silencio, que reúnen cada segundo miércoles de mes a decenas de personas –normalmente acuden a la cita una media de 150– en solidaridad y apoyo con los migrantes y los refugiados.

«Con estas concentraciones queremos tener un gesto, imbuido por el espíritu de la no violencia, que promueva los valores de la igualdad y el respeto hacia quien es diferente; impulsar la cultura del encuentro y la hospitalidad». Así presenta el Círculo de Silencio de Málaga Ramón Muñoz, delegado de Migraciones de la diócesis de Málaga, desde donde se da impulso a esta iniciativa capaz de reunir a ciudadanos «de todas las confesiones e ideologías» bajo la bandera común de la acogida.

A pesar de que en la capital este tipo de encuentros cumplen justo tres años –el aniversario lo celebraron el pasado miércoles– los Círculos de Silencio tienen su origen en Toulouse (Francia) en 2007 y a iniciativa del sacerdote franciscano Alain J. Richard, que quiso protestar de esta manera simbólica contra el encierro de un grupo de inmigrantes sin papeles en el Centro de Retención Administrativa de Cornebarieu.

Movimiento Internacional

Aquel gesto encontró respuesta inmediata no sólo en el país vecino; también en otros muchos que desde entonces se han sumado a esta manera de dar voz a los que no la tienen. En el caso de España, los Círculos de Silencio funcionan en muchas ciudades, y no sólo han encontrado arraigo en la capital: Álora, Alhaurín de la Torre, Arriate o Torre del Mar cuentan con sus propias concentraciones en solidaridad con los migrantes y refugiados.

El carácter «abierto e integrador» de estos círculos lo explica el delegado diocesano de Migraciones en varios detalles: «No hay manifiestos –apenas una pequeña introducción, explica– y la pancarta que nos reúne carece de símbolos o siglas para que el acto sea lo más inclusivo posible, independientemente del credo o la ideología de cada uno». De hecho, Muñoz confirma que desde que el Círculo de Silencio de Málaga comenzó a celebrarse en la plaza de la Constitución se han ido incorporando fieles de diferentes confesiones, «incluso personas que no creen». En este sentido, los promotores de la iniciativa han reforzado el vínculo con miembros de la comunidad musulmana, y en especial con la Iglesia Evangélica de calle Ollerías, «que participa en la organización de los encuentros», celebra el delegado de la Diócesis. Y esa capacidad de 'abrazar' la extiende Muñoz a los propios turistas que pasean por el centro y se acercan a interesarse por el motivo de la convocatoria: «Algunos de ellos dicen que en sus países de origen hay también círculos, sobre todo en el caso de los de Reino Unido».

La iniciativa, impulsada desde la Delegación Diocesana de Migraciones, reúne a ciudadanos de todas las confesiones e ideologías para reclamar hospitalidad y respeto

La dinámica de estas concentraciones es siempre la misma: el segundo miércoles de mes, entre las ocho y las ocho y media de la tarde –salvo en agosto–, hay cita en la céntrica plaza, salvo excepciones en el calendario como la Semana Santa, por la presencia de la tribuna. Es lo que ha ocurrido en esta última ocasión, la del aniversario, que ha tenido como escenario la vecina plaza de La Marina. En esa media hora, se lee una pequeña introducción y se hace referencia a la historia personal de un migrante. Así ponen rostro a los números. «A veces vienen ellos mismos a contar su historia, pero es complicado porque prefieren no señalarse; en esos casos la hacemos por escrito», constata Muñoz, quien sí confirma la presencia habitual de migrantes y refugiados subsaharianos, magrebíes o sirios en Málaga y además explica que la cita de la capital se reproduce «el mismo día y a la misma hora» en ciudades 'hermanas' a ambos lados de la costa como Cádiz, Melilla, Ceuta, Tánger o Tetuán.

Y este trabajo conjunto y en varios frentes para avanzar en el reconocimiento de la dignidad de las personas «independientemente del origen o de la situación legal» encuentra en el silencio su mejor estrategia: «Estar en silencio permite tomar conciencia de lo que está sucediendo, reflexionar sobre las causas y movilizarnos en la búsqueda de soluciones». En el caso de Málaga, Muñoz afronta este aniversario con un sentimiento agridulce: «Por un lado la alegría de ver que este gesto de solidaridad se está consolidando; pero por otro tristeza por el creciente rechazo en Europa hacia los migrantes». E insiste en el mensaje: «No estamos a la altura de la respuesta que necesitan. Hay que dar una atención digna a estas personas». Y también voz. Aunque sea a través del silencio.