Las cámaras de vigilancia del Centro de Málaga ayudan a resolver un centenar de casos al año

Momento en el que un taxi atropella a una peatona. / SUR

Alvaro Frías
ALVARO FRÍAS

En la vorágine de movimiento que se da cada día en el Centro, ellos son capaces de detectar todo aquello que no cuadra. Son los agentes del Grupo de Informática y Telecomunicaciones de la Policía Local de Málaga, quienes gestionan las cámaras de seguridad que el Ayuntamiento tiene instaladas en esta zona de la capital para velar por la seguridad de los malagueños y de los que visitan la ciudad. Son los ojos de sus compañeros. Repartidas estratégicamente a lo largo de 21 puntos del Centro histórico, las cámaras de vigilancia forman parte del moderno sistema de videovigilancia que comenzó a funcionar a mediados del mes de agosto de 2016. Desde entonces, ayuda a resolver un centenar de casos cada año.

Ricardo Fernández forma parte de este grupo, que está compuesto por un oficial, un subinspector y siete policías. Su teléfono no deja de sonar: «Muchas llamadas son de policías nacionales que solicitan nuestra colaboración para esclarecer hechos delictivos».

Esta forma de trabajar es la más usual dentro del grupo del cuerpo de seguridad local. Ricardo indica que los agentes les remiten oficios solicitando algunas grabaciones coincidiendo con horas y lugares en los que se han producido delitos, con el objetivo de arrojar pistas que ayuden al arresto de los sospechosos. Es un trabajo codo con codo que ha permitido resolver numerosos delitos. Uno de los más recientes ha permitido la detención de una banda que había hecho estragos en los últimos meses en el Centro cometiendo robos mediante el método del 'mataleón', consistente en sorprender a la víctima por la espalda, rodearla con el brazo y aprisionarle el cuello hasta dejarla inconsciente, o casi, para despojarla después de todas sus pertenencias.

«Con las horas concretas y los lugares, visionamos horas y horas de imágenes para localizar a los sospechosos», explica Ricardo. Localizaron a unos cuantos, en grabaciones en las que se les aprecia con algunas de las víctimas. Otro de los casos que recuerda este policía local se refiere a una agresión sexual que tuvo lugar en el Paseo del Parque: «Mediante las imágenes localizamos al sospechoso de la violación, que abordó a una chica que acababa de discutir con el novio y se encontraba sola».

En la zona en la que ocurrieron los hechos no hay instalada ninguna de las 21 cámaras de videovigilancia, sin embargo, los policías locales reconstruyeron todos los pasos de la víctima hasta que dieron con el sospechoso. La descripción de la víctima y un tatuaje permitieron reconocerle sin ninguna duda, señala Ricardo.

Los agentes del Grupo de Informática y Telecomunicaciones de la Policía Local de Málaga no se separan de la pantalla. Además de las numerosas peticiones que reciben por parte de la Policía Nacional, también trabajan siguiendo las imágenes en directo.

Esto ocurre, sobre todo, en los grandes eventos. Por ejemplo, durante la Semana Santa los agentes se encontraban atentos permanentemente a las cámaras, para controlar las zonas de aglomeraciones, los canales de evacuación o si se producía un hecho delictivo.

«Era una patrulla a través de las cámaras», indica Ricardo. Esta forma de trabajar les permite alertar a sus compañeros de que se está cometiendo un hecho delictivo, pero también de aspectos como con la situación con la que se van a encontrar al llegar al lugar de los hechos o el aspecto de los sospechosos.

Las imágenes están pinchadas continuamente en una sala en la que se encuentra un policía local, que también realiza otras funciones, como la vigilancia del centro de comunicaciones de la Policía Local o de las alarmas de los edificios municipales.

Pese a que no dejan de cambiar, los agentes son capaces de detectar inmediatamente todo aquello que resulta extraño. Un olfato policial aplicado a la videovigilancia. «Si estoy en la calle igual no lo veo, pero a través de una pantalla seguro que no fallo», bromea el policía local.

Recuerda como presenciaron el atropello de una mujer en una de las calles del Centro. «El taxista alegó que no había tocado a la víctima, aunque en las imágenes se ve perfectamente como la arrolla», apunta.

Otro de los casos que recuerda Ricardo es el asalto a punta de pistola de un local de comida italiana en la céntrica plaza de Uncibay. Los policías locales ayudaron a esclarecer el suceso a sus compañeros del Cuerpo Nacional de Policía, reconstruyendo el itinerario seguido por los sospechosos tras el robo. Así se consiguió recuperar el arma.

Un nuevo proyecto pretende incorporar cámaras que son capaces de detectar sonidos como disparos, gritos o la rotura de cristales y de avisar mediante una alerta a los policías locales. Mientras tanto, las 21 cámaras que ya hay implantadas seguirán siendo los ojos de la policía en el Centro y Ricardo y su equipo seguirán patrullando a través de la pantalla.